Exposición Individualdic 2017 - feb 2018· Por Victoria Verlichak

Matilde Marín

Espacio de Arte Fundación OSDE

Matilde Marín (Buenos Aires, 1948) presentó en Espacio de Arte Fundación OSDE su inspiradora antológica Matilde Marín. Arqueóloga de sí misma, curada por Adriana Almada, quien señala que “Una muestra antológica se organiza sobre la invisible malla de la memoria. […] Es la escenificación de un largo viaje: los episodios selectos de una travesía. Es un rodeo exquisito, demorado en estancias y derivas del trayecto. Es el trazado personal de un horizonte: una escritura. […] Matilde Marín vuelve la mirada sobre el camino recorrido: más que un trayecto, es un espacio dilatado que se expande en todos los sentidos”.

Exposición Individual: Matilde Marín — imagen 1
Matilde Marin. El Manto de Prospero, 1996 - 2017. Instalación: papel hecho a mano y pigmentado. 300 x 500 cm (118 7⁄64 x 196 27⁄32 pulgadas).

Los viajes fueron y son centrales en la vida y obra de Matilde Marín. En sus andares, la artista profundizó estudios e investigaciones, estableció perdurables vínculos afectivos, olvidó penas, se maravilló con los paisajes, conoció diversas cosmovisiones, experimentó con los límites de las disciplinas, buscó y halló gran parte de las imágenes de esta exposición. Se descubrió y pensó como artista testigo.

Colorado, hecho con más de 5.000 papeles manufacturados a mano, El manto de Próspero fue la magnífica obra elegida por muchos visitantes como fondo de innumerables selfies. ¿Al distinguir la pieza, la concurrencia se dejó llevar por su potente presencia visual o sabía de la magia del manto y de la sabiduría que era capaz de concitar el portador: Próspero, el destituido y desterrado duque de Milán? El manto mágico de Próspero remite a la tardía obra de teatro La tempestad de William Shakespeare (1564-1616). Algunos críticos han visto un resumen de la visión del autor sobre arte y filosofía, vínculos familiares y su despedida final. Próspero vive junto a su hija Miranda, y algunos de sus libros, acompañado de espíritus en una isla remota. Es ayudado por Ariel (genio del Aire) y por un conjuro para atraer a su exilio a figuras de su pasado (como su hermano), responsables de su penosa situación; al final, perdona.

Esta instalación, El manto…, no solamente fue el gran punto de atracción de la exposición, sino que su desarrollo conceptual también condensó muchas de las preocupaciones y los aspectos de la biografía de la artista. Viajes y destierros, pérdidas y reencuentros, aventuras en más de setenta obras –grabado, libros de artista, foto-performance, instalación, fotografía y video– de diez series de distintas épocas y disciplinas, desde los años 90 hasta la actualidad. Desde un ángulo, y por el diseño de montaje del artista Osías Yanov, El manto… incluso se cruzaba con el video Travesía, que muestra silenciosos ojos que interpelan al observador; son expresiones en blanco y negro de desplazados (niños, adultos) por guerras, hambrunas, desigualdades.

La exposición no está organizada cronológicamente sino, como dice Almada, a través de “un esquema de puntos radiantes”. Aquí están las reconocidas series de la artista que reflejan foto-performances como Juegos de manos (que remeda un antiguo entretenimiento que consiste en manipular hilos que se tocan, se enredan y se alejan) y Bricolage contemporáneo (la recolección). Los movimientos se multiplican, diversifican, atesoran distintos elementos, pero siempre son las mismas manos; son las de la artista que exploran el espacio y se adueñan de hilos y elementos básicos de subsistencia. Abiertas, las manos aparecen pródigas, transmitiendo una franqueza y expresividad que van más allá del juego.

Las fotografías de Proyecto Pharus registran centenarios y potentes faros, impensadas arquitecturas. Amenazadas por la introducción del GPS, las potentes guías, con su haz de luz acentuado por la artista, igualmente persisten en el paisaje, la literatura y el imaginario colectivo. Los videos filmados en el sur, Sur, Atlántico Sur y No demasiado lejos, se vinculan con esas incursiones en bellos escenarios y parajes extremos de todo el mundo.

Las series El viaje imaginario de Kazimir Malevich y Cuando divise el humo azul de Itaca son colecciones de estructuras y detalles arquitectónicos (tomados en distintos países) y humaredas que dan cuenta de conflictos bélicos, incendios incontrolables. El montaje es decisivo en el sensible homenaje al creador del Cuadrado negro (1915), el artista ruso imbuido de preocupaciones filosóficas, espirituales y cósmicas que profundizó el camino a la abstracción. El recorte y montaje son igualmente importantes en las fotos y los videos de humaredas, todas imágenes tomadas de periódicos y noticieros que reflejan calamidades varias.

El observador que se detuvo ante Itinerario seguramente pensó en la fugacidad de la vida, y quizá también se puso a adivinar el lugar de las tomas. Las cuarenta fotos ensambladas –realizadas entre 1993 y 2001– componen una sola obra y son presentadas como un gran muro que refleja la sombra de la artista en distintos puntos del planeta; ganó la Bienal de Cuenca 2002 (Ecuador).

Multipremiada, la obra de la artista integra colecciones privadas y de museos como MALBA-Fundación Costantini de Buenos Aires; Bronx Museum of the Art, Nueva York; Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Es Miembro de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes de Argentina.

VICTORIA VERLICHAK

Matilde Marín, por Victoria Verlichak | artnexus