Exposición Individualjun 2017 - ago 2017· Por Ayelén Vázquez

Hugo Aveta

Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti

Luego de más de treinta años de trabajo y de haber obtenido los más importantes reconocimiento como fotógrafo, el artista cordobés Hugo Aveta avanza en su producción migrando hacia otras disciplinas, como el video o la instalación, pero atravesadas por operaciones vinculadas con el tiempo y la memoria, que insertan estas nuevas búsquedas dentro de su producción anterior.

Exposición Individual: Hugo Aveta — imagen 1
Hugo Aveta. Vista de la instalaciòn La conciencia íntima de los objetos, 2017. Dimensiones variables.

Las imágenes de Aveta se destacan por el trabajo en torno a espacios socialmente significativos. Centradas en la arquitectura de estos lugares, sus fotografías contrastan el valor original de estos sitios con su deteriorado presente. Dentro de esta dinámica de resignificación de los espacios sociales, pensados como mojones que permiten conectar la historia con el presente, es que se inserta su última exposición, titulada La conciencia íntima de los objetos. Fue presentada en la sala central del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, ubicado en la antigua Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), un predio que funcionó como un Centro Clandestino de Detención, donde fueron secuestradas y desaparecidas miles de personas durante la última dictadura argentina (1976-1983). Pasados más de veinte años del regreso de la democracia, este predio fue transformado y abierto al público; en 2008 se inauguró el centro cultural como un espacio abierto que mantiene el compromiso y desafío de contribuir a la construcción de la memoria a partir de la transformación de un espacio oscuro y siniestro. El arte aparece aquí como un espacio de construcción de la memoria desde su capacidad de reflexión y de estructuración del debate.

En este complejo espacio, que conecta el presente con la trágica historia, Aveta construyó una enorme torre de puertas que fue instalada en el centro de la sala. A primera vista, la mirada se detiene en la belleza de sus aspectos formales. Casi como una instalación minimalista, se presenta como un gran cubo en el espacio, una composición geométrica determinada por una grilla de rectángulos de igual medida que alternan el ritmo visual a partir de la variación cromática de las puertas. Sin embargo, al aproximarnos, las puertas adquieren individualidad e historia en las huellas que se conservan de su uso cotidiano, desde una antigua calcomania de una empresa de telefonía hasta una señal que indica que perteneció a un baño femenino o masculino.

Por una de sus esquinas, el espectador ingresa al interior de la torre, donde encuentra una escalera angosta que lo lleva a un espacio oscuro y solitario. Luego de subir aproximadamente un piso, en el descanso de la escalera una ventana permite mirar hacia el centro de la torre, donde se descubre una estrecha habitación. Desde allí se observa una oficina cubierta con biblioratos, carpetas, hojas de archivo sobre estantes que cubren las cuatro paredes desde el piso hasta el techo. El desorden y el caos atraviesan toda la escena, la documentación se encuentra desparramada por el suelo convirtiéndolo en un archivo de imposible consulta. Todo este papelerío administrativo, este enorme archivo instalado, fue denominado por el artista Síntoma, título que refiere a un indicio de algo que está ocurriendo. Sin duda, algo siniestro parece haber sucedido; el desorden, en conjunto con el silencio y la ausencia, cubre la escena con un poderoso enigma.

Por su parte, Ni vencedores, ni vencidos es una obra que trabaja en una escala más íntima y que reclama de alguna manera atención y detenimiento. Consiste en una proyección de un video sobre un pequeño cuaderno de hojas blancas, en el que convergen imágenes de un bombardeo y la mano del artista que intenta, con su dibujo, registrar lo que sucede en el video. Sin embargo, el transcurrir de este lo obliga a borrar las escenas a medida que avanza. En el diálogo de estas disciplinas se construye un juego poético que presenta de modo metafórico el ejercicio continuo que implica la construcción de la memoria. Se presenta como un trabajo constante, dinámico y no acabado, que va dejando huellas de los trazos sobre el papel. Qué es lo que perdura a pesar del tiempo, cómo se construye la memoria. De alguna manera, el ejercicio frenético de la mano de Hugo Aveta nos habla del esfuerzo que implica recordar.

AYELÉN VÁZQUEZ

Hugo Aveta, por Ayelén Vázquez | artnexus