Lugares do delirio (Lugares del delirio)

X Cortejo en Homenaje al artista Arthur Bispo do Rosario. Fotografía.

Colectivajun 2017 - ago 2017· Por Alessandra Simões

Lugares do delirio (Lugares del delirio)

Museu de Arte do Rio – MAR

¿Cómo pueden ocurrir los encuentros instaurados entre arte y locura? ¿Cuáles son las fronteras entre el delirio psíquico y la creación artística? ¿Las potencias expresivas revelan un ser estético entre quienes tienen perturbaciones mentales? Las respuestas a esas preguntas se pueden encontrar en la exposición Lugares del delirio, en la cartelera del Museu de Arte do Rio (MAR), hasta septiembre de este año, con obras que proporcionan una expresiva reflexión política y ética sobre locura y arte.

Ideada por Paulo Herkenhoff y con la curaduría de Tania Rivera, la muestra presenta cerca de 150 obras –instalaciones, mapas, performances, pintura y objetos– de diversos artistas como Cildo Meireles, Laura Lima, Anna Maria Maiolino, Arthur Bispo do Rosário, Fernand Deligny, Raphael Domingues, Gustavo Spiridião, Fernando Diniz, Cláudio Paiva, Geraldo Lúcio Aragão y otros. “La intención es colocar en suspenso la delimitación entre lo normal y lo tildado de loco. El arte y la locura tienen en común la fuerza de transformar la realidad, y eso está representado en la exposición”, explica la curadora Tania Rivera, quien es psicoanalista y profesora de la Universidad Federal Fluminense (UFF).

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Laura Lima. Novos Costumes (Nuevos vestidos), 2006. Esculturas en vinilo cristal. Dimensiones variables.

Orientaron la investigación de la muestra hacia lo que hay de delirante en el arte y lo que hay de reflexión sobre el arte en la locura. Otra determinante fue la tentativa de romper el aislamiento de la producción de los pacientes psiquiátricos y discutir su representación en paralelo con el arte expuesto en circuitos tradicionales de galerías y museos. El intento se logró, como prueba la calidad de las decenas de artistas presentados.

Según la curaduría, la palabra delirio significa algo que se desvía de las normativas y crea nuevas configuraciones de la realidad. Es por eso que se la usa en el título de una exposición que incluye obras de artistas diagnosticados con algún trastorno psíquico, y nombres conocidos en el arte, que producen obras que rechazan las vías tradicionales de representación o que cuestionan de cierta forma lo que se llama “locura”. Además, también presenta el resultado de las obras de artistas visuales realizadas conjuntamente con pacientes de instituciones psiquiátricas.

Los inquietantes debates respecto al tema, que competen principalmente a las ciencias de la salud, parecen detenidos con la propuesta de la exposición, en donde las obras fueron dispuestas de manera que se entrecrucen y comuniquen espacialmente. Hay una horizontalidad en todas las acciones de la exposición. “Queremos mostrar un aspecto lúdico e inusitado de la transformación de la realidad y organizar las obras en una deliberada contaminación visual”, cuenta Tania Rivera.

Lo que hay de delirante en el arte y lo que hay de reflexión sobre el arte en la locura son cuestionamientos que orientaron la investigación de la curaduría, que organizó la exposición con gran diversidad de géneros y lenguajes. “Estamos trayendo artistas emblemáticos, como Arthur Bispo do Rosário, que vivió más de cincuenta años internado en una clínica psiquiátrica, pero también otros no tan conocidos por el público, como Luis Guides, de Porto Alegre; Mauricio Flandeiro, de Ceará, y Fernando Lima, de Belém, en diálogo con importantes artistas contemporáneos como Cildo Meireles, Laura Lima y Anna Maria Maiolino, por ejemplo”.

Lo que aproxima a artistas aparentemente dispares parecen ser el aspecto humanístico de sus obras y la trascendencia de la obra artística. Analizar esas poéticas significa burlar la comprensión confinada del arte y de la salud para enfocar la alteridad entre los dos campos. Fue eso lo que llevó, por ejemplo, al crítico Fernando Morais a aproximarse al artista Arthur Bispo do Rosário, sobre quien escribió diversos textos y organizó exposiciones (recientemente, participó en el libro Arte más allá de la locura, organizado por la psicoanalista e investigadora Flavia Corpas). A pesar de sus constantes crisis psiquiátricas, Bispo produjo una obra cuyo lenguaje corona los grandes asuntos del arte contemporáneo. Utilizó objetos y desechos recogidos en la cotidianidad de sus reclusiones para fabricar miniaturas, esculturas momificadas y paneles bordados para crear un bellísimo inventario estético del mundo, reconocido internacionalmente por su calidad estética.

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Cildo Meireles. De la serie Cottolengo, 1976. 42 fotografías del hospital Vila de São José Bento Cotollengo, proyectadas digitalmente. Dimensiones variables.

La artista Anna Maria Maiolino representó en la apertura de la exposición, con la participación de Sandra Lessa, la performance In Atto, sobre el proceso de liberación de una mujer que se desembaraza de sus amarras. La presentación muestra el torturante proceso de un cuerpo enteramente amordazado en la tentativa de liberarse de la gigantesca faja que lo aprisiona. Los gritos remiten a un angustiante episodio psicótico. La artista Laura Lima –quien dice que fue fundamental para su decisión de tornarse artista el hecho de haber acompañado a su hermano en un brote psicótico– presentó en esta muestra la obra Novos Costumes, que son esculturas-vestimentas en vinilo cristal que el público puede vestir, y disfrutar así plenamente de la experiencia artística.

La psiquiatra Nise da Silveira, que consideraba la esquizofrenia como “uno de los estados innumerables del ser”, como afirmó Tania Rivera, es recordada en la muestra con obras que hacen parte de la colección del Museo de Imágenes del Inconsciente, creado por ella en 1952 en el entonces denominado Centro Psiquiátrico Nacional, en Engenho de Dentro. Están en esta exposición obras de Fernando Diniz y Raphael Domingues. También se presentan fotografías y dibujos de Geraldo Lúcio Aragão, quien frecuentó los talleres de arte de Nise a finales de los años cincuenta. Son obras de significativa fuerza poética.

Además de su contrapropuesta al panorama de tratamiento psiquiátrico de la época, basado en el uso de electrochoques, sedación medicamentosa excesiva, intervenciones quirúrgicas cerebrales, castigos, etcétera, Nise trajo una nueva dimensión del arte al ámbito de la salud mental. Como afirmó el psicoanalista João A. Frayse-Pereira, en el texto “Nise da Silveira: imágenes del inconsciente, entre psicología, arte y política”, este psiquiatra revolucionario creó un proceso instaurado en la forma de expresión libre, un placer encontrado por los creadores, “en una práctica con implicaciones poéticas de gran intensidad emocional y cognitiva, que constituye una amenaza para el equilibrio de las instituciones disciplinarias, intrínsecamente dirigidas hacia la anestesia de la sensibilidad y la parálisis del pensamiento, la docilidad del cuerpo y el castigo del espíritu”.

La recontextualización de la obra del artista Cildo Meireles es uno de los puntos máximos de la exposición. En Razón - Locura (1976), rehecha especialmente para la muestra, el artista representa una especie de definición poética de la exposición como un todo, trayendo una reflexión sobre la sutil diferencia entre razón y locura. La obra es un díptico. En Razón hay una llave atada a una cadena, fuera del alcance de un candado. En Locura, la cadena alcanza al candado y consigue conectarse y, por consiguiente, abrirlo. Realizada durante la dictadura militar, la obra hacía una crítica política, pero sobre todo revelaba la contradictoria definición de locura, toda vez que en su contexto social mostraba la falta de sentido de un régimen político que dejó como legado la tortura y el asesinato de muchos jóvenes.

De Cildo Meireles también se exhiben 42 imágenes de la serie de fotografías Cottolengo, realizadas en el hospital Vila de São José Bento Cottolengo, en 1976. Una de ellas fue utilizada en la obra Cero Cruzeiro, de la cual se presenta la nueva versión Cero Real (2013). Otra obra del artista presente en la muestra es Liverbeatlespool, creada en 2004 para la Bienal de Liverpool, que consiste en una bicicleta que circula por el entorno del museo con altoparlantes que tocan ininterrumpidamente músicas de los Beatles superpuestas e invertidas.

La artista Lygia Clark también está representada en la muestra, con la emblemática, aunque poco conocida, Camisa de fuerza, de 1969. La obra hace parte de un conjunto de sus Objetos Relacionales, designación genérica atribuida por la artista a todos los elementos que utilizaba en las sesiones de Estructuración del Self, obra con la cual culminan las investigaciones que involucran al espectador y convocan su experiencia corporal como condición de realización de la obra. En este caso, la artista reinventó la camisa de fuerza, llevándola al campo del arte, que podría ser entendido a partir del territorio de una “estética relacional” (definición establecida por el crítico francés Nicolas Bourriaud), según la cual la obra se hace a partir de las liberaciones del cuerpo y de la mente y en pro de un vivir sensible y colectivo.

“La exposición afirma que los lugares del delirio son muchos y variados, e intenta así explorar y cuestionar las fronteras entre normal y patológico, entre arte y vida, entre el museo y el mundo”, afirma Tania Rivera, que da continuidad al proyecto Arte y Sociedad en Brasil, del que hicieron parte las muestras El abrigo y el terreno”(2013) y Hay escuelas que son prisiones y hay escuelas que son alas (2014). La presente exposición muestra también la obra del educador francés Fernand Deligny, muerto en 1996, que influenció autores como Gilles Deleuze y Félix Guattari. En la frontera entre tratamiento y arte, sus colaboradores trazaron mapas con gestos y movimientos de niños y adolescentes autistas en áreas de convivencia mantenidas por el educador a partir del final de los años sesenta. De Deligny, la exposición presenta revistas con reproducciones de dibujos y fragmentos de textos.

Resultado de la colaboración entre Paulo Herkenhoff y Tania Rivera, la exposición Lugares del delirio disemina en su propia génesis la relación entre los dos mundos, el de la crítica del arte (Paulo) y el de la psicología (Tania). La originalidad de su ejecución brinda, sobre todo, una visión humanística y contemporánea de las relaciones sociales. Al final, artistas movidos por delirios místicos serían normativamente situados “al margen de la sociedad”, conforme lo hubieran hecho los antiguos teóricos sociales, que los ubicarían con el estigma de la exclusión y de la marginalidad social.

En el estado actual de la producción cultural, en el que la multiplicidad de identidades crea un rico panorama de encuentros, la exposición ejerce fascinación en el público, justamente por develar la necesidad de revisión de los valores sociales y estéticos, cuyas fronteras fluidas abarcan la inclusión y la multiplicidad de visiones. Encima de todo, enaltece un proceso inherente al arte contemporáneo: el de situar al artista y al espectador en un mismo nivel de vivencia y comprensión del “otro”. Vida y arte se complementan en esta exposición, un verdadero elogio de las diferencias.

ALESSANDRA SIMÕES

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