Invisibles palpables es el nombre de la muestra de Luis González Palma en la galería Blanca Berlín. En ella, el artista guatemalteco sigue explorando la línea que ha marcado parte de su producción artística: la deconstrucción de las formas y el análisis profundo sobre la potencialidad de la imagen.
Lo que vemos en la galería Blanca Berlín nos sorprende por la deriva hacia la abstracción de González Palma. El artista parte de fotografías de archivo, por un lado, originarias del Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (CIRMA), en Antigua Guatemala, y por otro lado, el Observatorio Astronómico de Córdoba, en Argentina.

El procedimiento que emplea en la primera parte de las obras es el siguiente: tomando fotografías de Juan de Jesús Yas, fotógrafo guatemalteco de finales del siglo XIX, González Palma elimina los rastros iconográficos (retratos de sacerdotes e imágenes religiosas) para revelar la arqueología oculta de la fotografía: las marcas y huellas que han ido dejando la plata, los cambios de temperatura o el tacto humano. Una suerte de palimpsesto en el que, además de hablar de la historia del objeto, el artista está hablando de la historia visual de Guatemala. Resulta muy interesante la utilización de la fotografía, no como un dispositivo al servicio de algo externo, sino como materia en sí misma, capaz de generar un cuerpo propio, con sus alteraciones y transformaciones. Se privilegian, por tanto, la historia invisible y “lo que no se cuenta” de la historia oficial. Es decir, el vacío, el silencio y la omisión como material historiográfico.
En palabras del propio artista: “Desde los comienzos mi trabajo ha sido una reflexión sobre la mirada. ¿Cómo se construyen, en nuestra experiencia interna, unos ojos que nos miran fijamente? ¿Cómo se interpretan y elaboran, en nuestro interior, las sombras, los brillos y toda la geografía implícita en cada fotografía? Si nuestra forma de ver se confecciona desde lo social y lo cultural, podemos concluir que toda mirada es política y que toda producción artística está sujeta a este juicio. La mirada como poder. Desde ahí, puedo sentir que la obra de arte es una posibilidad para evidenciar esto, para cuestionar nuestra manera de ver, para interrogar a la historia que ha producido todas estas graduaciones de la mirada y por ende, nuestras formas de reaccionar ante el mundo. A través de los años he construido escenarios y modificado ciertos rostros para crear imágenes que permitan otras percepciones del mundo, otras formas de comprenderlo, y de modificarlo internamente”1.
Aplicando estas palabras a lo expuesto en la Galería Blanca Berlín, el resultado es sorprendente. Por ejemplo, en Retrato de medio cuerpo de sacerdote anciano, los restos de cuerpo humano han sido eliminados. Solo advertimos marcas, trazos de lo que parecen “accidentes inevitables” de la propia fotografía. Se traza así una abstracción lírica, que, lejos de resultar fría o incomprensible, asimilamos desde lo intuitivo.
Las fotografías que trabajan respecto al Observatorio Astronómico de Córdoba (Argentina) no miran a lo que sucede en la tierra, sino en el cielo. Se trata de imágenes en las que aparecen cometas, la Luna, el Sol o eclipses, y que han sido intervenidas mediante la técnica del collage. La serie Espectro parte del registro de líneas espectrales y propone otras formas visuales. Por otro lado, también vemos la serie Polvo cósmico, unas partículas que se encuentran por todo el sistema solar. González Palma propone aquí una serie de dibujos geométricos que se inspiran en ese movimiento de partículas. El resultado vuelve a ser inesperado: la obra titulada Luna, por ejemplo, se asemeja más a un readymade o a una pieza conceptual, en el que no distinguimos bien lo que estamos viendo. El juego se completa, además, con la fuerte connotación de los astros en la simbología precolombina y en la tradición visual en Latinoamérica.
Todas las series de esta parte cobran cierto significado relacionado con la mirada poscolonial. Hay que tener en cuenta que el Observatorio Astronómico de Córdoba fue el primero en ser inaugurado en el Cono Sur, con el fin de ser un centro de observación astronómica. Hay, por tanto, una reflexión sobre el saber heredado y una propuesta también de reinventar los códigos y fundirlos con el conocimiento autóctono u otras culturas. De hecho, en la muestra aparece el concepto Kōan (El kōan, dentro de la filosofía zen, es una pregunta sin solución lógica; tiene como objetivo romper las pautas normales de pensamiento e introducirse en una súbita conciencia de iluminación). A partir de ese kōan, González Palma nos propone repensar lo que vemos y lo que no vemos, reflexionar sobre la imagen como un espacio de conflicto, de poder, pero también lleno de nuevas posibilidades estéticas.
NOTA
1. www.gonzalezpalma.com. Declaración del artista.
ANA FOLGUERA
