Los medios y materiales a los que recurren Anabel Quirarte y Jorge Ornelas en la construcción (pienso que tal calificativo es más que adecuado) de sus piezas juegan con la ambigüedad que implica –en última instancia– su soporte. Es la idea la que se impone sobre el material. La representación es como un fantasma que se repite, entre las líneas y sombras de las figuras geométricas que se perfilan, lo mismo en un acrílico sobre tela que en un vaciado en concreto. Han dejado atrás –de momento– el uso de objetos convencionales (que van desde bancos y lápices hasta casetes y libros) que vino a caracterizar su obra (donde no dejaban de ser evidentes los materiales que pretendían negar con sus construcciones) pero no dejan de apelar a esa misma finalidad –si esto vale como calificativo– a la que aspiran, donde se confunden lo ideal y lo abstracto. El “lugar de” ha sido sustituido (o se ha movido) en el campo de sentido, que se abre (o cierra, según sea la intención) en su obra por materiales más sutiles (por no decir más obvios o adecuados), en lo que no deja de ser una puesta en duda de estos materiales (que, insisto, pueden pasar como convencionales), en lo que puede describirse como una reflexión que contrapone el sentido de la representación con (o a pesar de) su sustrato matérico.

Subliman lo que puede describirse como una retórica de armado, esa misma que a lo largo de su obra ha venido analizando, desplegando y sustituyendo los cuerpos y las líneas que definen las tensiones geométricas que constituyen sus piezas, en un juego donde los claroscuros han acabado por sustituir las superposiciones para dejar solo la ilusión o apariencia de tridimensionalidad. Esta intención resulta más dramática, por ejemplo, en los vaciados de concreto, donde los cuerpos geométricos son sometidos al escorzo (a la apariencia de lo evidente) por los juegos de luz y sombra. En esto, que puede describirse como una aspiración a lo esencial, siguen enfrentando, con más o menos humor, la paradoja que constituye la materialidad de los elementos que entran en juego en la composición de sus obras (y que son y no son la obra misma).
Según el nombre genérico que les dan a sus obras, sean extrapolaciones, progresiones modulares y planos constructivos, se definen materiales, sustratos e intenciones. Las extrapolaciones fueron armadas, según fue el caso, con hilo o con PVC y madera, y constituyen esculturas (pueden ser descritas así) armadas a partir de la superposición de superficies (sean virtuales o no) de colores negros, blancos, grises y naranjas que arman distintos patrones y tensiones compositivos. Siguiendo el juego conceptual de sustituciones que “proyecta” la obra de Quirarte + Ornelas más allá de lo geométrico, encuentro un símil en la ambivalencia entre materia y contenido que define su obra –lo que la obra es y lo que está en lugar de la obra– en la definición de "extrapolar" del diccionario de la RAE, que es "aplicar a un ámbito determinado conclusiones obtenidas en otro. También es averiguar el valor de una magnitud para valores de la variable que se hallan fuera del intervalo". La palabra se forma –como se explica– sobre interpolar, con cambio en el prefijo "inter"- por "extra"-. Si cabe describir sus Extrapolaciones a partir de la primera definición, queda la tentación de preguntarse si la definición de la extrapolación matemática no cumple, en ese “lugar de” que esta fuera de lo matérico que constituye (o busca constituir) la obra final y que se alcanza con la sustitución de los elementos y sus valores dados entre un campo (el inmanente) y el otro, que pesa desde (y en lugar de) lo material. Las progresiones modulares son representaciones de composiciones hechas a partir de cuerpos geométricos con dos técnicas, el acrílico sobre tela y el vaciado en concreto. La ilusión de tridimensionalidad de las primeras contrasta con el vacío de las segundas (los formatos son similares) permitiéndonos ver una continuidad aparente entre los juegos que se permiten entre la segunda y la tercera dimensión. La materialidad de la obra se convierte en un envoltorio o película que cubre aquello (la idea o el concepto) que está en ausencia. Los planos constructivos, armados con hilo de cáñamo y acrílico sobre triplay, son transcripciones de los campos de tensión compositivos que vemos en las extrapolaciones, reducidos en apariencia a una bidimensionalidad (el grueso del hilo de cáñamo) que nunca llega a ser tal. Otra vez, están en lugar de las obras, como manifestaciones físicas (o traslados al campo material).
RICARDO POHLENZ
