Exposición Individualdic 2017 - feb 2018· Por Christine Frérot

Johanna Calle

Maison de l’Amérique Latine

Para la primera exposición individual en Francia de la artista colombiana (Bogotá, 1965), la curadora española Helena Tatay escogió mostrar obras que se escalonan entre 1995 y 2015, selección que, si bien reúne formatos, soportes y técnicas diversos, no deja de constituir un recorrido límpido y liviano cuyo concepto y forma, en total coherencia, permiten comprender mejor una obra accesible y difícil a la vez. Si el trabajo de Johanna Calle explora territorios del conocimiento cuyas palabras y textos, al igual que sus imágenes (grabados, estampas o fotografías), son la textura misma de su reflexión estética y política, la obra sigue siendo discreta y sutil. “Prosa silenciosa del mundo”, como escribe Alain Rouquié en el prefacio del catálogo, sin gritos estridentes, y sin embargo locuaz, se muestra bella y seductora en su cuasi-monocromía de blancos y negros y su “afinidad electiva” por el papel.

Exposición Individual: Johanna Calle — imagen 1
Johanna Calle. Juya de la serie Lluvias, 2012-2013. Texto mecanografiado sobre papel de contabilidad. Dimensiones variables.

En efecto, el recorrido a la vez sensible e intelectual de la exposición introduce problemáticas, sobre todo colombianas de ayer y de hoy, que se refieren tanto al idioma como a la antropología, al tema del agua tanto como al de la botánica, a la ciencia tanto como a la literatura, a la historia tanto como a la política. Con delicadeza y poesía, con un agudo sentido de observación, con una conciencia de su entorno y de los cuestionamientos inmediatos que este plantea, Johanna Calle pone las cosas en perspectiva integrando al mismo tiempo, en una dimensión estética, el tema que pretende defender. La artista recupera, archiva, fotografía, transcribe, recorta, da nueva forma, perfora, anuda. A menudo dibuja, imprime en ocasiones, realiza una serie de manipulaciones con la imagen y con las palabras gracias al empleo de una máquina de escribir tradicional adaptada a la especificidad de su trabajo de artista. En este ejercicio de memoria, lento, paciente y minucioso, casi obsesivo, donde el tiempo es un factor esencial para la maduración y realización de las obras, Calle no olvida que la belleza es compatible con la historia. Investigadora al mismo tiempo que artista, ella sabe conjugar dos actitudes de naturaleza aparentemente antinómica para ofrecer su testimonio, tejiendo la maraña de un saber diferente, trazando con tinta negra otro lenguaje, visual esta vez, yendo de las palabras al dibujo y del dibujo al sentido. Ella supo inventar una escritura estética qué es caligrafía y tipografía a la vez, arabescos y trama, retícula y almocárabe, para expresar con toda discreción y sutileza los avatares y reveses de la historia a la cual interroga, para llamar nuestra atención, señalar y condenar situaciones injustas o peligrosas.

Desde el momento en que se ingresa a la exposición, la mirada es atraída simultáneamente a la derecha y a la izquierda por dos grandes árboles de siluetas transparentes y aracnoides. Con un “dibujo” escrito a máquina sobre un soporte confeccionado con el ensamble de páginas vírgenes de registros catastrales (paneles de 3 m x 4 m), en donde Johanna Calle reprodujo el texto denominado “Ley de Tierras de Colombia o Ley de víctimas” de 2011, los dos árboles, muy presentes y fantasmagóricos a la vez –Perímetro (Ceiba), a la izquierda, y Perímetro (Sangregado), a la derecha (2014)–, quieren llamar nuestra atención hacia las especies extinguidas, como sombras llevadas al presente con el fin de recordarnos el pasado. El tono de la exposición está dado de manera majestuosa y nos hace comprender todo el trabajo previo que tuvo que realizar Johanna Calle: encuestas, lecturas, fotografías, consulta a diversas fuentes de información largamente estudiadas y reunidas. La artista busca una adecuación entre lo que quiere decir y el medio técnico que sea más adecuado para su objetivo tanto intelectual como artístico.

Volvemos a encontrar este proceso consciente, cuyos artífices son el tiempo y la paciencia, en las obras de formato más pequeño expuestas en las salas de abajo. Ya sea que se trate de la serie Las traducciones (13 dibujos de 2009) sobre árboles de quina basadas en los dibujos botánicos y las clasificaciones de Hermann Karsten para denunciar la explotación de estas plantas a través de sus diversas interpretaciones a lo largo del tiempo; de la serie Endemia dibujos, (2006-2007), constituida por una malla de alambre galvanizado en la cual se recortaron siete macro-invertebrados acuáticos en peligro de extinción; del hermoso conjunto Ciel étranger (Cielo extraño, 12 dibujos, 2001), en el cual vemos aviones azules que vuelan sobre un cielo escrito en azul donde la artista escribió a mano el texto integral de Vol de nuit, relato de Antoine de Saint-Exupéry, Johanna Calle se expresa con sensibilidad mostrando su capacidad para asociar consciencia, compromiso y cuidado formal. La serie de cinco jaulas de pájaros aplastadas, Perspectivas (2006-2008, metal), traduce una simple preocupación estética, pero teniendo plena consciencia, unos pasos más adelante, de que Colombia atraviesa un momento político excepcional en su acuerdo con las FARC. Diálogos (9 dibujos de 2013, collages de dibujos fotográficos cuidadosamente recortados, imágenes provenientes de archivos fotográficos de la artista y de su esposo, Julio Pérez Navarrete) da forma, con globos vacíos y signos contrarios, a un diálogo de sordos que hace alusión a las largas y complejas negociaciones de paz entre las FARC y el Gobierno.

En la última sala, dos instalaciones confirman la riqueza del discurso de la artista. En una larga vitrina blanca, la serie de 21 dibujos y un cuadernillo manuscrito (Redes, 2009), donde se transcriben textos relacionados con el desenfrenado crecimiento de la ciudad de Bogotá, y su urbanización informal aparece ante nuestros ojos como una trama desmigajada que combina, con pertinencia y convicción, suavidad y violencia. Dibujado en tinta china sobre un papel especial cuya trama es la de una telaraña, se transcribe el texto de la antropóloga Margarita Ruiz-Rogers Ciudades urgentes. La segunda gran instalación, intitulada Lluvias (97 dibujos, 2012-2013), reproduce, fonéticamente, palabras que evocan el agua y la lluvia en las 68 lenguas vivas habladas en Colombia, de las cuales 65 son amerindias, indígenas o mestizas. Abordando la problemática de la escasez del agua, así como la de la extinción de estas lenguas, en su mayoría únicamente orales, este conjunto cierra una travesía de consciencia, así como de búsqueda estética, que tiene como objetivo principal dar un significado a la forma. La exposición no solamente abre la reflexión sobre las temáticas presentadas, sino que ofrece y enriquece la mirada en torno a una propuesta artística singular donde conviven en silencio compromiso y belleza.

CHRISTINE FRÉROT