Exposición Individualdic 2017 - feb 2018· Por Graciela Kartofel

Federico Silva

Museo Federico Silva

Una exposición que parece estrictamente modernista, concentrada en el arte cinético, es clave para estudiar y comprender el espectro completo del trabajo de Federico Silva. Veintisiete obras –que anticipan sutilmente lo que en parte serán décadas después instalaciones y ambientaciones– integran la exposición titulada Arte cinético - Momento de un principio de investigación. Quienes conocen la trayectoria del artista visitan el recinto expositivo considerando la gran oportunidad de ver obras que se exhibieron solo una vez, en 1970, en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México. Silva había viajado a Europa el año anterior, entablando en París una fluida relación con los artistas del momento, los cinéticos. Momento de un principio de investigación, el subtítulo de la exposición que aquí se reseña, arroja luz sobre esta circunstancia: el pintor autodidacta de carga social regresa a su país y se sumerge en búsquedas de escultor-constructor-investigador electromecanicista-descubridor de los rasgos del momento.

Exposición Individual: Federico Silva — imagen 1
Federico Silva. Alborada, 1978. Escultura cinética: aluminio, madera y acrílico. 34 x 22 x 30 cm (13 25⁄64 x 8 21⁄32 x 11 13⁄16 pulgadas). Cortesía del Museo de Escultura Federico Silva y del artista.

De la pintura abarcada por los muralistas a las experiencias de movimiento, luz y sonido que se estaban dando en París, acontece para Federico Silva una significativa carga de energía y una comprensión de los cambios de la sociedad de ese momento. Su rotundo viraje no despierta gran interés en su país, aunque ese principio de investigación sitúa al artista en una auténtica conceptualización acerca de los orígenes. Sin ser ingeniero, realiza objetos que se mueven, lanzan luces gesticulantes y producen movimientos rítmicos y sonoros. Como eco de la época de posguerra, la máquina y la participación de los sobrevivientes en la apreciación de la obra de arte, un arte con varias opciones, entre las que se destaca lo que se mueve por motores, o bien aquello que se agita levemente al paso del espectador. Estas construcciones –algunas con títulos como Alborada o Emisor de constelaciones, aunque la mayoría identificadas como Aparato cinético II o III, o…– están realizadas con sistemas mecánico-eléctricos, tornillos, palancas, madera, metal, espejos, acrílico, vidrio; ocasionalmente integrando papel y estilógrafo.

A medida que se recorren las secciones excelentemente museografiadas en penumbra, las escenas alternan con movimientos secos y pendulares, otros con circulación en color, o bien aquellos otros con contrastes intensos en blancos y negros. Las máquinas privilegian rotundos volúmenes con los que se producen las obras. No son grandes esculturas, sino más bien enormes infraestructuras para poner en acción las propuestas cinéticas. Las piezas oscilan entre 34 x 22 x 30 cm hasta 259 x 204 x 243 cm. Sin embargo, en cada obra se advierte un acercamiento monumental, compuesto por la parte visual, la mecánica y las cubiertas. Predomina la geometría de triángulos, palalepípedos y formas ovalo-circulares, si bien hay Mariposas I y II, o sea semifiguraciones maquinistas. Del neorrealismo de las pinturas iniciales de Federico Silva a lo exhibido este año de 2017 en el Museo de San Luis Potosí –rescate de obras resueltas entre 1969 y 1978– surgen vectores fundamentales. El colorista no se pierde, ha adquirido un poder de síntesis tridimensional y ha descubierto a los ancestros indígenas constructores. Las mariposas del cinetismo se tornarán monumentalidades pétreas, generarán aves, formas en vuelo y otras totémicas. La infraestructura electromecánica dio paso a soluciones de apariencia más primitiva, a la par que contemporánea. El metal pasó a ser accesorio, mientras que la piedra recobró su lugar y se encontró con el concreto –el material posmoderno por excelencia–, que evoca las raíces ancestrales y permite alcanzar la monumentalidad escultórica inigualable del maestro Federico Silva.

Monumental es el término que describe el interior y cada una de las esculturas que habitan permanentemente el notable Museo de Escultura de San Luis Potosí, que lleva el nombre de este artista mexicano de intensa actividad y discreta vida pública: Federico Silva (Ciudad de México, 1923), académico de número de la Academia de Artes de México, sección Escultura, desde 1992, Doctor Honoris Causa de la UNAM y de la Universidad de San Luis Potosí, Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1995, entre otras distinciones. De él, autodidacta, se conoce su temprana etapa de pintor, escultor y autor de estampas digitales. Antes de dedicarse a las artes emprendió estudios de antropología, veterinaria y derecho pasando a ser ayudante de David Alfaro Siqueiros, a la par, ahondando en sus conocimientos de técnicas pictóricas a través de libros y de la amistad con Diego Rivera, Pablo O’Higgins y Leopoldo Méndez. Sus murales y esculturas públicos se encuentran en varios estados de México, así como en Europa, Estados Unidos, Jamaica y Japón. Reuniendo tres palabras se traza un retrato de este artista: escultor y muralista monumental que en sus estampas enfoca proporciones semejantes y se explaya con color en movimiento. Esta exposición es ejemplar, didáctica y documental. Independientemente de la exposición temporal en turno, este museo es una visita obligada.

GRACIELA KARTOFEL

Federico Silva, por Graciela Kartofel | artnexus