El contacto con la creación más reciente de la artista brasilera Marcia Xavier, presentada por la Casa Triângulo, abría estratos de lecturas sobre los espacios de la domesticidad y las relaciones entabladas entre la memoria y los afectos.
El título de la muestra, Geología doméstica, se comprendía como invitación a descubrir una estrategia pensada por la creadora para establecer una convivencia reflexiva con una pieza clave en la composición de su maniobra investigativa: el álbum de matrimonio de sus padres.
El circuito de la exposición estaba propuesto entre tres zonas de interacción, constituido en forma integrada por una serie fotográfica de grandes dimensiones, una composición con tres fotogramas expuestos en mesas de luz y una instalación creada con dos retroproyectores.

La serie Geología doméstica, nombre de la muestra, y las siete imágenes en blanco y negro, de gran formato, redimensionaban los ambientes del matrimonio, ahora refotografiados por la artista. Los registros relacionados con las escenas del mencionado álbum de matrimonio recibían así la intervención de la artista con la manipulación de variados tipos de minerales sobre las escenas.
Tales minerales –piedra, mármol, pirita, magnesita, entre otros– perturbaban las escenas introduciendo una complejidad que nunca había sido programada en cada registro original.
Cabe comentar que el protagonismo de las fotografías se veía parcialmente aumentado por la invasión de hongos y manchas causadas en las imágenes por la acción del tiempo, por el paso perturbador de un agente intruso en los registros: la humedad. Con el superponer del elemento nuevo, fuese mineral lapidado o hasta piedra bruta, cada imagen adquiría nuevos contornos.
Las memorias reinventadas por la artista adquirieron otras vidas cuando se refotografiaron desde arriba, en una perspectiva imaginada para crear una especie de fantasmagoría de la boda.
En otras dos zonas de la sala de exposición, los fotogramas y la instalación establecían relaciones con el panorama de la muestra. Aquí estaba el propio cuerpo de la artista, fijado casi en sombras, en toda su planitud, en los fotogramas iluminados y la imagen proyectada de una caverna con superposiciones de manos y traje de santa Inés, fruto de registros captados en el interior de la iglesia de Santa Inés, en Roma: el todo exhalando lo intocable.
Marcia Xavier se ha destacado en la escena contemporánea brasilera con una incesante búsqueda sobre dislocamientos ópticos y fotografías de su autoría en diálogo estético con los registros de escenas ajenas. Es creadora de un conjunto de investigaciones que se destacaron en su participación en la 6ª Bienal de La Habana y en la 3ª Bienal del Mercosur.
La fotografía Mármol (Geología doméstica), de 2017, sobre papel algodón, en escala ampliada, captaba la atención por la acción casual de la mancha que un día inundó la imagen, consumiendo el rostro del padre –en una escena de boda tan frecuente en los registros de matrimonio-, y por la decisión de la artista de reforzar la obstrucción, asentando una piedra de mármol en la faz paterna.
De hecho, la figura de la pareja consumida por la marca del tiempo y por la intervención de la artista dislocaba el eje de atención hacia la mirada de la novia, solitaria, que ahora domina la escena.
De hecho, esa geología o ese origen doméstico-mineral, recreado por la artista para dar sentido a las expectativas de afectos previstos en un álbum de matrimonio, redimensionaba las poses clásicas en el altar, en la entrada a la iglesia o en el momento de la entrega de la hostia a la pareja de novios.
Otro registro de la misma serie fotográfica, Pirita (Geología doméstica), de 2017, abría un tajo en la historia más habitual de los registros fotográficos de un matrimonio. En la escena recreada, la pareja parecía sorprendida por la presencia, entre ellos, de una pirita, mineral conocido como “oro de los tontos” por su apariencia brillante que engaña a los no iniciados en minería.
Se hacía, entonces, más que perceptible el movimiento de Marcia Xavier en su cuidadosa selección mineral para cada intervención, dosificando sus cualidades e investigando cada estatuto.
Evidente que la decisión de trabajo de la artista con el álbum de matrimonio de los padres –en su dimensión de documento, que un día acomodó el acaso de una intromisión desestabilizadora (la humedad destructora de cada escena)– regulaba otra intimidad ahora recuperada para desorientar el registro fotográfico leído como mecanismo de regulación de conducta de los afectos.
Lo doméstico propuesto por el matrimonio –ese contrato entre partes encarnado en el clásico álbum de imágenes del altar, que certifica la formalidad de una convivencia presentada como vía determinada de la ruta establecida para la vida– encontraba en la lectura de la artista un desvío de expectativas donde cada imagen tocada por el hongo establecía otra nueva versión de los hechos.
Siendo así, entre las estrategias creadas por Marcia Xavier para pensar el conjunto de la muestra se encontraba la marca histórica del debate sobre los lugares sociales destinados a las mujeres. El lugar del matrimonio, construido desde el traje de novia, presente en la serie fotográfica, se resolvía por los hongos, que, contaminando todo, compusieron otra iconografía.
La exposición Geología doméstica revelaba al público conexiones significativas entre tres universos luminosos, la serie fotográfica reinventada, los fotogramas de un cuerpo captados para la eternidad y una instalación proyectada por veladuras adelgazadas e itinerarios creados para resolver experiencias de vidas que la memoria y los afectos convulsionaron hace décadas.
CLAUDIA FAZZOLARI
