Exposición Individualjun 2017 - ago 2017· Por Graciela Kartofel

Juan Roberto Diago

Ethelbert Cooper Gallery of African & American Art, Harvard University

La exposición de Diago es memorable. Vera Ingrid Grant dirige la galería Ethelbert Cooper, un nuevo y bienvenido espacio del Hutchins Center for African & African American Research de la Universidad de Harvard. Es sencillo explicar a quién no ha visto la exposición, porque se la califica con un adjetivo tan definitorio, sobre todo por una autora poco afecta a usar adjetivos. Diago denuncia públicamente desde lo autobiográfico, con fuerza creativa y arrojo. El artista, desde la entrada, nos ubica con su obra Yo soy mi raza, mi historia, amor, una obra de gran formato y con el poco frecuente tono blanquecino, aunque en ella aparece su uso del grafiti en rojo, esto último como una notable influencia de Jean-Michel Basquiat. Asimismo, ha intervenido el espacio desde la entrada, apenas pasando la recepción, con una instalación de maderas recicladas. Diago –cuyo nombre completo es Juan Roberto Diago Durruthy–, nació en La Habana en 1971, doce años después de la Revolución; tuvo una educación de dos facetas simultáneas. Por un lado, la negritud de la que es parte, los rituales, las tradiciones y el frecuentar los clubes donde la cultura popular se desarrollaba como una manera de enfrentar la pobreza y los rechazos. Por otro, el interés de su familia por la música y visitar museos más propios de los blancos. En esa simbiosis se forjó su obra plástica, incluidos los materiales que comenzó a utilizar, como madera y arpillera, incluyendo luego metal, papel, telas y cuerdas.

Exposición Individual: Juan Roberto Diago — imagen 1
Juan Roberto Diago. No. 4 de la serie Entre Líneas, 2012. Técnica mixta sobre tela. Cortesía: Ethelbert Cooper Gallery of African & American Art, Harvard University y de Magna Metz Gallery.

En el barrio de Pogolotti, donde vivía con su familia, se mantenían –aunque un tanto ocultas– las religiones populares de origen afro como la Santería Yoruba y Abakuá, aunque ya habían sido prohibidas por el gobierno de la revolución. Esas tradiciones se entretejían con la vida cotidiana en Cuba. Esta situación se daba en Pogolotti –una zona predominantemente negra–, y Diago comenzó a reflexionar acerca de las carencias e injustificadas divisiones, que se acentuaron desde el viraje de 1991, cuando Cuba deja de recibir el apoyo de la entonces Unión Soviética. Todo se deteriora, las condiciones de justicia e igualdad no se sostienen, incluso, la que había sido una muy buena educación decae notablemente, como también la alimentación y las demás necesidades primarias. El Gobierno no acepta esta verdad inmediatamente y luego comienza a llamarla “período especial”. Las luchas por la sobrevivencia medianamente digna son cada vez más difíciles. En una decisión personal, hacia el 2000, Diago comenzó a ofrecer en su casa apoyo a los niños del barrio dando talleres de sensibilización artística en las diversas ramas.

Desde 1987, Diago exponía en La Habana. Diago realiza y presenta estas obras con claras declaraciones sociopolíticas, tanto en Cuba como en el exterior. Él no emigra, pero sí sabemos del exilio elegido por muchos de sus artistas compatriotas. El ostracismo y cómo afectó a las bienales de Cuba se han tratado en artículos anteriores. En cuanto al racismo –que, según la Revolución, se había eliminado–, este sigue en pie. (Recordemos que mucho antes, Wilfredo Lam, en su ida a París, iba cargando con la discriminación racial previa a la Revolución). Diago continúa poniendo el intenso acento sobre ese tema con diferentes títulos, como los Queloides. A partir de la serie Aquí lo que no hay es que morirse, del 2003, con el título integrado en vertical, en otras zonas del cuadro aparece la palabra “yo” –como en muchas de sus obras–, y el lugar que al artista le interesa resaltar: La Habana. Diago comienza a enfocar con menos crudeza las nuevas realizaciones, que transmiten una cierta suavidad y alegría. Incorpora más metal y la fotografía como herramienta, en cajas de luz y en instalaciones. En algunas obras, las soldaduras del metal impactan por evocar las cicatrices de los esclavos salvajemente golpeados. Las figuras comienzan a dejar lugar a ciertas abstracciones, como tablas de estadísticas que registran la constante presencia tanto autobiográfica como del racismo. Negro, blanco y rojo revelan varias de las obras más recientes. El tríptico La fuerza de tu ser, de la serie Entre líneas, del 2012, y otras obras de esa serie manifiestan la madurez del artista. En Los pasados de este presente afro-cubano se presentan veinticinco obras e instalaciones que juegan a la intimidad en la galería, donde cada obra parecería tener un lugar específico creado para ubicarla. La instalación titulada Ciudad en ascenso, con cajones negros, quemados, apilados, ratifica la reutilización y el destrozo. El camino de construcción a través de los materiales luce desde todas las obras y los ángulos en esta exposición, organizada por Alejandro de la Fuente, director del Centro Hutchins de Investigación Afro-Latino Americana.

GRACIELA KARTOFEL

Juan Roberto Diago, por Graciela Kartofel | artnexus