Todos los juegos son acciones generadas para “jugar” con unas normas dadas. Los participantes conocen las reglas, y a muy pocos se les ocurre atentar contra ellas. Aplicando estas dos premisas al mundo del arte comprobamos un encaje perfecto: el juego puede servir de alegoría para este mundo de exposiciones, espectadores, y ceremonias. Andrea Canepa (Perú, 1980) se sirve de estos presupuestos para concebir un baile de términos. Buscando el límite de las normas, mostrándolas de forma sincopada, nos susurra las claves para entender esta recreación (que proviene de la idea de “volver a crear” y de la del “recreo”).

Sus últimos trabajos se presentan en las tres plantas de la Galería Rosa Santos: Anschauung consta de una montaña de prismas de colores, tres telas con extrañas simbologías (y más extraños títulos, como “Nunca es literalmente verdad que alguna forma no tiene significado y dice nada. Toda forma en el mundo dice algo. Pero su mensaje a veces falla en alcanzarnos, e incluso cuando lo hace, el entendimiento completo nos es a menudo alejado de nosotros”. Dicha afirmación, cuya autoría es de Kandinsky, nos sirve de llave para interpretar esta muestra) y una proyección de diapositivas de material didáctico dispuestas sin patrón aparente. Las normas de este juego parecen complejas: el espectador, guiado por sus preconcepciones acerca de lo que deben de ser un tablero, unas fichas y una lógica, tarda en entender que está entrando en un metajuego. Una puesta en crisis de los cimientos de los mandamientos que nos dictan cómo encajar forma y color desde el siglo XIX, con base en los lineamientos propuestos por Friedrich Fröbel (quien patentó la idea del jardín de infancia, con vínculos religiosos), Maria Montessori (basándose en el anterior, generó el Método Montessori, centrado en la intuición y la autoeducación) y Zoltán Pál Dienes (matemático creador de los bloques lógicos: el cuadrado, el triángulo y el círculo, de colores primarios). La perversión de las bases de la educación infantil planteada por Canepa no solo genera materiales visuales que compiten con el arte abstracto y la estética del Neoplasticismo o el Constructivismo, sino que atomiza los conceptos sobre los que todos los niños del mundo hemos desarrollado nuestra inteligencia lógico-matemática, viso-espacial, y cinética-corporal.
Si superamos el desafío, subimos a la última planta de la galería para convertirnos en potenciales performers. En Until it lives in the muscle, la artista presenta una videoperformance y los elementos empleados en esta, esparcidos por el suelo y las paredes, invitando al visitante a imitar los movimientos que los danzantes practican en el audiovisual. En este caso el referente “pirateado” –y en esta ocasión en blanco y negro– es Rudolf Laban, maestro de danza que aplicó sus conocimientos en arquitectura para desarrollar un método de precisión de movimientos coreográficos, a medio camino –o a medio paso– entre la geometría, el baile y la matemática. En Until it lives in the muscle se dispone una reescritura de Laban vehiculizada a través de los movimientos que los performers realizan sobre las plataformas diseñadas; una especie de twister versión danza contemporánea, en el que la repetición, la aparente improvisación y la codificación del movimiento componen una simbología desconocida, pero, como todo juego pre-escrito, susceptible de ser aprendida.
Al margen del juego, o el margen del juego, es un jardín infantil en el que cualquiera puede divertirse, pero solo los adultos pueden entender. Una invitación a revisar las raíces sobre las que nos erigimos, y, por extensión, una puerta de entrada del universo “arte contemporáneo” a la que se accede desde una puerta de salida.
JUAN JOSÉ SANTOS
