Exposición Individualdic 2017 - feb 2018· Por Caridad Botella

Ernesto Soto

Galería doce cero cero - 12:00

La exposición Yare, Yare, Yare del artista Ernesto Soto (Bogotá, 1990) es una puerta a la práctica exploratoria de un joven artista; casi como un autorretrato articulado de ideas, trazos e intereses que van delineando su pista de despegue. 

Aunque joven, su trayectoria va más allá de lo incipiente, pudiéndonos remitir, entre otras, a exposiciones colectivas en 2010 en la Galería El Garaje. Esta es su primera exposición individual, y, como tal, es una exploración de intenciones. Todo parte de una obsesión por la nieve convertida en excusa para explorarla como recurso formal. El blanco como punto de partida es soporte de todo lo que se despliega en dos salas de la galería. Por un lado, da pie a la invención de una narrativa como subtexto, con un personaje esquiador cuyo hilo conductor especula acerca del lugar de este en los paisajes nevados. 

Exposición Individual: Ernesto Soto — imagen 1
Ernesto Soto. Vista del norte (las tingas), 2017. Óleo sobre MDF. 33 x 24 cm (12 63⁄64 x 9 29⁄64 pulgadas). Cortesía: Galería doce cero cero - 12:00.

Soto nos presenta al personaje y los posibles entornos en los que ha estado, incluso lo que posiblemente ha comido, el fuego junto al cual se ha calentado. Podemos entonces deslizarnos por la exposición de la mano del devenir de este esquiador, siguiendo un camino lleno de anécdotas –incluso en ocasiones llevan al artista a presentar obras de un carácter mucho más conceptual o escultórico–, y, a sabiendas, pequeñas notas autobiográficas que hacen referencia oculta al gusto del artista por el tiempo transcurrido en la naturaleza, en la montaña. El esquiador, de forma algo naïve y sin prejuicios, señala el camino hacia una cierta incertidumbre de lo que se va a encontrar en el camino, de lo que nos vamos a encontrar en la exposición. De esto es testigo el título de la exposición: es aleatorio e inventado, aunque se pueden sacar relaciones entre una palabra y su posible significado si buscamos en internet. La palabra nos existe pero puede dar una idea de ciertos significados.

Por otro lado, lo juguetón de tener una historia que seguir o tener en cuenta en ocasiones se desarrolla en paralelo a una segunda forma de seguir el hilo de la exposición, esta vez de la mano de una profundización en torno a elementos formales que preocupan al artista, siguiendo un argumento en torno a la poética del blanco como soporte y base de un mínimo de elementos sobre los que trabaja el artista. Abundan las pinceladas que forman árbol tras árbol creando profundidad con solo un gesto. Los árboles se convierten en paisajes vistos de cerca, metiéndonos de lleno en ellos, casi sin distancia, como en Bosque (antes de la tinga). O como si observáramos desde la lejanía mirando por una ventana y el marco nos separase del paisaje encendido por la luz con su marco, como en Viste del norte (la tinga). A veces hay sol, en otras ocasiones, este se ha ido por cuenta de un paisaje invernal y gris (El gran in) o porque lo ha echado una línea del horizonte más alta (La Pinacoteca); entonces, más que pinceladas y gestos, vemos distintas formas de crear luz y cambiarle el carácter al paisaje, ese paisaje que va recorriendo nuestro esquiador. Cada cuadro es una posibilidad de paisaje hecho con recursos mínimos.

Teniendo en cuenta estos dos extremos, lo narrativo y el contexto que siempre son figurativos, y que lo formal tiende hacia la abstracción, vemos que Soto siempre fluctúa entre estos extremos, quizá con más claridad en el segundo y más incertidumbre en el primero, para siempre dejar un final abierto y lleno de posibilidades. Además, la colección de perspectivas, puntos de vista e interpretaciones hace de esta exposición un despliegue exhaustivo del ejercicio de la mirada. Esta variación, este cambio constante, invitan al espectador a deslizar los ojos por distintos encuadres pictóricos que llegan a ser muy cinematográficos. Es quizá este “catálogo para la mirada” lo que revela la formación del artista como historiador del arte y, al tiempo, su conocimiento de la historia del cine, los cuales tienen una gran influencia en la conceptualización y ejecución de su trabajo. A pesar de ser obras terminadas para una exposición conclusa, podrían ser referentes en un archivo de imágenes de cómo se construyó y desarrolló la obra del artista. En el caso de Vistas del norte (Las tingas), el encuadre de la ventana nos deja tomar algo de distancia con el paisaje, alineando quizá la mirada con la del esquiador, descansando, mirando hacia fuera, hacia el pasaje que lo acogerá al salir de esa zona de confort. Puede ser que cada obra, hablando de pinos, montañas, acantilados y luz, sea un ejercicio de salir de la comodidad a enfrentar cara a cara la incertidumbre. Hay un detalle que acentúa esta situación y es el hecho de que los paisajes están pintados desde la imaginación, sin existir un referente real que dé la seguridad de poder salirse de un plan perfectamente preestablecido.

CARIDAD BOTELLA

Ernesto Soto, por Caridad Botella | artnexus