Exposición Individualmar 2018 - may 2018· Por Viviana Saavedra

Ana Tiscornia

Galería Nora Fisch

Ana Tiscornia se formó en Arquitectura, actividad que ha influenciado fuertemente su lenguaje artístico. Nació en Uruguay en 1951 y desde hace ya varios años reside en la ciudad de Nueva York. Su actividad se extiende a otros ámbitos, ya que también se desempeña como docente y curadora. Su trabajo ha sido exhibido internacionalmente en varias oportunidades. En Buenos Aires, presentó su muestra Colateral o premeditado, en la galería Nora Fisch.

Exposición Individual: Ana Tiscornia — imagen 1
Ana Tiscornia. Colateral, 2017. Collage. Políptico. 168 x 200 cm (66 9⁄64 x 78 47⁄64 pulgadas).

Toda la producción presentada en esta oportunidad parece originarse a partir de un único plano madre, que se deconstruye y redistribuye mediante un proceso que se vale de una manualidad precisa que indaga múltiples variables. Las variaciones parecen responder a una búsqueda permanente de recuperación y reinstalación, un intento de acertar la relación justa entre lo instaurado como norma y la verdadera necesidad.

El plano de la casa de la infancia tal vez sea ese hipotético patrón desde el que se multiplican las líneas, las configuraciones de los espacios habitables, los fragmentos de alfombras y muebles, y también las escaleras, que parecen estar siempre en un estado de infinito desarrollo. Seguramente, el plano que dio origen a ese primer espacio vital ya no existe, solo desde el recuerdo de lo vivido se reconstruyen la disposición y la importancia de cada rincón habitado. La re-creación se formaliza desde lo que ha quedado guardado en la memoria, que configura los vestigios según los mandamientos que dicta el tamiz de las emociones (la memoria es, se sabe, selectiva). Seguramente, en ese proceso de evocación muchos detalles han sido deformados, y otros, directamente olvidados. Sin embargo, recordar de manera precisa no es lo importante. Ese espacio ya no transitado, ya no palpado, ya no respirado, se reconstruye de un modo singular, transformándose en una huella profunda de las experiencias infantiles que determinan en gran parte el desarrollo de la vida futura.

Este proceso individual puede trasladarse a otras situaciones que también involucran, desde lo social, el tema de los espacios habitados. Ana Tiscornia parte de la casa de la infancia, pero, tal como declara, su interés en la memoria “no es por ningún tipo de nostalgia, sino porque creo en la importancia de la historia. Tiendo a pensar que aquellos que quieren borrar la historia buscan un camino libre para repetir algunas partes de la misma, que únicamente pueden ser repetidas si uno se las olvida”1. La artista ha ampliado el foco hacia esos espacios urbanos que se originan en la carencia, sumidos en las consecuencias de un orden social que claramente es injusto. Existen en las grandes ciudades esos espacios que se construyen y sostienen con mínimos recursos, organizados de manera precaria, casi únicamente desde la intuición y, sobre todo, desde la necesidad.

El asa de una taza de té emerge caprichosa desde una pared. Más allá, montones de frágiles escaleras de cartón minuciosamente recortadas se entrelazan. En medio de lo que por momentos resulta ser producto del caos, la destreza del arquitecto se manifiesta, su capacidad de abstraer el espacio y llevarlo a escala transformándolo en símbolos reconocibles sobre un plano. Se adivina el anhelo de planificar espacios habitables adaptados a la necesidad de abrigo y pertenencia. En lo meticulosamente planificado se presienten, sin embargo, los efectos de la precariedad, de la desigualdad social.

Tres obras que presiden la entrada a la muestra parecen conformar una instalación independiente. Dos trabajos se enfrentan como en espejo, amurados a las paredes laterales de la galería. En ambos se repiten idénticos elementos que a primera vista parecían ser muy distintos; cambia solamente el esquema compositivo. En el centro de la sala, una alfombra recortada pierde su función: parece un laberinto por descifrar. Desde el suelo emergen las patas de una silla de reconocido diseño.

Lo colateral no es central, no es el acontecimiento principal; sin embargo, es el efecto que arrastra tras de sí una infinidad de implicaciones, una cadena continua de acontecimientos, desde los más visibles hasta los más sutiles e imperceptibles. Ana Tiscornia parte de la planificación arquitectónica para perderse en esos efectos colaterales, tratando de perseguir el ritmo que los organiza, ingresando en su propia mecánica, que tiende a un desarrollo incierto, inacabado. Desde su vida propia, los sistemas configurados parecen avanzar hacia la verdad de una historia.

NOTA

1. Ana Tiscornia. El estado de las cosas. Ciclo de contemporáneos II. Museo Gurvich. 2013.

VIVIANA SAAVEDRA

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