“No quiero llenar con ruido el vacío, el silencio de los materiales. No quiero traicionarlo con palabras. La industria lo está haciendo todo. Sin las manos, con las manos de los hombres”. Así finaliza el prólogo de esta muestra, escrito por el artista. Esa declaración de intenciones acompaña el recorrido como una pancarta flotante en medio del enorme galpón: la galería Ruth Benzacar, lugar de referencia del arte contemporáneo en Buenos Aires.

Daniel Joglar (1966, Mar del Plata) dispone sus materiales en el espacio blanco despojados de palabras, no existen títulos ni referencias que acompañen, el artista no quiere traicionar ese silencio que se impone en el primer contacto con el conjunto de obras. Inmiscuir palabras será, entonces, desafío y desobediencia.
A Joglar le gusta referirse a su trabajo como un ensayo. Pero los objetos no parecen estar allí como producto del desarrollo de ideas acabadas, su devenir nos es felizmente negado.
Como menciona César Aira a propósito del arte contemporáneo: no hay estadios sino un solo y único plano de tiempo achatado. En el espacio, bajo una luz blanca intensa y uniforme, las sombras se han perdido, todo se exhibe sin secretos, sin contrastes. Es pura evidencia de contornos netos y superficies planas, pulidas e impecables. Despojados al límite, los objetos parecen haber fagocitado el mundo que cada uno de ellos tiene por recuperar, han configurado su propio sistema, furtivo. El ambiente, así conformado, se vuelve hacia el espectador, lo deja expuesto. Y aparecen algunas preguntas: ¿Qué nos pone en relación con ese sistema? ¿Qué hay detrás de lo evidente que impide revelar la historia, o las fases de un proceso?
Hay una dosis, cuya cantidad es difícil de determinar, de lo que Aira denomina lo “no hecho”, eso que es inaccesible desde el plano específico donde sucede la obra, su aquí y ahora en el espacio último de la exposición. Parece que “lo hecho”, lo producido, extingue toda posibilidad de experiencia. Pero es ahí mismo donde aparece la energía de lo “no hecho” y lo no dicho para abrir un vacío, la oportunidad de participar en este ensayo. Ante esa luz general, sin distinción de matices que nos coloquen en otro plano distinto de los objetos, no existe un género determinado: no es comedia ni es tragedia. Habrá que olvidarse de los opuestos, de los extremos, para poder desaprender y acallar el murmullo de todo lo adquirido, del mundo, es decir, hacer silencio, meditar. Abandonar lo utilitario del material y el ruido de la información, y también desistir de la búsqueda de orígenes conocidos. En la sensación de un presente continuo, la promesa se mantiene, un estado de la conciencia sin recovecos para la memoria, sin cabida para la Historia.
Las intenciones del artista parecen operar desde la sutileza de un mínimo grado de esfuerzo. Lo no accionado, lo que podría sugerir cierta ausencia de la mano, está infinitamente lejos del ready-made o del objeto encontrado. La elección y manipulación de esos elementos de la vida cotidiana carecen, afortunadamente, de todo direccionamiento, no hay un señalamiento con el dedo índice extendido: “vean esto”. Los indicios están ausentes, pese a la familiaridad de las formas percibidas.
Actividades, acciones y talleres varios acompañaron el transcurso de la muestra. También hubo una ceremonia del té dirigida por el artista, que puso a la vista el obrar de sus manos y un hablar pausado, la voz apenas audible acompañando un ritual que no se dio como lo culturalmente esperado. Actualizar la ceremonia de hacer el té como lo preparaba su tía es, en apariencia, diferente a seguir el ritual de la cultura japonesa. Pero todo puede estar en todo: la referencia a un acontecer de la historia personal puede contener, sin contradicción, aquello que parece no pertenecer a ese camino de vida.
En el encuentro de cierre, el artista conversa con el crítico Juan Laxagueborde, quien rescata al arte como aquello incomunicable: “si me lo podés explicar, no lo hagas”, define.
Si hay algo congénito en las producciones de Daniel Joglar, es el estado latente de aquello que no puede ser nombrado.
VIVIANA SAAVEDRA
