Nicolás Paris

Salón de clases para desaprender, 2015. Intervención arquitectónica, madera, pintura y talleres. Dimensiones variables. Vista de la instalación en el Museo Colección Berardo. Fotografía David Rato. Cortesía del artista y Museo Colección Berardo.

Monografíajun 2017 - ago 2017· Por María Belén Sáez de Ibarra

Nicolás Paris

Estrategias para estar juntos (Room for us)

Un homenaje al oficio de crear, suprimiendo el significado y el nombre propio al que uno está reducido, para permitirnos circular entre las cosas, para concentrar el deseo en la percepción del secreto.

Hoy en día, jamás buscamos tal cosa como la originalidad en el arte. Hemos recorrido tantos caminos y descansado en tantas veredas que aquello resulta inconcebible. Pero ante las situaciones que propone Nicolás Paris, a mí me ocurre por momentos, en un breve instante, como un relámpago, que estoy ante un universo recién nacido, habitando un micromundo conformado por instancias de percepciones inéditas.

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Salón de clases para aprender a decir no, 2015. Silla de madera, madera, pintura y ejercicios. Dimensiones variables. Vista de la instalación en el Museo Colección Berardo. Fotografía: David Rato. Cortesía del artista y Museo Colección Berardo.

Nicolás Paris deambula entre los Ejercicios para sembrar relámpagos en la sala de la Caixa Fórum de Barcelona con una amplia sonrisa, invitando al diálogo. Es el artista que presiente esta geometría invisible que se da entre las cosas y entre nosotros, las personas. Ese espacio vacío que es un hueco, que él llama arquitectura. “Se trata de percibir una arquitectura entre nosotros”, dice. Esa percepción la busca a través del diálogo, a través del tiempo compartido. Entonces –nos explica el artista–, para llenar los espacios entre nosotros, debemos inventar nuevas maneras de estar juntos.

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Petricor (detalle), 2016. Piso de madera reciclada, tierra, plantas, intervenciones con objetos encontrados o perdidos, tiempo y talleres. Dimensiones variables. Vista de la instalación en NC-arte. Fotografía: Oscar Monsalve. Cortesía del artista y NC-arte.

Sus proyectos son puras especulaciones, como a él le gustaría llamarlos; no hay objetivos claros, nunca se sabe cómo va a terminar la exposición, no hay concepto, solo una experiencia. Una experiencia de la que el mismo artista puede no llegar a ser testigo: “Es esperanzador para mí que haya tantas experiencias como espectadores”.

En esta arquitectura invisible, él intenta crear situaciones poliédricas o de diferentes caras para poder habitar el tiempo en distintas dimensiones. Ocupar el tiempo, hasta que el tiempo se detiene. “Es lo que busco”. No ha acontecido nada en realidad. Solo se ha abierto una instancia de percepción, y hemos visto ocurrir un fenómeno, que ya pasó. Y es que no se sabe muy bien qué percepciones se están desarrollando, “para mí, el arte es algo que no ha sucedido”. Como crear un microcosmos errático que hace parte de una totalidad inestable. Para ello es indispensable “la confianza en el espectador”, dice Nicolás Paris, “no hablar en términos categóricos, hablar en puntos suspensivos, que el espectador complete la oración”.

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Petricor (detalle), 2016. Piso de madera reciclada, tierra, plantas, intervenciones con objetos encontrados o perdidos, tiempo y talleres. Dimensiones variables. Vista de la instalación en NC-arte. Fotografía: Oscar Monsalve. Cortesía del artista y NC-arte.

Así que la estrategia, ahora, es buscar esa geometría poliédrica, esa situación de diferentes caras, en todas las cosas entre nosotros. Utiliza cortes en las plantas para descubrir su interior geométrico, un objeto encontrado diseccionado en partes (que todos los días utilizamos en nuestra casa), ramas que describen dibujos multidimensionales al aire, pequeñas hojas multiformes, los orificios de las partes de una máquina secadora, los filtros, que parecen colmenas hexagonales, que encontramos en los ductos de los ventiladores; las cajas de los bombillos en formas octogonales en su interior, “o partes para un ejercicio pedagógico”.

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Petricor (detalle), 2016. Hoja seca intervenida y tiempo. Dimensiones variables. Vista de la instalación en NC-arte. Fotografía: Oscar Monsalve. Cortesía del artista y NC-arte.

Aquí aparece clara otra de sus estrategias fundamentales: la relación, el diálogo (entre personas, animales, pájaros, nubes, plantas, la luz, el rumor); se basa en el mutuo aprendizaje de la percepción del otro. Como una zona inestable en donde aprendemos nuevas formas de entretejernos. Y es que vamos a aprender desaprendiendo lo ya sabido. Por eso no existen ni maestros ni aprendices, sino ambientes de intercambio. Los trabajos manuales, los juegos de palabras, los dibujos recortados con tijeras, los dobleces del papel, construir objetos que se desarticulan y parecen no servir para un propósito, inventar muchos ángulos en las figuras, jugar a hacer visibles las dimensiones ocultas y los espacios que se esconden en los dobleces.

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Petricor II, 2016. Piso de madera reciclada, tierra, plantas, intervenciones con objetos encontrados o perdidos, tiempo y talleres. Dimensiones variables. Vista de la instalación en La Casa Encendida. Fotografía: Oak Taylor Smith. Cortesía del artista, galería Luisa Strina, galería Elba Benítez y La Casa Encendida.

Cuando visité a Nicolás Paris en su taller para hablar de este artículo, tomó un papel cualquiera e inscribió un punto en cada uno de los extremos inversos/reversos de la hoja. Luego fue doblando el papel en pequeños pliegues, como un acordeón, hasta que aquellos dos puntos distintos se hicieron uno solo. Sonrió con todo su rostro y dijo: “Se detuvo el tiempo, y ya no existe un espacio entre nosotros”. Así, hemos atravesado varias dimensiones distantes entre sí en el inmenso plano múltiple del universo. Lo allí sucedido quedó en el rumor, en los dibujos que trazan una línea abstracta en el espacio.

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El diálogo, el rumor, la luz, las horas o (prototipo para material pedagógico) – (relámpago) (detalle), 2015. Instalación: rama de ají, lápiz sobre papel, papeles y cartones. Dimensiones variables. Vista de la instalación en el Museo Colección Berardo. Fotografía: David Rato Cortesía del artista y “la Caixa” Colección de arte contemporáneo.

En la pasada Bienal de La Habana participó con otra estrategia que le gusta, la cual ya había puesto en práctica en el año 2012 durante la Trienal del New Museum en Nueva York. La revolución es mental o ejercicios por demostración tituló su participación. Se dedicó a conversar con profesores y activistas del centro de educación popular Martin Luther King y otras escuelas, en donde estuvo largas horas con los estudiantes y pedagogos, los empleados y la gente que por allí andaba. También encontró un jardín abandonado entreverado en estas instituciones, en donde jugaban los niños con las canicas. Juntos lo fueron arreglando poco a poco mientras dibujan geometrías de cristal entre las canicas de colores. De todo ello no quedó si no la esperanza de que ese encuentro haya dejado en cada uno una pausada transformación de los comportamientos y las ideas. Según dice, para él fue maravilloso poder estar en La Habana y trabajar para construir lugares donde el arte es definido por pequeñas conquistas o microeventos erráticos, imperceptibles. De ello no quedó ni una huella en una ficha técnica en la pared de un sitio de la bienal.

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Ejercicios para sembrar relámpagos, 2016-2017. Instalación, talleres y conversatorios. Dimensiones variables. Vista de la exposición en La Caixa Fórum. Fotografía: David Campos. Cortesía del artista y © Fundación Bancaria “la Caixa”.

La revolución mental la hicieron con ejercicios de lecto-escritura, talleres, papel recortado y/o doblado, tijeras, clips, lápices de colores, tizas, prácticas de jardinería, madera, objetos encontrados, pintura, comida para pájaros, libros de geometría, pan y tiempo. Y no hay que olvidar las canicas de vidrio.

Trabajó allí también, como en otras ocasiones desde hace casi diecisiete años atrás, con panaderos. En aquel entonces le llamó mucho la atención conocer la historia del primer sindicato que hubo, por los tiempos de la Edad Media. Se trataba de unos panaderos que autorregulaban su oficio, trabajaban con quienes querían, buscando independencia de los señores feudales: las primeras congregaciones de artesanos. Se trataba de los compagnon du devoir.Ellos se pasaban la enseñanza compartiendo largas horas de trabajo con los aprendices que viajaban a pie por toda Francia en una cadena de panaderías estipuladas, luego de lo cual, a partir de esa experiencia y ese recorrido, el aprendiz obtenía un bastón de maestría. Fue luego que un amigo le contó en Argentina una práctica de “panaderos por convicción” que inventaban figuras de pan con nombres pensados para ejercer activismo cotidiano entre los consumidores. Se trataba de un grupo de anarquistas a principios del siglo XX. Los panes tenían nombres como “factura”, “vigilante”.

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Control de masas, 2013. Pan. 14 x 14 x 14 cm (5 33/64 x 5 33/64 x 5 33/64 pulgadas). Fotografía cortesía del artista.

Esta acción no sobrevivió al tiempo pero aún se consiguen en Buenos Aires los panes bautizados por estos anarquistas. Sin embargo, su método de trabajo sí logró continuar, dice Nicolás Paris, “como algo muy sutil, que estamos consumiendo, esa es la acción más poética que se puede llevar a cabo”. Así, esta es una más de sus estrategias favoritas, que utiliza en casi todas las ciudades a donde viaja. Una vez logró construir con el panadero un cubo perfecto de 14 centímetros de alto y ancho al que bautizaron con el nombre Control de masas. Ocurrió que en París tuvo el mejor encuentro con un panadero, en donde ninguno de los dos hablaba un idioma común. Lo que le hizo muy feliz fue comprobar que el aprendizaje depende verdaderamente de las relaciones que allí se construyen: “de esas geometrías que tanto me interesan”.

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Estructura que cede, 2013. Pan brioche y malla de alambre, resultado del intercambio con el panadero Djibril Bodian dentro del proyecto Room for Us. Dimensiones variables. Fotografía: Aurélien Mole. Cortesía del artista y Fundación Kadist.

Construye con estos panes deliciosas esculturas que involucra en sus ambientes/montajes. Hace dos años viajé a Madrid a encontrarme con él. Estábamos trabajando juntos una muestra en la Galería de Elba Benítez, quien, además de una larga compañía de la Galería Luisa Strina, ha sabido apoyar su tránsito por el mundo del arte, que de muchas maneras podría resultar extraño a estos procesos desprovistos de materialidad. Cuando llegué, Nicolás Paris estaba con el panadero del barrio, cocinando ya, desde hacía un mes, muchos cubos de Control de masas que luego estarían con nosotros. En el patio interior de la comunidad de vecinos donde se encuentra la galería, trataba de invitar a los pájaros con mucho alpiste y unos cubos/casa hechos de concreto y vaciados de un molde negativo de comida de pájaros. Cortinas con ojales cosidos para mirar a través de ellas fueron colocadas en las ventanas de los vecinos: El rumor, la luz, las horas, o (un lugar para observar la transformación) se llamaba lo que allí se vislumbraría.

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Arquitectura para pájaros, 2015. Concreto y comida (alpiste) para pájaros. 14 x 14 x 14 cm c/u (5 33⁄64 x 5 33⁄64 x 5 33⁄64 pulgadas). Fotografía: Oak Taylor Smith. Cortesía del artista, Galería Luisa Strina y Galería Elba Benítez.

Se ponía en marcha otra estrategia de su trabajo: buscar una estética de lo leve, lo ligero, a través de deshacer las cosas, de eliminar lo que resulta demasiado vistoso. Íbamos a trabajar con un material por primera vez: polvo (hecho de mármol blanco, cemento blanco, harina). El ejercicio trataba de eliminar todo, confundirse con el suelo, las paredes, las ventanas, el polvo del patio, la harina, y de dejarse influir del trabajo anónimo de la panadería vecina. Eliminar cualquier soporte, estarse en el puro piso que sirvió como un tablero invisible. Por largas horas lo observé dibujar y hacer marcas con ese polvo blanco, para enseguida retirar con una espátula, y nuevamente empezar. Así por días. Dibujando, borrando, quitando, poniendo. Como escribí entonces: “para despojarnos de los excesos, para devenir polvo creativo, partículas de un mundo que a fuerza de eliminar, ya sólo se dibuja en una línea abstracta, o bien en una pieza de un puzzle en sí misma abstracta. Y conjugando, continuando con otras líneas, otras piezas, se crea un mundo, que podría recubrir el primero, como en transparencia”. Para afinar la percepción de lo más pequeño, lo transparente. La percepción de lo que en nosotros hay de imperceptible, en las cosas, más allá.

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El diálogo, el rumor, la luz, las horas o (lugar para observar el proceso de transformación) (detalle), 2015. Instalación: polvo de mármol, harina, cemento blanco, elementos encontrados y perdidos. Dimensiones variables. Fotografía: Oak Taylor Smith. Cortesía del artista, Galería Luisa Strina y Galería Elba Benítez.

Si no hubiéramos tenido que abrir las puertas y parar este alegre ejercicio de eliminación, seguramente aquello nunca se hubiera dado por terminado. Y es que la obra de Nicolás Paris no tiene comienzo, ni tampoco termina. Es como un eterno deambular “en lugares de inestabilidad” o en “espacios efímeros de concentración”, para darse cuenta de que “el proceso es ahora”. Un continuo ahora, sin escisión. Como claramente lo vivimos en El rumor, la luz, las horas... Es por eso que acordamos no pensar este breve texto en términos de exposiciones o de fases. Ya que, más bien, a él lo emociona que podamos pensar en forma de estrategias. Un continuo deambular por estrategias que se aplican una y otra vez con resultados inesperados, por similares o por tan disímiles, a lo largo del recorrido que no tiene metas.

Un recorrido a lo largo del cual Nicolás Paris recoge conversaciones, esparce rumores, cada vez quiere apoyarse más en las palabras. Descubre en estos momentos compartidos nuevas estrategias y también nuevos ejercicios para el aprendizaje mutuo. Experiencias que le sirven para capturar más materiales/obras para compartir el tiempo, para estar juntos.

Así, también a lo largo de los últimos tres años viene realizando una serie de videos surgidos de esa forma. Podemos darnos un paseo por algunos títulos de videos, materiales/obras que sugieren sus contenidos: Un salón de clases para la dislexia o para el pensamiento topológico; Del triángulo al hexágono; Un salón de clases para leer entre líneas; Filigrana; El diálogo, el rumor, la luz, las horas, o estudio para material pedagógico; Semilla; Apresúrate despacio; No culpes a nadie (pensando en Julio Cortázar); Eclipse; Dispositivos para el diálogo errático o herramientas para aprender por simpatía; Hexagrama, entre otros cuantos.

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Detour, 2017. Video sin sonido. 4:48 minutos. Cámara y edición: Simón de Man. Cortesía del artista.

Detour es el último video: el vuelo de una semilla que circula entre las pequeñas cosas que reposan en estos mundos minúsculos. Un camino azaroso, un deambular en el darse de un recorrido sin motivo, sin norte, a merced del viento.

Y quizá la gran estrategia que funda su posibilidad de hacer arte, luego de haber realizado estudios de arquitectura y enseñado por unos años en una escuela pública rural en municipio colombiano, fue trabajar en términos de establecer una relación con las cosas y la gente desde la mentalidad de una skhole, para usar el término que él mismo prefiere, y definirlo parafraseando a Aristóteles: el tiempo del “ocio”, “el más útil de los tiempos”, en el que tenemos que tratar de aprender lo que es más útil saber. Y en ese espacio, por supuesto, construir un lugar común. “Por ejemplo, el lugar común de un niño cuando está desarrollando su estructura de aprendizaje” (como en otro momento veníamos conversando), “y andas liviano y sin querer llevar nada contigo porque lo único que importa es estar presente para volver a empezar y seguir disfrutando de ella, de esa infancia que es otra a cada instante”.

Hoy, a sus 40 años, y después de once años de trabajo en los más especiales círculos del arte, como en ocasiones ha dicho, su más grande aspiración y su máximo honor ha sido ser maestro de escuela.

MARÍA BELÉN SÁEZ DE IBARRA

Curadora. Directora de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia.

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