Exposición Individualjun 2017 - ago 2017· Por Andrés Gaitán T.

Leyla Cárdenas

Casas Riegner

Nos relata Daniel Canogar, hablando acerca de las ruinas, que estas aparecen como motivo artístico durante el Renacimiento, cuando entra la perspectiva a formar parte de las composiciones pictóricas. Los artistas de entonces aprovechaban la perspectiva para proponer por medio de ellas un conjunto de tiempos, una suerte de anacronía. Es decir, se plasmaba una imagen en donde se pudiese leer el pasado al fondo, y el presente en el primer plano. Las ruinas ocupaban, por supuesto, un lugar en el pasado. Seguramente, esto nos permita, a manera de introducción, proponer una lectura de tiempos que se conjugan de manera simultánea en la obra que Leyla Cárdenas expone en la Galería Casas Riegner. El tiempo que nos merece la atención en esta muestra no transcurre en planos bidimensionales sino en el recorrido completo por los diferentes espacios que la artista ha sabido construir. Bien nos aseguraba Heidegger que el espacio nace del verbo espaciar. No es el espacio que existe per se sino que es el ser humano quien crea el espacio, quien revela el espacio y lo hace significativo. Ya no se trata de una galería sino de varios espacios donde habita el tiempo por capas, por hilos, por accidentes, por transgresiones a la forma.

Exposición Individual: Leyla Cárdenas — imagen 1
Leyla Cárdenas. Si las rocas nacieran al revés, 2017. Impresión Inkjet sobre papel, montada en aluminio y cemento. Dimensiones variables. Cortesía: Casas Riegner.

Partiendo de lo anterior, podemos apreciar un espacio donde se ha puesto en duda el tiempo como una construcción lineal hegemónicamente creada para denotar causas y consecuencias derivadas de procesos sociales, de construcciones positivistas, o incluso de imposiciones sobre cómo leer la historia. Cárdenas ha tomado este tiempo y lo ha desarticulado, desmembrándolo y provocando en él una mirada más orgánica, más en comunión con la naturaleza y, por supuesto, más transversal y sinuosa. Los riscos se deshacen mostrando sus fragilidades, los peñascos y sus largos años de formaciones geológicas se pelean con el tiempo. La artista ha logrado hacernos visible, con sus intervenciones, que no hay un derecho o revés del tiempo, que no hay un principio o un fin, que el tiempo-espacio son tan palindrómicos como la palabra reconocer. Palabra que ha motivado el título de la exposición.

Esta sencilla pero admirable operación empieza a generar ciertas grietas en la forma como se ha manejado el conocimiento en la modernidad, conduciéndonos lentamente a formularnos preguntas sobre la manera cómo hemos construido la historia; nuestra historia. La gran mentira que ha evidenciado el progreso a punta de verdades inventadas y de necesidades frágiles que solamente nos han conducido a una larga espera por un futuro que nunca llegará. En la muestra, somos capaces de construirnos a partir del aire que queda entre los hilos transversales de una montaña erosionada. Vemos de manera casi sarcástica que el tiempo se deshace, se desmorona, no solamente en el paisaje que se construye sino en la confrontación del cuerpo del espectador con los accidentes geográficos que emergen del piso. Si el piso en un momento dado se bifurca y se levanta dejando entrever que el registro del tiempo se encuentra bajo nuestros pies1; o si el horizonte se nos vuelve tan frágil, poético y seductor como un reloj de arena infinito; o si la imagen de una montaña se pelea entre el acto instantáneo de lo fotográfico con el reflejo escultórico de un espejo informe, de seguro las preguntas no cesarán de acosarnos. Los espacios creados por Leyla Cárdenas de manera muy sutil se vuelven agresivos. Sutilmente agresivos.

Según Cristián Simonetti, uno de los autores consultados por la artista, el patrón de lectura del arqueólogo no es de izquierda a derecha, como sucede con la forma como leemos y escribimos y pensamos el tiempo y la historia, sino que, en su caso, es de arriba hacia abajo. Cuanto más bajo en la estratificación del suelo, más lejos llego en el tiempo. La lectura del tiempo se hace distinta. En las marcas y diferencias de las capas geológicas solamente encontraremos inscripciones de grandes aconteceres2 (épocas glaciares, momentos de constantes explosiones volcánicas, terremotos repetitivos, cambios atmosféricos exagerados, etcétera). Volviendo a lo anteriormente señalado, esta lectura vertical de capas horizontales, por ejemplo, la que se da en la videoinstalación que hace parte de la muestra, no presenta un inicio o un fin porque va alternando en un lento continuum, en un presente absoluto, en un tiempo borgiano tanto cíclico como laberíntico, el antes y el después, como en las ruinas de los cuadros renacentistas, o como en una Tempestad de Giorgione (1506-1508). El tiempo va oscilando entre el arriba y el abajo, y de repente se estrella con un espejo de agua que subvierte incluso su propia narrativa. Al observar en cámara lenta las rotaciones que se van alternando en un yoyo, cuyo hilo a su vez se enrolla y se desenrolla, Leyla Cárdenas va jugando con el tiempo y, por ende, con la historia. Si la historia está atada a principios científicos calculables que la hacen “real”, con el espejo de agua en esta videoinstalación, hasta el problema histórico queda en entredicho.

NOTAS

1. “On the development of time concepts in archaeology”, Cristián Simonetti.

2. The Never – Ageing Ager, Soren Jensen.

ANDRÉS GAITAN TOBAR

Leyla Cárdenas, por Andrés Gaitán T. | artnexus