Contextualizar al Maestro Omar Carreño (Porlamar, 1927-Caracas 2013) como parte de una generación, más allá del Taller Libre de Arte y del grupo de Los Disidentes, implica comprender su actuación dentro de un campo social, cultural, científico y filosófico más amplio. No me refiero solo a su notable desempeño como artista abstracto-geométrico en Venezuela y en Europa, sino como hombre, cuyas reflexiones pasan a ser universales y constituyen la síntesis de una nueva sensibilidad.
Tal y como apunta Ortega y Gasset en Idea de las generaciones: “Mientras hay épocas de filosofía pacífica que dan continuidad al desarrollo de ideas gestadas anteriormente, hay épocas que sienten el inmediato pasado como algo que es urgente reformar desde su raíz […] épocas de filosofía beligerante, que aspira a destruir el pasado mediante su radical superación”1.
Precisamente, el maestro Carreño pertenece a esta generación responsable de ampliar el panorama plástico, primero en Venezuela, y más tarde extender sus investigaciones hacia otras latitudes, junto a un grupo cohesionado por la necesidad de abrir su pensamiento hacia un tipo de espacio ligado al tiempo.

Efervescente subversión del Río de la Plata
Al definir los planteamientos del Maestro Carreño es importante contextualizar el escenario latinoamericano en el cual se ve inmerso, destacando la efervescente subversión que, partiendo del Río de la Plata (Uruguay/Argentina), había roto literalmente con los límites (marcos) de lo convencional, estableciendo un hito dentro del panorama plástico del continente.
Aparece el primer y único número de la revista de arte abstracto Arturo (1944), fundada por Carmelo Arden Quin, junto a Rhod Rothfuss, Gyula Kosice y Edgar Bayley, quienes proponen erradicar toda representación dirigiendo sus esfuerzos a la “invención y creación pura”, estandarte de un nuevo espacio que en lo sucesivo se abriría en y desde Latinoamérica.
En consecuencia, surgen diferentes grupos y manifiestos de arte abstracto geométrico como Asociación Arte Concreto Invención (1945), con la aparición del Manifiesto Invencionista en 1946; el Movimiento MADÍ (1946) integrado por Arden Quin, Rothfuss y Kosice, quienes optaron por el formato irregular y la articulación de una pintura que comienza y termina en sí misma.
Este fructífero momento "inaugural” para la vanguardia latinoamericana movió a un compacto grupo de artistas a implantar nuevas propuestas estéticas de rigurosidad geométrica, pero sobre todo propone la manipulación directa del público con la pieza de arte.

Taller Libre de Arte (1948-1952)
El Taller Libre de Arte es una asociación cultural que agrupa personalidades de distintas disciplinas, cuyos miembros iniciaron un franco proceso de investigación y replanteamiento del arte venezolano aún anclado en el paisaje y realismo social2, con miras a adecuarlo a un lenguaje plástico más amplio que desde 1944 se desarrollaba desde el Sur de Latinoamérica trazando una nueva sensibilidad.
Es tan solo en 1948 que se lleva a cabo la Exposición Panamericana de pintura moderna, en el Museo de Bellas Artes de Caracas, así como la primera exposición de obras abstractas y no-objetivas en Venezuela, provenientes fundamentalmente del Grupo Arte Concreto Invención, de Buenos Aires3. En 1949 se presenta la segunda muestra de arte abstracto en Venezuela, dedicada a las Cafeteras de Alejandro Otero, en esta misma sede4.
En medio del clima de actualización de las artes plásticas del país, y luego de dos años de rotundos padecimientos respiratorios, Omar Carreño se recupera con voluntad y decidida fuerza creativa para impulsar, junto a sus compañeros, los primeros pasos del arte abstracto geométrico-concreto en Venezuela.
En enero de 1949 entra en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas. En 1950, como miembro activo del Taller Libre de Arte, celebra su primera muestra individual, mientras en el país se confabulaba “la disidencia” que cobraría nombre y cohesión como grupo ese mismo año en París.

Los Disidentes (1950)
Omar Carreño se instala en París a partir de 1950 y no regresará a Venezuela hasta 1955. Concibe Tema en tres tiempos No 22, una de sus primeras piezas abstracto-geométricas, y protagoniza el primer capítulo de la abstracción geométrica venezolana como parte de Los Disidentes, grupo de artistas que emprende un éxodo masivo hacia la capital francesa, epicentro del pensamiento moderno de la época5. Desde sus postulados, inscritos en lo que llamaron Manifiesto del “No”, este grupo se rebela contra el anacronismo del panorama artístico nacional.
Mientras que en 1949 el artista Pedro León Castro habla de “la situación de decadencia e inmoralidad en que se encuentran los jóvenes venezolanos en París, apegados a los 'ismos' de la moda”6, el reconocimiento que merecían provendrá de un espacio cultural más amplio7.

Los Polípticos (1951)
En 1951, Carreño trabaja con grandes piezas bidimensionales en madera, a las que aplica pintura industrial, luego incorpora el relieve y el formato irregular, e introduce sus primeros cuadros-objetos manipulables por el espectador, y que son decisivos en la carrera de Omar Carreño, e inaugurales del Movimiento Expansionista, columna vertebral de su pensamiento artístico. La importancia fundamental de estas piezas radica en la naturaleza lúdica que las caracteriza, que permite establecer interrelación con el público.
Omar Carreño es parte de una generación transgresora de artistas que buscan atravesar los límites entre el espectador y la obra de arte, siendo el juego (manipulación) una forma inédita de relacionarse con las piezas. El vínculo inmaterial que surge con el público ha demostrado poseer un viso fuertemente latinoamericano: antecedentes como el mítico Röyi (1944) de Gyula Kosice, escultura dotada de ocho secciones de madera manipulable, o las famosas Coplanales, superficies geométricas unidas por una estructura articulada de Roth Rodfuss, Carmelo Arden Quin (1945) y Juan Melé (1947) dan cuenta de ello.
En mayo de 1952, Omar Carreño celebra su primera exposición individual en la Galería Arnaud de París, donde reúne sus cuadros-objetos, en lo sucesivo denominados Polípticos por el crítico Pierre Descargues, quien, entre otros miembros de la prensa, hará alusión a su innovador sistema articulado con bisagras8.
Los Polípticos de Omar Carreño acontecen en manos del público, que modificará de manera imprevisible la obra. Serán sucedidos por los Cuadros transformables de Yaacov Agam (1953), manipulables por el espectador, en la Galería Craven de París.
En 1952, Carreño participa junto a Arden Quin en el prestigioso Salon des Réalités Nouvelles, y su Políptico 4 será reproducido en el catálogo. Ese mismo año es invitado por el artista venezolano Luis Guevara Moreno a participar en la exposición Madí, en la Galería Suzanne Michel, en París.
Su salud se complica los años subsiguientes, mientras realiza numerosas lecturas relacionadas con ciencia, física, poesía y teatro, bocetos y pequeñas piezas hasta su completa recuperación, en 1955. Su espíritu jamás se fractura; por el contrario, en 1953, en su artículo “Idées de l’artiste”, expresa su interés global por todo cuanto forma y transforma nuestro siglo, y declara encontrarse sumergido en la mayor aventura que jamás haya conocido la historia del arte9.
Durante este periodo, Omar Carreño utiliza formatos curvos. Realiza sus Esculturas-poemas y los primeros Tableaux-objets (Ojos de Buey), algunos de ellos transformables por deslizamiento lateral, por rotación, gracias a bisagras o ejes.

Geometría y orden universal. Expansionismo
Si bien la abstracción geométrica perseguía el carácter más universal del arte independizando de cualquier representación sus elementos constitutivos, existen dos rutas antagónicas que se abrían a partir de este principio. Una compositiva, centrada en la interacción de forma, línea y color en su condición de elementos plásticos, sin compromisos fuera de sí mismos. La otra, moral o filosófica, inaugurada tempranamente por Malévich (1910), Ritmos fluidos y cósmicos, y Torres García (1930), quienes sintetizan en la geometría una verdad absoluta de orden divino y universal. Omar Carreño, pronto hará evidente su desviación hacia la vía filosófica de la abstracción, argumentando la inminente necesidad de transformación universal, colectiva y racional desde el Expansionismo, término que acuñó en 1953, al que le siguen cinco manifiestos que confirmarán la necesidad por manipular el espacio-tiempo como un elemento dócil.
Omar Carreño comparte con otros pensadores de su tiempo, el sentido de responsabilidad del artista, especialmente luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando era inminente el aporte universal desde la idea de construcción.
El Expansionismo se compromete a ampliar el sentido estético común, tomando en cuenta el rol del arte inscrito en el espacio urbano, que demanda abandonar la contemplación de las ciudades bidimensionalmente y acercar al ciudadano a entender su situación en medio de ellas, como grandes escenarios donde percibir una experiencia estética a su paso.

Síntesis de las artes
Omar Carreño participa en dos importantes proyectos centrados en la fusión arte-vida-espacio. Por una parte, la exposición La síntesis de las artes, en el IX Congreso del CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna), organizado por Le Corbusier, en Aix-en-Provence (1953), en la que Omar Carreño es el único pintor latinoamericano participante. Así mismo, es invitado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva a participar en la apoteósica Ciudad Universitaria de Caracas, patrimonio artístico de la humanidad, cuya construcción se inicia en 1952.
Regreso a Venezuela
A partir de su completa recuperación física, Carreño retorna a Venezuela en 1955 y se instala en Caracas. Expone los Polípticos, que trae de Europa, y prácticamente suprime los colores hasta llevar al límite el contraste blanco/negro, surgiendo la serie Posinega.
En 1957, Carreño concreta su participación en el proyecto Síntesis de las Artes de Villanueva, ejecutando la policromía externa e interna del edificio perteneciente a la Facultad de Odontología. La Universidad Central de Venezuela (UCV) representa un significativo avance hacia la modernidad, alterando el sistema de circulación de las obras de arte, suprimiendo al intermediario y produciendo un vínculo directo con el participante. No obstante, este proyecto tomó tiempo en ser comprendido, y ese mismo año tuvo lugar una contundente polémica sobre el arte abstracto en Venezuela, entre el escritor Miguel Otero Silva y el artista Alejandro Otero10.
No obstante, el maestro Omar Carreño consigue derrumbar prejuicios, y el jurado del Salón Oficial Anual de Arte Venezolano de 1957, le otorga el Premio Puebla de Bolívar, por su escultura en hierro Estable N.° 1.

Pariata 1957 (2012)
Omar Carreño interviene nuevamente el espacio público con Pariata, torre de hierro de 10 m, primera escultura dotada de aspas movidas por la acción del viento11 (Alejandro Otero concibe sus también magníficas esculturas eólicas, hacia 1967). Entre 1960-1965, aborda el informalismo abstracto.
En 1966 presenta el I Manifiesto Expansionista en Roma, y en 1967 en Caracas. Apunta: “La colaboración entre la cibernética y el arte abre la nueva era basada en la cooperación”. Visionario, Carreño decreta lo que décadas más tarde definiría nuestro comportamiento comunicacional en el ciberespacio.
Cajas luminosas, 1967
En 1967 publica su II Manifiesto Expansionista e introduce en Caracas sus magníficas Cajas luminosas, transformables y manipulables (columnas cromáticas que se reflejan sobre láminas de plástico transparente, colocadas oblicuamente para producir efecto de espejo) Estas piezas devendrán en obras luminosas transformables por la acción simultánea de varios espectadores o de motores.
Luz y transformación. Bienal de Venecia
En 1968 publica el III Manifiesto Expansionista. Paralelamente a la Biennale de Venecia, celebra una exposición individual, visitada por el crítico Frank Popper, donde muestra sus Cajas luminosas12. En 1972, dichas piezas alcanzan su máximo desarrollo siendo transformables con motores controlables por el espectador, en Mansión-Luz, instalación site specific en el Pabellón de Venezuela en Venecia13. Ese mismo año recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas. En 1973, realiza las primeras Esculturas vitrales, estructuras transformables que sintetizan la articulación manual de planos de color.
Durante una década celebrará con éxito exposiciones individuales y colectivas, dentro y fuera del país, entre las que se destaca la muestra antológica de 1983 en el Museo Español de Arte Contemporáneo en Madrid (actualmente Museo Nacional de Arte Reina Sofía).
Expansión de las coordenadas del arte
Omar Carreño inaugura el nuevo milenio en el coloquio Las ciencias, la tecnología y el arte en el alba del tercer milenio14. Allí expone las reflexiones que madura, desde que en 1951 leyera autores referenciales: La evolución de la física de Albert Einstein y Léopold Infeld (1948), y Henri Bergson, defensor de la creatividad, quien propuso caminos hacia el “mundo del espíritu” distintos al de las ciencias naturales.
Concluye el Maestro: “Lo que el arte contemporáneo busca es un diálogo espacio-temporal con la ciencia actual […] tratemos de que nuestras obras dejen la Tierra para sondear el universo en busca de otras dimensiones”. Más allá de la obra o de cualquier corriente artística, Omar concebía nítidamente un humanismo completo, encarnado en la arquitectura espacio-temporal del universo, que siempre lo apasionó15.
La nueva sensibilidad que impregna al Maestro Carreño se apoya en un entramado científico/filosófico, un tejido que se distiende universal, transversal, longitudinal e interdisciplinariamente desde comienzos del siglo pasado.
En su V y último Manifiesto Expansionista, apunta: “Para sustentar el nuevo arte no basta con acudir a nuevos medios: tiene que prevalecer la creatividad humana”. Esto es algo que tuvo claro el venezolano Omar Carreño, quien desarrolló ampliamente la abstracción geométrica a escala internacional y creó espacios para la reflexión en torno al Expansionismo, cuyos postulados continúan vigentes y no hacen otra cosa que rendirle honores al término.
NOTAS
1. Ortega y Gasset: El tema de nuestro tiempo (1923) diagnostica la existencia de una nueva sensibilidad, concepto desarrollado en su Revista de Occidente, sorprendentemente devorada en Latinoamérica.
2. Omar Carreño, junto a Jacobo Borges, Feliciano Carvallo, Narciso Debourg, Alirio Oramas, Perán Erminy, José Fernández Díaz (FEZ) y Luis Guevara Moreno, entre otros. Exalumnos de Antonio Edmundo Monsanto, finalmente reciben nociones de las vanguardias y superan el anacrónico pénsum de la Escuela de Artes Plásticas de Caracas. Dicha promoción pasa del paisaje a su análisis según el método precubista, el primer paso para otorgar a los elementos formales de la pintura una validez autónoma y no representativa.
3. Exposición que tiene lugar en el Taller Libre de Arte: José Mimó Mena y el grupo Arte Concreto Invención: Juan Mele, Lidy Prati, Alfredo Hlito, Nélida Souza, Juan del Prete, y una escultura concreta de Jorge Souza.
4. Miembro del Taller Libre de Arte, y el primero en partir a París en 1945, regresó a Venezuela luego de cuatro años.
5. Sus miembros provenían en gran parte del Taller Libre de Arte, como Perán Erminy, Mateo Manaure, Alejandro Otero, Carlos Cruz-Diez, Pascual Navarro, Rubén Núñez, Armando Barrios. Los Disidentes asumen la profunda responsabilidad y el compromiso de dar cara a la Modernidad. Un año más tarde, en 1951, se une la Bienal de São Paulo como otro prestigioso canal entre Latinoamérica y la producción más avanzada del mundo. En lo sucesivo, los diálogos intercontinentales resultantes serán claves, específicamente en el devenir de la abstracción geométrica y el movimiento cinético a nivel mundial.
6. Memoria crítica, Alejandro Otero. Compilación y selección, Douglas Monroy y Luisa Pérez Gil. Artesanogroup Editores, segunda edición, Caracas, 2008, p. 44.
7. En 1951, Omar Carreño es invitado por Pablo Picasso a formar parte de la Exposición Hispanoamericana, en la Galería Henri Tronche de la capital gala, junto a Armando Barrios, Héctor Poleo, Adela Rico de Poleo, Carmelo Arden Quin, Carlos Mérida, Diego Rivera, Siqueiros y Wifredo Lam, entre otros.
8. Sistema que incorporará posteriormente Lygia Clark para plegar y desplegar sus entrañables Bichos (1960).
9. En Biografía de Omar Carreño por Manuela Billaudot, pp. 2.
10. Miguel Otero Silva: “Nada más ajeno al pueblo que esta concepción cerebral y fría de la pintura, totalmente divorciada de sus asuntos y de sus sentimientos. El pueblo jamás verá en la pintura abstracta sino un arte auxiliar y decorativo, destinado a adornar edificios”. Diario El Nacional, 1957, en Memoria crítica, Alejandro Otero, p. 496.
11. Encargada por el arquitecto Villanueva, para ubicarse entre los bloques policromados del Banco Obrero, en el sector Pariata, del estado Vargas. Fue reconstruida en 2009 y reubicada en Plaza Venezuela, como Pariata 1947, alcanzando los 12 m.
12. Popper es Profesor Emeritus de Estética y Ciencias del Arte, Universidad Vincennes, París VIII. Autoridad en el estudio del arte cinético, incluye a Omar Carreño en la segunda edición de L’art cinétique, París/Gauthier-Villars, 1970, p. 196, validando y compendiando su aporte, junto a los cultores del movimiento cinético.
13. Mansión-Luz cristaliza aquel sueño que publicó el Maestro Carreño en 1960: “un mural luz-color, que el espectador pudiese atravesar” (la inmersión en la sala principal ocupaba 23 m de largo).
14. Ponencia presentada por Omar Carreño en el coloquio internacional sobre el tema de “Las ciencias, la tecnología y el arte en el alba del tercer milenio” celebrado en el Palacio de las Academias, Bruselas, 2000.
15. Entrevista a Manuela Billaudot, en febrero de 2015.
ELISA RODRÍGUEZ CAMPO
Licenciada en Artes Plásticas UCV, Venezuela.

