Exposición Individualjun 2017 - ago 2017· Por Sylvia Werneck

Camila Soato

Zipper Galería

Durante la infancia, nuestro conocimiento del mundo se va construyendo a través de experiencias sensoriales: es una época en la que el lenguaje verbal todavía no ha adquirido su futura supremacía sobre la noción de lo que es “estar en el mundo”. La vivencia, en ese momento, se da a través del tacto, del olfato y del paladar, y, con frecuencia, la mirada sola no basta, sino que se precisa de la colaboración de los otros sentidos para ser útil; es realmente necesario para el niño oler, tocar, lamer. Durante algunos años, antes de que percibamos que determinadas actitudes provocan cejas levantadas, mentones caídos y tal vez hasta voces exaltadas, nos guía, pura y simplemente, nuestra insaciable curiosidad. Sin objetivo claro, sin agenda política, sin estrategia de negociación o manipulación, hacemos lo que nos da la gana, obedeciendo a nuestro deseo genuino de explorar las sensaciones y las experiencias. Todavía no tenemos juicio del valor, poco entendemos de los conceptos del mundo de los adultos, no sabemos con mucha precisión lo que significan palabras como "bueno", "correcto", "adecuado", "moral"; todavía estamos al comienzo de nuestro “adiestramiento” para la vida en sociedad. Primero necesitamos conocer; solamente más tarde, con los códigos que nos son transmitidos, comenzamos a clasificar las cosas por orden de importancia, o relevancia, o utilidad.

Exposición Individual: Camila Soato  — imagen 1
Camila Soato. Ocupar e resistir 1 (Ocupar y resistir 1), 2017. Óleo sobre lienzo. 200 x 300 cm (78 47/64 x 118 7/64 pulgadas). Cortesía: Zipper Galeria.

Partiendo de esta premisa, podemos concluir que toda convención, toda moral, todo prejuicio, y hasta cualquier ética, son un constructo social. No nacemos con una lista mental ya hecha sobre lo que es bueno o malo, y "reprobable" o "loable" son conceptos que varían de una cultura a otra, que operan con diferentes intensidades, en distintas circunscripciones de tiempo y espacio. En esta constatación reside uno de los puntos clave de la práctica artística de la brasilera Camila Soato. Echando mano a la técnica más consagrada de toda la historia del arte –la pintura–, Camila Soato deconstruye todo lo que el statu quo impone como sólido, tanto dentro como fuera del espacio expositivo. Pone en jaque los mandamientos del propio arte, como el esmero en el terminado, o el trompe-l´oeil o hasta la autoría, apropiándose de imágenes de los medios, de obras icónicas y de internet, aplicando el color en capas empastadas de colores puros que fueron mezclados aparentemente con gestos rápidos e intensos, tanto con los pinceles como con las manos; deja a la vista el dibujo inacabado y descubierto, negando brechtianamente cualquier posibilidad de aceptar la tela como retrato fiel de la vida; deja en la tela grumos de color acumulado que remiten a excrementos. A esta manera de construir sus trabajos, la artista le da el nombre de fuleragens. El término viene del argot fuleiro (grosero, cutre), que tiene que ver con lo imprevisto, la chabacanería, un cierto descuido. El concepto fuleragem fue creado por el Grupo de Investigación Cuerpos Informáticos (GPCI), que reúne artistas performáticos que desarrollan investigaciones bajo la coordinación de Maria Beatriz de Medeiros, profesora de la Universidad de Brasilia, en donde estudió Camila Soato. Según la artista, su participación en el grupo consiste en una influencia mutua muy enriquecedora.

En la individual Caviar é uma ova se ofrece una muestra bastante completa del trabajo de la artista. Son cerca de treinta telas inéditas, que se mantienen fieles a las convicciones de Soato. Allí están el sarcasmo, el relajo y la escatología, sus armas contra las hipocresías y los prejuicios; también se destacan la celebración del feminismo y de las libertades individuales y la denuncia del ridículo de las apariencias, las palabras que desnudan la realidad de sus adornos, en frases como la que da el título a la muestra, que hace un juego entre lo obvio y la provocación1. Figuran también pinturas donde la artista se retrata a sí misma como alguna persona relacionada con las causas que abraza. Los borrones, los esbozos y la falta de terminado son hechos a propósito y usados como herramientas de fuerza; la atención del espectador se ve atraída por vía de la agresividad del trabajo, en una estrategia lograda. A la belleza de lo esmerado, que sitúa al público en una postura de simple contemplación, la artista prefiere el choque que genera cuestionamiento. Como en Ventilador na ppk dxs outroxs es refresco, que muestra una niña con la falda levantada delante de un ventilador portátil. Las implicaciones conceptuales son varias: desde la escogencia de la x en el título para evitar fijar un género cualquiera, pasando por la desmitificación de los genitales femeninos, aquí llamados con el argot popular ppk (pepeca), hasta la insinuación de placer sexual sentido por el personaje de la escena. Camila Soato vuelve el arte al revés, contribuyendo a enviar un mensaje malcriado de “cállense la boca” a la desgastada discusión sobre la muerte de la pintura. En el otro extremo, también eleva a un nuevo estatus las ni pretenciosas ni importantes escenas que toma de los medios sociales, usándolas para poner en jaque nuestras nociones más sagradas. ¡Nada más contemporáneo!

NOTA

1. En portugués, la expresión “¡Es un huevo!”, en respuesta a una frase de alguien, denota de manera un poco agresiva que el oyente no cree que lo que se ha dicho es verdadero o que tenga valor.

SYLVIA WERNECK

Camila Soato, por Sylvia Werneck | artnexus