"Hogar, no tan dulce hogar" pareciera ser la consigna subyacente de la exposición presentada en el LACMA, Hogar, tan diferente, tan atractivo. La muestra es una de las setenta incluidas en el megaproyecto gestionado en gran parte por la Fundación Getty, en su voluntad de reunir a más de mil artistas de América Latina y latinos, y en ocasión de Pacific Standard Time Los Angeles/América Latina (PST/LA LA). Con ello se busca propiciar un encuentro dialógico entre Norte, Centro y Suramérica, y en referencia a ese eje/flujo migratorio Sur-Norte que promueve e idealiza el sueño americano, aunque la realidad sea muy distinta a ese sueño. Hogar tan diferente, tan atractiva, fue organizada por el Chicano Studies Research Center de la Universidad de California Los Ángeles, y curada a tres manos por Mari Carmen Ramírez, Pilar Tompkings Rivas y Chon Noriega, quien es director del UCLA Chicano Studies Research Center y curador adjunto del LACMA.

Hogar albergó aproximadamente unas cien obras, a partir de los tardíos años 50, de unos cuarenta artistas generacionalmente variados de todo el continente. Parte de un amplio espectro de divisiones conceptuales y ocho ejes temáticos constelados en torno al tema, a saber: Hogares modelo, Arqueología del hogar, El mapa del hogar, Hogares reciclados, Hogar como forma, El hogar del cuerpo, El hogar problemático e Irse al hogar. Aborda temas complejos como el colonialismo, las migraciones, arquitecturas, periferia y centro, y muchas otras variadas problemáticas que fueron tocadas desde estrategias y medios distintos, y que sumaron a las nociones de lo latinoamericano, lo latino y lo americano.

Hogar sobre todo en presente, pasado y futuro, pertenencia y desplazamiento, y reflexión que va desde lo pequeño hasta lo masivo, desde lo individual a lo social, desde lo permanente a lo efímero, desde lo local a lo global. La muestra no obedece a tópicos establecidos sino que pretende que las obras formulen la gran conversación, de forma transversal, entre espacio y tiempo, entre políticas, emociones, economías y construcciones rizomáticas que buscan una pluralidad de miradas, y, justo así, intenta ser este un recorrido no exhaustivo de la muestra.
La exposición comienza con la frase que inspiró el nombre de la muestra, y es el título de un collage del artista pop británico Richard Hamilton, que el colombiano Miguel Ángel Rojas escribió en la pared con hojas de coca, y que dice “Just what is it that makes today’s homes so different, so appealing? (algo así como “¿Qué es lo que hace que los hogares de hoy sean tan diferentes, tan atractivos?”). Al lado, encontramos la obra monumental de Daniel Joseph Martínez, The west bank is missing: I am not dead, am I? (2008), que consiste en un par de ruedas octogonales de aluminio que albergan en su interior una suerte de mapas urbanos vaciados en plástico, que hacen referencia a la utopía de la planificación urbana y los hogares prefabricados en algunas ciudades de Estados Unidos, que supuestamente estandarizan estructuras habitacionales de bajo costo. Este modelo de planificación urbana ha sido posteriormente adoptado masivamente en todo el planeta, pero en el West Bank israelí han sido usados como asentamientos para desplazar a los palestinos.

Una segunda pieza de Martínez, en la penúltima sala, titulada The House America Built (2004-2017), es una casa de una sola habitación, réplica a escala de la cabaña en la que el matemático anarquista y terrorista Ted Kaczynski –alias “Unabomber”– se autorecluyó en Montana, en un intento fallido de probarse autosuficiente y en perfecta comunión con la naturaleza. En esa cabaña, modelada a su vez a partir de Walden Pond de Thoreau, Kaczynski escribió su conocido manifiesto La sociedad industrial y el futuro, mientras preparaba bombas y cometía atentados. La casa de Martínez está cortada por la mitad y a punto de caer. Por fuera, está pintada de colores pasteles que responden a la paleta cromática de la temporada de primavera de la afamada Martha Stewart: ocres, lila y verde. Ambos personajes, tanto Stewart como Kaczynski, representan dos polos opuestos de una sociedad como la americana, el del consumismo salvaje y el que desprecia profundamente a la sociedad y atenta contra ella. Sin embargo, por una parte, la historia de Kaczynski es mucho más perturbada y profunda que la de Stewart, y, por otra, la réplica de la cabaña no representa el peso específico de sus teorías o de lo que allí experimentó el terrorista: Martínez banaliza la cabaña de Kaczynski con la gama cromática de Stewart, que al final es un poco lo que acontece en estos tiempos de noticias y eventos que, a partir de la difusión masiva en los medios sociales, se convierten en efímeros y triviales.

Ambas piezas de Martínez son dos de los ejes importantes de la exposición, pues resumen poderosamente la noción de hogar: una, desde el artefacto, y la otra, desde el concepto. Entre ambas obras, encontramos otra pieza esencial en torno a la idea de hogar pensada desde un lugar crítico y político, que probablemente sirvió de referencia a Martínez. Es la pieza Splitting (1974) de Gordon Matta-Clark, video en el que el artista registra cómo dividió una casa abandonada en dos partes con una sierra. Estas tres obras tejen el entramado conceptual de la muestra, en cuanto a las nociones de división, desplazamiento, quiebre y fractura de nuestras vidas contemporáneas, ideas que ejercen gran importancia y que sirven de marco referencial para el recorrido.

La sala dedicada a arqueologías del hogar combina las masivas esculturas de Raphael Montañez Ortiz –hechas con pesados muebles recuperados de los años 60, deconstruidos y colgados en las paredes– con la sutil instalación de la colombiana Leyla Cárdenas, Extracción (2012), una delicada y poética instalación que consiste en un corte de 4 pulgadas (10,16 cm) de un hogar bogotano del siglo pasado, que se yergue en la mitad de la sala como ejercicio histórico y palimpsesto de las historias de un hogar, una reflexión del pasado. En contrapunto ideal, Pomona 36 IID (2012), del mexicano Gabriel de la Mora, presenta un trozo de un techo de 1904 con todas sus visibles grietas y capas de pinturas, que ha sido removido de una casa y colocado en un marco de aluminio.

Seguimos hacia el Mapa del hogar y encontramos Le sacre (1992) de Guillermo Kuitca, una gran sala de colchones impresos con mapas, que combina temas de geografía doméstica, arquitectura y cartografía que demarcan fronteras entre lo privado y lo público. Igualmente, otras obras e instalaciones presentes en la muestra sirven como intersecciones entre la idea del hogar y las condiciones socioeconómicas y políticas que lo rigen. Tal es el caso de El barrio (1980) de León Ferrari, producido en el marco de la guerra sucia en contra de los disidentes de izquierda llevada a cabo por el cuerpo militar argentino, que presenta dibujos cenitales detallados de un barrio, hasta con humanos, como una obra temprana acerca de la vigilancia.

Una sala casi completa ocupa la instalación del mexicano Abraham Cruz Villegas, Autoconstrucción (2010), una enorme casa hecha con objetos encontrados e inspirada en la propia infancia del artista en la Colonia Ajusco, comunidad ocupada en el sur de la ciudad de México, que evoca la construcción informal basada en materiales recuperados y representa la noción de hogar como urgencia, como lugar recursivo de sobrevivencia y comunidad. A su lado, el video del performance que presentó la colombiana María Teresa Hincapié en la Bienal de São Paulo de 1996, Una cosa es una cosa, registra a la artista narrando las acciones de organización de sus pertenencias personales en el espacio prestado de la galería.

Una de las piezas más impactantes e importantes de la muestra es el video del artista argentino, radicado entre México y Nueva York, Miguel Ángel Ríos, El fantasma de la modernidad (lixiviados) (2012), filmado en un desierto/basurero mexicano cerca de Oaxaca. En él, múltiples estructuras del tipo chabolas de latón caen del cielo en un basurero, y se instalan. Lixiviado refiere al agua putrefacta que se crea entre la lluvia y la basura podrida, y que penetra en los ríos y ecosistemas de la zona en cuestión, contaminando. Se sugiere, así, que es el humano el que lixivia. En el video, las estructuras evocan figuras implantadas de urbanismos y arquitecturas informales. Un cubo de plexiglás transparente que se desplaza independiente aparece sobrevolando, a modo de fantasma observador de esta cruda realidad, representando, como dice el artista, la mirada europea, al elemento cultural del cubo, desde la ironía del contraste, comentando el supuesto encuentro de culturas. Aves de rapiña, basurero, tendedero de carnes secándose al sol, barrenderas, aparecen y contrastan con la liviandad del cubo transparente. Es una pieza contundente, poética y terrible que describe los diferentes estrados humanos desde una mirada crítica, como también ocurre en la instalación Medalla de honor (1995) del artista puertorriqueño Pepón Osorio. Un caso real de un padre y un hijo y sus moradas permanentes o temporales, quién sabe. El padre dialoga con su hijo desde su austera celda en la cárcel y el hijo responde desde su habitación barroca repleta de suvenires de béisbol y miles de objetos de consumo.

En la sección titulada hogar como forma, la artista Carmen Argote explora el espacio doméstico como escultórico en la instalación 720 pies cuadrados: mutaciones del hogar (2010), en la que instala toda la alfombra que perteneció a su casa en su niñez. La alfombra se vuelve plano arquitectónico, a la vez que recuerdo, pintada de blanco con borde marrón del color original, en la que se perciben huellas y manchas de la propia alfombra que sirven de testimonio del hogar vivido, del espacio habitado, la historia familiar. En la misma tónica del plano que se convierte en volumen, la obra de la cubana María Elena González, Alfombra mágica/hogar (2003), extiende un ondulado plano de una vivienda de interés social colocado sobre una tarima en las afueras del museo, a modo de parque infantil.
Haciendo eco de ese conjunto de obras que hablan más bien desde el silencio y lo sutil destaca la instalación de gran formato, de casi ochenta dibujos, de Johanna Calle, Obra negra (2007-08), realizados en alambre galvanizado, cobre y tinta sobre papel. En ella, Calle deconstruye elementos de arquitecturas informales y los relaciona con cuerpos de niños dibujados. Estos dibujos cosidos se basaron en fotografías tomadas de barrios marginales en Colombia, que luego fueron dibujados y por último cosidos con alambre. Desde la austeridad y el dolor del material mismo, contrasta opuestos y relaciona cuerpos (piernas) sosteniendo volúmenes y casas. Casas destruidas, rejas, calles, representan la fragilidad y la fortaleza de lo natural (humano) y lo construido, intentando reflejar desde el silencio, la terrible realidad de la pobreza colombiana y el crecimiento informal de las ciudades.
En palabras de Chon Noriega, la fotografía no fue desde el inicio una búsqueda consciente para la muestra, pero resultó clave para tejer ciertas ideas más urbanas e íntimas, como las piezas de Ramiro Gómez, María esperando por su cheque (2013), y las construcciones masivas de viviendas de interés social, más evidentes en las imágenes de la mexicana Livia Corona Benjamín, 47.547 hogares (2009), en torno a los proyectos construidos durante el período presidencial de Vicente Fox, que de forma impresionante habla de la estandarización, la utopía y las relaciones políticas en la arquitectura de interés social.
Hay otros ejemplos más íntimos, como el autorretrato desnudo de Laura Aguilar En la habitación de Sandy (1989), o la serie La gran expedición de María (1995-96) de Christina Fernández, quien relata la historia alternativa de la emigración de su bisabuela en siete imágenes, que evocan el recorrido que hizo desde Morelia pasando por diversas ciudades hasta asentarse finalmente en San Diego, durante un lapso de cuarenta años. También, las fotos collages El sueño de una casa (2011) del venezolano Jorge Pedro Núñez, que exponen conceptos antagónicos de confort, nostalgia, paisaje, utopía, identidad y hogar.
La muestra cierra con una mirada más allá, siempre hacia lo desconocido, con la obra de Félix González Torres Sin título (norte) (1993), que representa el alumbrado del Norte visto desde el Sur, cuando uno “va llegando” a destino, al nuevo hogar. Las movilizaciones obligatorias, las voluntarias, las ideas de refugio, diáspora, exilio, éxodo y permanencia, espacio, arquitectura, representan la última fase del recorrido, irse al hogar. Al salir de la última sala, ya en el lobby de ingreso, encontramos la instalación del artista mexicano Camilo Ontiveros (1978) Almacenamiento temporal: los objetos personales de Juan Manuel Montes (2009-2017), en la que el artista agrupó y ató las pertenencias domésticas de Juan Manuel Montes, recientemente deportado. Así culmina, a modo de Sísifo, el recorrido de Hogar, termina y vuelve a comenzar con la idea de que no es el hogar el que nos sirve de albergue, sino que al hogar lo llevamos a cuestas, estemos donde estemos.
AMALIA CAPUTO

