Llama la atención, por la diversidad de recursos, la ambientación dramatizada y la creatividad de las respuestas, el montaje de esta retrospectiva de Federico Assler. Con la intención de recrear o simular la visita al taller del artista, el montaje propone sutiles guiños, como las fotografías de los alrededores de Roca Negra (el lugar de trabajo de Assler, situado en medio del bosque, en el Cajón del Maipo), insertas en el muro, y a las que solo se puede acceder pegando la cabeza a la pared, casi como un Peeping Tom, como un espía mirando a través de una mirilla. Esta “visita a taller” nos descubre –o nos constata y confirma– los secretos de cocina de este escultor, de sobra conocido por el público chileno. Así, la conexión con las formas y los elementos de la naturaleza, el uso de materiales precarios como cartón o papel, o la importancia del dibujo y del boceto, se develan como los conceptos primordiales para entender su quehacer.

Más de treinta obras creadas desde 1964 en distintas disciplinas y formatos, incluidas esculturas al aire libre y nuevas producciones, deslizan los variados intereses del creador y ponen en valor otros que quizás no eran tan conocidos, como el uso extendido del color y el estudio de formas provenientes de su entorno, como cortezas de árbol, hongos, raíces o tierra volcánica. El espacio expositivo dispone además de una sala didáctica para que los espectadores se formen y conozcan el fenómeno artístico, en esta muestra que tiene como misión lograr un mayor entendimiento y empatía con la carrera del escultor.
Federico Assler es conocido por sus monumentos en espacio público, bloques de hormigón trazados por una secuencia ornamental en relieve, de formas redondeadas, sinuosas, que remiten a olas de lava, a organismos semilíquidos que se han solidificado en movimiento fluido. La utilización del hormigón en su obra data de finales de los años sesenta, cuando dejó la colorida pintura en favor de la escultura monumental, de bloques rotundos y gran escala. Junto con el trabajo en hormigón, Assler experimentó con el poliestireno, jugando con el positivo-negativo de la escultura, el molde y el relleno, el dentro y el afuera. El contacto que mantuvo con la influyente Nueva Escultura Vasca en su estadía en España (sobre todo, con el corpus de Eduardo Chillida) fue decisivo para alumbrar una nueva forma de acercarse a la escultura que, en su momento, fue innovadora en el país. Sus obras en poliestireno pigmentado visibilizan otra densidad y otra textura, junto con la casi absoluta eliminación del pedestal, y ahondan en el objetivo del artista: acercar la obra al espectador, aproximarla a lo terrenal, contrarrestar el aura inalcanzable de la obra tradicional.
Es aquí –cuando hablamos de ciertos avances en la percepción y en el acercamiento de Assler a la escultura abandonando encorsetamientos tradicionales– cuando nos cercioramos de otros vicios que no son superados. En la labor curatorial (compuesta por Carolina Abell, el propio artista y la mujer de este) no se ha cuidado el trabajo textual que acompaña el recorrido: los textos de muro adolecen de una prosa laudatoria innecesaria, sobre todo si hablamos de un artista premiado, admirado y difundido como este. El revisionismo interesado subraya aspectos biográficos cuestionables, como el carácter no académico de Assler, olvidando que estudió en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar, y que dio clases en la Universidad Católica. Esta debilidad curatorial desemboca en infortunados accidentes, como el texto de muro que define al artista como un “activista del arte”, y emplea calificativos acerca de su labor y de su tarea como “quehacer agresivo” e “incomodar al otro”, en la misma sala en la que se expone el modelo de la escultura que se tuvo que retirar del espacio público debido a que, por su dimensión y estructura, hizo que un ciego se golpeara con el monumento en la calle. Dichas palabras apologéticas nos golpean casi con la misma virulencia: parecen olvidar que lo de “quehacer agresivo” y el “incomodar al otro” no es más que una metáfora.
JUAN JOSÉ SANTOS
