Curiosamente, el campo de la fotografía colombiana ha sido indiferente a uno de sus más excitantes formatos, el del foto-libro, que no ocupa lugar en investigaciones, exposiciones, eventos o bibliografías sobre el medio, hasta ahora. Este artículo no intenta, por obvias razones, hacer una historia del foto-libro, pero sí dar a conocer una corta selección de producciones de calidad, desde sus inicios hasta hoy, tomando como punto de partida lo realizado por los pioneros en este tipo de publicaciones, Hernán Díaz y Nereo López.

Hay que recordar a Díaz como el primer fotógrafo reconocido como artista. Su valía artística le fue dada por Marta Traba, quien elogió su obra y con quien colaboró para la realización del libro Seis artistas contemporáneos colombianos, en 1963. Lanzado con la exposición del mismo nombre, con la cual se inauguró la Galería 25 de Bogotá, fue dedicado al grupo que dominaría el panorama de la escultura y la pintura en Colombia por las siguientes dos décadas: Obregón, Ramírez, Botero, Grau, Wiedemann y Negret. No siendo un foto-libro en el sentido estricto, Seis artistas contemporáneos colombianos es un excelente libro sobre arte, donde los retratos de Díaz definen el carácter y la personalidad de sus protagonistas, presentados de una manera contundente junto a los textos de Traba. Anteriormente, Díaz participó en dos publicaciones que han sido consideradas los primeros foto-libros en Colombia, La vida pública (1962), junto al poeta Arturo Camacho, un relato corto que tiene como protagonista a la actriz Fanny Mickey, y La metamorfosis de su excelencia (1963), que acompañó la novela corta, del mismo nombre, de Jorge Zalamea. Una década después, Díaz produce Cartagena morena (1972), su más brillante foto-libro, una colección de imágenes de la ciudad que va desde 1959 hasta 1970, dedicada a mostrar la vida de los afrodescendientes que en ese entonces habitaban la ciudad amurallada. Es un completo estudio de las edificaciones, las costumbres y el trabajo, que registra el calcinante sol del Caribe y la plenitud de su luz rebotando en los blancos muros de la ciudad. El formato panavisión y el interés en mostrar las texturas rugosas de las murallas hechas con corales despedazados, la piel morena de los cartageneros y la cal de los muros, hacen de Cartagena morena un foto-libro eminentemente táctil. La primera edición, por motivos contractuales, fue reducidamente distribuida y luego destruida de modo accidental en una inundación, lo que hace de Cartagena morena una rareza. Las tres ediciones posteriores, publicadas a lo largo de las siguientes décadas, a pesar de mantener las imágenes principales, carecen del formato dinámico de la versión original. Es un libro supremamente importante, pues dio a los colombianos una manera de ver y valorar a la Ciudad Heroica y sus ciudadanos.

Nereo López, por su parte, publicó en 1964 y 1965 El libro de los oficios infantiles y Los que esperan y su imagen, en colaboración con el escritor Jaime Paredes Pardo. Mientras que el primero se dedica a los niños trabajadores, el segundo se ocupa de los desposeídos. Es preciso recordar que durante las décadas de 1950 y 1960, el fotógrafo dirigió y produjo para O Cruzeiro una serie de reportajes, en los que empleó a los escritores Manuel Zapata Olivella, Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas y los hermanos Pinzón, verdaderas aventuras que unían el talento de Nereo y sus invitados, y que merecen sin duda volver a ser publicados, tanto por la calidad de unos y otros como por el arriesgado diseño de O Cruzeiro.

En 1974, Hernán Díaz, junto al mismo Paredes Pardo, que realizó los recién mencionados foto-libros con López, conciben Aire puro, el primer foto-libro dedicado a un tema ambiental. De gran formato, contiene emparejados poemas de Paredes Pardo y paisajes montañosos realizados por Díaz, quien explota al máximo las calidades del grano fotográfico.
En 1979 aparece Crítica e Imagen, que reúne 189 fotografías y textos del arquitecto, historiador y fotógrafo Germán Téllez, realizados entre 1965 y 1977. Calificado por la revista Fotografía Contemporánea como “el más esperado y completo libro de fotografía y arquitectura publicado hasta el momento”, es uno de los más sólidos foto-libros editados en el país, además de una excelente, ilustrada y completa historia de la arquitectura nacional. A través del blanco y negro, Téllez describe con imágenes las diferentes tradiciones, los logros, mutaciones e innovaciones de la arquitectura colombiana.

Justo después de su aparición, en 1980 es publicado Ma N’gombe: guerreros y ganaderos en Palenque, de Nina de Friedemann y Richard Cross. Friedemann, antropóloga, realizó un extenso estudio sobre la comunidad de cimarrones de San Basilio de Palenque. Fotografía Contemporánea lo saludo como “un hito editorial”, de 228 páginas y 270 fotografías, “algunas de ellas extraordinarias”, realizadas en su mayor parte por Cross, un fotógrafo norteamericano que murió en Nicaragua mientras cubría la Revolución Sandinista. Fue considerado en su momento como “el libro más completo sobre la raza negra” producido en el país. Meses antes de morir, Cross publicó, junto al poeta Ernesto Cardenal, Nicaragua: Guerra de liberación (1982), considerado aún hoy, como uno de los grandes foto-libros latinoamericanos.

Fotografía colombiana contemporánea (1980) continúa siendo el más completo y visionario foto-libro publicado en el país, una obra de 172 páginas y 127 fotografías en blanco y negro, donde se enseña un excelente panorama de la fotografía nacional. Este “primer gran intento de incluir en un solo libro una muestra de lo más significativo de la fotografía colombiana contemporánea” fue saludado por la crítica especializada como “”un éxito editorial del Taller la Huella” y como “obra altamente recomendable para quienes necesiten información acerca de la fotografía en Colombia”. Su acertada elección de los cincuenta fotógrafos participantes, sus imágenes y su originalidad para el medio local, lo hacen una referencia ineludible. Este volumen, logrado por Marcos Roda y Roberto Rubiano, es único, porque nadie se ha preocupado en los años siguientes –puede decirse que en las décadas siguientes– por producir una obra con ambiciones semejantes.

En 1983, Hernán Díaz publicó el poco conocido Cartagena, un nuevo intento de realizar una crónica de la ciudad, donde Díaz se separa de la influencia de Cartier-Bresson e Irving Penn y se ensaya en una atrevida aventura visual, donde el reto parece ser acercarse a la llamada street-photography norteamericana, en un estilo rápido y aparentemente descuido, y lo logra de manera exitosa.
A pesar de que no pueda considerarse un foto-libro, Historia de la fotografía en Colombia (1983) de Eduardo Serrano, publicada por el Museo de Arte Moderno de Bogotá, es el primer compendio –y hasta ahora el único– sobre la historia de la fotografía colombiana, profusamente ilustrado con más de 1.200 fotografías, entre las que se cuentan 86 daguerrotipos y más de 250 tarjetas de visita.

Existen otros foto-libros cuyo tema es la historia, y el material visual existente sobre el Bogotazo, por ejemplo, es abundante. El 9 de abril en fotos, editado por El Áncora Editores (1986), contiene 127 fotografías, en su mayoría de Luis Gaitán (Lunga), debidamente acreditadas, lo que constituye una excepción en las publicaciones nacionales. Constituía la principal referencia visual sobre este hecho histórico hasta la aparición en 1997 de El saqueo de una ilusión, dedica a las fotografías que Sady González realizó ese día. Sobre González existe también Bogotá años 40, que contrasta con el primero por mostrar aspectos de la vida en la ciudad con humor y empatía. Editados por su hijo Guillermo, los dos libros constituyen una muy completa visita a una especial década en la vida de la ciudad. Hay que aclarar, sin embargo, que las imágenes vienen de Casa Sady, el estudio de González, que empleaba varios fotógrafos, hecho que explica la variedad de tomas del 9 de Abril, por ejemplo.

A Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussan se les reconoce como fundadores de la arqueología, etnografía y etnología en Colombia. Los aportes de la pareja son muchos, y a pesar de que el crédito se lo llevó casi siempre el antropólogo austriaco, su esposa Alicia, también antropóloga, llevó a cargo buena parte del trabajo fotográfico. La pareja tuvo el buen cuidado de registrar sus más de cuarenta años de viajes a través de la geografía colombiana. Ambos son los autores de Indios de Colombia, publicado en 1991, ilustrado con casi 200 fotografías en blanco y negro, con las extraordinarias gráficas que lograran desde 1940 hasta fines de 1970, y en las que se cubre la vida de los Ika, Kogui, Tukano, Makú, Emberá, Guahibos y Pijaos, entre otros. Aunque las imágenes se hicieron con fines científicos, no artísticos, y mucho menos comerciales, y están centradas en el retrato, irradian, en especial las tomadas por Dussan, una especial habilidad para captar la personalidad de los retratados con un muy especial sentido estético.

Erwin Kraus. El camino de la montaña (1996), editado por el también antropólogo y fotógrafo Diego Samper, rescata el trabajo fotográfico del pintor y andinista alemán por las cumbres nevadas de los Andes colombianos. La prístina belleza de las nieves perpetuas es captada por la Rolleiflex de Kraus, el primero en ascender y registrar algunas de estas cumbres.
Vista suelta de Jorge Mario Múnera (1999), sencillo en su diseño y edición, que estuvo a cargo del propio Múnera, contiene imágenes significativas que dan cuenta, como los libros de Nereo, de un trasegar por los rincones más recónditos de Colombia. Buena parte del libro está dedicada a la gente que vive en las fronteras fluviales y marítimas de Colombia, un país delimitado por dos océanos y los poderosos ríos Amazonas y Orinoco, y donde el baño colectivo, en las tomas del fotógrafo, tiene un lugar especial.

A partir del 2006, la editorial La Silueta de Bogotá decide ocuparse del evidente vacío en la edición de libros de calidad sobre fotografía. La colección F:otoTK empezó con tres libros de fotógrafos activos en el país, Adriana Duque, Karim Estefan y Guadalupe Ruiz, editados en el mismo momento (2007), seguida de dos libros históricos, Paul Beer (2008) y Nereo López. Contador de historias (2010), este último un verdadero foto-libro en sí, que estuvo acompañado de una exposición viajera de afiches, ambos siguiendo el diseño editorial de la década de 1950, un libro que ha recibido distinciones internacionales por su calidad. Posteriormente, esta colección ha evolucionado hacia la realización de foto-libros sencillos y menos voluminosos, como A place to live-Mateo Gómez, y se encuentra en la preparación de un nuevo volumen sobre la obra de Jorge Silva y Marta Rodríguez, legendarios directores de Chircales, hito del cine documental colombiano.

Stephen Ferry, quien ha dedicado buena parte de su vida a cubrir el conflicto armado colombiano, publicó en 2012 Violentología, un manual del conflicto colombiano, un vertiginoso viaje a las selvas y cordilleras colombianas siguiendo a los combatientes de todos los bandos, instando a una reflexión más profunda hacia la relación entre el cuerpo social, el conflicto armado y la memoria. Sorprende cómo Ferry ha recorrido todos los frentes de guerra, urbanos y rurales, siendo testigo de excepción y conocedor como nadie –excepto los combatientes– de la guerra en Colombia.

Ferry fue el editor gráfico de El 9. Albeiro Lopera, publicado por Tragaluz Editores (2015), otro vertiginoso libro dedicado al fotógrafo que vivió con intensidad la adrenalina de las calles de Medellín de los noventa. El punk, la marginalidad ya mítica de esta ciudad en esa década, son testificados con crudeza por “El 9”, y el libro aprovecha al máximo la iluminación artificial urbana para dar cuenta de la exacerbada y delirante vida del fotógrafo –y de Medellín–.

Este grupo de foto-libros, escaso y muy meritorio, constituye quizá la bibliografía esencial sobre el tema. Hacia el futuro, la voluntad incipiente de las nuevas editoriales, los esfuerzos individuales de los fotógrafos, no pueden pronosticar un surgimiento del foto-libro en Colombia. Como he mencionado en artículos anteriores, estamos aún lejos de llegar a disfrutar una cultura fotográfica y de valorar el medio más allá de Instagram.
SANTIAGO RUEDA
Curador independiente, investigador de arte contemporáneo.

