El título de la exposición de María Martínez-Cañas, Rebus + Diversions, opera como clave de acceso al notable grupo de ensamblajes que desarrolló gracias a la beca Pollock-Krasner. En la serie, esta incansable experimentadora, maestra en la fotografía conceptual, alcanzó una zona donde se funden el riguroso conocimiento de este medio y la libertad del juego de las reinvenciones. Así, incorpora una ingente cantidad de materiales y técnicas hasta construir artefactos tridimensionales que expanden una memoria íntima de la historia del modernismo cubano y mundial y los procesos mismos de visión y percepción.

La palabra rebus, cuyo significado incluye términos como enigma, rompecabezas, acertijo, viene del latín res, cosa, y se define como “una suerte de adivinanza hecha de letras, imágenes o símbolos, cuyos nombres suenan como las partes de sílabas de una palabra o una frase”. Por supuesto, las obras no son un rebus literal, sino un sofisticado divertimento, un complejo despliegue de memorabilia en la forma de una serie cuasi instalativa de base fotográfica que incorpora fragmentos de archivos visuales, dibujos, cuerdas, hilos de metal, patrones industriales, hasta construir piezas tridimensionales que reflejan la progresión del singular proceso de desarrollo formal.
De la pieza 1 a la 20 hay una suerte de progresión de técnicas y mecanismos que permite seguir el juego de superposiciones y adiciones de materiales en la construcción de piezas que van adquiriendo paulatinamente mayor complejidad y sofisticación. En efecto, partiendo de Untitled 1, un ensamblaje hecho con antiguos retratos y recortes flotantes de periódico (con imágenes como el rostro de Tina Modotti o la noticia de la exposición de modernistas cubanos de 1944 en el MoMA, “firmada” por quien realmente la concibió: el entonces director Alfred H. Barr), Martínez-Cañas desemboca en el complejo y magnífico mecanismo visual de Untitled 20.
Esta pieza, la última en su construcción, incluye formas escultóricas en miniatura en madera y metal e hilo de alambre que aluden a momentos cumbre del modernismo, registros arquitectónicos, piezas de papel curvadas que producen sombras, un conjunto de experimentaciones fotográficas abstractas, que incluyen la técnica de fotogramas, que no requiere cámara para la construcción de la imagen sino el juego de la luz y los objetos expuestos sobre papeles fotosensibles que fueron cambiando de tonalidad durante la misma exposición, y, en síntesis, una magnífica serie de engranajes, al modo de pequeñas máquinas de visión que evocan al espectador el Modulador de luz y espacio de László Moholy-Nagy, cuya presencia en la serie es tutelar.
“Todo objeto, todo material, era una posibilidad”, dice Martínez-Cañas refiriéndose al modo en que incorporó “cosas” que reaccionaban a la luz de diversas maneras para hacer aparecer las obras. En conjunto, la serie, construida sobre un fondo gris fotografiado y la imagen fotográfica de papeles que hacen las veces de una segunda superficie, funciona, en un nivel, como un artefacto de memorias yuxtapuestas que contiene alusiones a la propia biografía y momentos autorreferenciales del proceso formativo y creativo, pero también como un dispositivo que reproduce, altera y activa relatos de la historia del arte cubano, así como de figuras fundacionales de la modernidad en Europa y Norteamérica.
Buena parte del material empleado proviene del archivo de José Gómez Sicre, que su padre, el dealer de arte José Martínez-Cañas, adquirió como regalo para ella. En el texto del catálogo, Manuel E González le atribuye el papel de guía y revela que el proceso de inmersión en su archivo fue crucial para su proceso. Más aún: fue ahondando en la fascinación de Gómez Sicre por Henry Moore, que la artista renovó: “su sentido de lo que era posible”. Imágenes de sus esculturas aparecen en Untitled 06, entre otras, si bien las primeras diez piezas evocan prioritariamente figuras como Cundo Bermúdez o Mario Carreño, tan familiares en su adolescencia y formación, como claves para la narrativa del arte isleño.
Estos primeros 10 Rebus + Diversions –término que no solo evoca el divertimento y la libertad con que hizo la serie, sino la posibilidad de multiplicar las versiones, y la tácita alusión a la subversión de los límites– se construyen con fragmentos de papeles fotografiados: obras, cartas, exposiciones, y de influencias y acontecimientos decisivos para el arte isleño. A partir de la bella pieza Untitled 11, donde aparece la casa de Walter Gropius, intervenida con un árbol, se introducen formas en madera balsa y se va incrementando la tridimensionalidad con recursos como cuerdas y alambres. El ensamblaje de hilos y formas del collage erótico de Untitled 12, un homenaje a Agustín Fernandez, es una bella alusión a la memoria afectiva que conecta biografía e historia del arte. Los últimos siete rebus acrecientan la intensidad de la creación, no solo por el tipo de apropiaciones de referencias y materiales, sino por el vuelo artístico que sitúa a María Martínez-Cañas en el papel de dilecta alumna de Moholy-Nagy. Como si encarnara, en su propio salto artístico, la misma transformación que supuso para el arte norteamericano la influencia del maestro húngaro que abanderó la Nueva Bauhaus. En esta serie ha cumplido justamente su instigación a “pensar sobre la historia del arte y reproducir viejas fórmulas y experimentos con una visión que ejercite la capacidad humana de enfrentar nuevas tareas”.
ADRIANA HERRERA
