Anita Malfatti

Grupo dos cinco (Grupo de los cinco), 1922. Lapicero de tinta y lápiz de color sobre papel. 26.5 x 36.5 cm (10 7/16 x 14 3/8 pulgadas). Fotografía: Romulo Fialdini.

Exposiciónjun 2017 - ago 2017· Por Xenia Bergman

Anita Malfatti

Museu de Arte Moderna de São Paulo

Rêver a Anita Malfatti, a un siglo de su mítica Exposición de Pintura Moderna –Casa Mappin, Libero Badarò, que le concedió el título de gatillo1 del Movimiento Moderno–, presupone un ejercicio curatorial de mucha pericia. Regina Teixeira, curadora independiente, fue la escogida para dar cuerpo a Anita Malfatti: 100 anos de Arte Moderna.

Documentos, trechos críticos y apuntes de diarios colocan en contexto una selección de raras y archiconocidas obras subdivididas en años de iniciación; momento de formación en París, y temas folclóricos del final de su vida.

Exposición: Anita Malfatti — imagen 1
O homem de sete cores (El hombre de siete colores), 1915-1916. Pastel y carboncillo sobre papel. 60.7 x 45 cm (23 57/64 x 17 23/32 pulgadas).

Siendo un caso único en la historia de la recepción de arte en el país, el ciclo de ensimismados debates de la Academia era reemplazado por el efecto shock o el escándalo que sobrevendrían. En el principal diario de la ciudad, a sólo diez días de inaugurarse la muestra, Monteiro Lobato publica el artículo “A propósito de la exposición Anita Malfatti”. Las acusaciones fueron atroces, de “estrabismo en la visión” y de pertenecer a “un tipo del artista que ve de modo anormal”, convenciendo a muchos de que sus telas no eran más que signos caricaturales de “paranoia y mistificación”2, provocando en el acto la masiva devolución de recién adquiridos cuadros.

Exposición: Anita Malfatti — imagen 2
Academia XI, c. 1917. Mixta. 62 x 47.5 cm (24 13/32 x 18 45/64 pulgadas). Fotografía: Rómulo y Valentino Fialdini.

Estudiosos apuntan que, de las cincuenta y tres obras expuestas, la virulenta crónica de Lobato estaba dirigida a la serie que más tarde Anita llamaría Inmigrantes (de 1915), títulos como La estudiante rusa, El japonés, El hombre amarillo, La mujer de cabellos verdes. (De las cuales, vale abrir paréntesis, sólo figuran las dos primeras en la exposición del MAM, algunas no cedidas por tratarse de ítems en las colecciones permanentes). No es casual que sea en esta serie donde surge su más conocido déjà vu. Ese analítico color tan caro a su obra de vanguardia sería culpado por “acentuar” la deformación de las figuras. Malfatti, en cambio, había combinado bases del expresionismo con la experiencia de un Duchamp y su Desnudo descendiendo la escalera, descubierto en la Primera Exposición Internacional de Arte Moderno de Nueva York, el Armory Show (1913).

Así, los argumentos del crítico para “ridiculizar” a la joven de 27 años solapan en verdad un ataque indirecto a las vanguardias foráneas, y a un tipo de intelectual, que comenzaba a rivalizar dentro de las élites paulistas: el inmigrante. Prueba de ello es que, solo unos meses antes, Lobato daba su voto a Malfatti por la tela Tropical (1916), cuando ejercía como jurado. Y, no necesitamos decirlo, no faltaban en ella la domesticación de los temas nacionales y la forma clásica pretendida por Lobato.

Exposición: Anita Malfatti — imagen 3
O farol (El farol), 1915. Óleo sobre tela. 46.3 x 61 cm (18 15/64 x 24 1/64 pulgadas). Fotografía: Rómulo y Valentino Fialdini.

Pero, ¿qué restó de positivo en la querella? No podemos ignorar la reacción en cadena provocada alrededor de 1917. Para Oswald de Andrade, quien era famoso por sus irónicos discursos antipasadistas, “consiguió para el medio un buen provecho, agitándolo, y quitándole su tradicional lentitud de comentarios”3. Mario de Andrade, escritor clave en el movimiento, al Hombre amarillo le dedica un soneto: “Y aislados por la crecida del escándalo que se había adueñado de la ciudad, nosotros tres o cuatro delirábamos ante los cuadros. A ese mismo Hombre amarillo yo le diqué un soneto de forma parnasianísima”4.

En un corto margen de tiempo, estos nuevos intelectuales, movidos por el efecto en cadena, inauguran la Semana de Arte de 1922, donde los epítetos de artista mártir reaparecen. Allí se colgaron, junto a algunas Inmigrantes, series anteriores, como aquellos paisajes desempacados en los cajones traídos de Nueva York, obras de 1915: Farol y Paisaje (amarillo), Monhegan, cuyos juegos de contorsionismos, “del valentísimo susto, en barco que la llevó hacia las rocas en alta mar”5, pudieron expresarse. Con esta serie, Anita para siempre entraría en la historia del paisaje expresionista nacional.

 Así como con la serie de los desnudos masculinos en carbón y pastel, también repasado en 1922, entrará en la historia del dibujo modernista. Los desnudos, ya fuera por moralismo, o por su técnica, fueron otras obras que dieron de qué hablar a los expertos. Según nos cuenta en su diario, siendo su visión el punto débil de su producción de debutante en 1914, fueron elogiados por el mecenas Freitas Valles.

Exposición: Anita Malfatti — imagen 4
Tropical, c.1916. Óleo sobre tela. 77 x 102 cm (30 5/16 x 40 5/32 pulgadas).

Otro saldo fue frecuentar con Tarsila, Menotti y los Andrades el grupo de Los Cinco, donde la teoría del movimiento reverbera de nuevo; y que a modo de crónica nos regala en el dibujo Los Cinco, (1922). Produjo además los múltiples retratos de Mario, como Mario en la Paulicea (dibujado sobre un menú). Además, para miembros del grupo realiza ilustraciones de sus libros, como Condenados de Oswald, y Hombre y la Muerte, de Menotti, que podemos ver tras las vitrinas, donde la oda al movimiento de sus desnudos masculinos se repite.

Ya entrando en el segundo núcleo, vemos el resultado de su adhesión a la tendencia Retorno al Orden. Obras en su mayoría producidas en París durante la Beca Pensionato de São Paulo6, que culmina en 1928, como Mujer de Pará e Interior de Mónaco, c. 1928. En esta etapa, Malfatti se refugia en el clasicismo de los postimpresionistas Monet y Matisse. Después de una sección de retratos, vemos cómo su obra se fusiona en una célebre serie de folclóricos: Trencito, de 1940, y Samba, de 1941/45. Aun siendo criticada por sus contemporáneos, la artista no dudó en exponerla cuando fue invitada a la Bienal de São Paulo.

En las últimas décadas de su trayectoria vuelve a enseñar en el colegio Mackenzie, e instituciones como el Museo Roerich, en Nueva York, la invitan a curar importantes muestras. Su nombre integra, como miembro distinguido, las agrupaciones sindicales Sociedade Pró-arte Moderna y Familia Artística Paulista, que por fin en los últimos años deja nuevos motivos por develar.

NOTAS

1. Esta expresión fue reseñada por Mario Silva Brito en História do Modernismo Brasileiro. Antecedentes: a Semana de Arte Moderna. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 1974

2. Monteiro Lobato. “A propósito de Anita Malfatti”. Estado de São Paulo, dic., 1917.

3. Oswald de Andrade. Diario del Comercio, São Paulo, 11 de enero de 1918.

4. Mario de Andrade. Obras escogidas.

5. Anita Malfatti. Cuadernos de Diario.

6. Institución creada en 1922 para promover el desarrollo de la producción artística del Estado costeando los estudios en Europa.

XENIA BERgMAN

Crítica de arte.

Anita Malfatti, por Xenia Bergman | artnexus