En Art@Work, espacio de arte alternativo que tiene lugar en la sala de espera de la práctica de ortodoncia del Dr. Arturo Mosquera, la artista y compositora colombiana, radicada en Miami, Alba Fernanda Triana instaló la obra Partitura sonora (2009), que consiste en una instalación sonora y visual que se genera a partir de una pantalla con una interfaz interactiva. Esta permite al público entablar un diálogo y accionar una composición que contiene todas las variaciones de una pieza compuesta por la artista y que, siendo manipulada por el espectador, modifica mediante algoritmos de la composición original. A la vez, hermosos círculos de colores que aparecen en el “libro”, y también proyectados en una pantalla al fondo de la sala, representan las notas, que ejecutan sonidos musicales pregrabados, y, al ser tocados, cambian de formas y tamaño en una proyección simultánea con el audio. En este caso, el propio instrumento es el libro, y la pieza se toca mediante acciones simples como pasar la página y tocar los botones que aparecen en la pantalla.

En general, el cuerpo de trabajo de Triana reflexiona acerca de los elementos constitutivos de la música, mientras propone construir puentes sonoros y visuales que ofrezcan una experiencia vivencial, auditiva y estética al espectador, quien se relaciona de modo intuitivo con sus instalaciones. Por otra parte, entrecruza los caminos de la arquitectura del sonido junto con los de lo visual, satisfaciendo así las exigencias de una comprensión híbrida y abierta del arte contemporáneo. Triana se preocupa por la redefinición contemporánea de la música, trabaja con las vibraciones y con el ruido e intenta redefinir los elementos básicos de la composición, tanto sonora como visual, desde una “mirada” polifónica.
Una de las preguntas fundamentales que Triana se hace es si la música debe ser únicamente percibida a través de uno solo de los sentidos. A partir de este cuestionamiento, construye instalaciones que siempre tienen un componente visual, debido a su reflexión continua acerca de la fisicalidad del sonido: ese espacio/ intersección entre arte, música y tecnología. La artista experimenta con las vibraciones, las frecuencias, los algoritmos y las imágenes produciendo un sólido y poético cuerpo de trabajo a través de los años, indagando sobre las estructuras operativas de la composición musical, su polisemia, epistemología, la autoría y el espacio visual que ocupan.
En relación con Partitura sonora, la artista comenta: “El libro se convierte en instrumento, el instrumento es tocado por el espectador, el espectador se convierte en músico, el espectador se convierte en coautor, el autor no genera la pieza, la pieza se genera mediante el instrumento, etcétera”. Así, la pieza se acoge a la idea de la mutación, a lo aleatorio y a la dialéctica entre apertura y cambio de roles, así como las propiedades intrínsecas de la estructura musical.
Cada vez que un espectador acciona el libro, este emula una nueva representación visual y sonora de la partitura original, y así, el espectador se convierte en ejecutante temporal de dicha partitura, porque cada vez, según los puntos y colores que oprima en el libro, sonará una parte de la composición integral, permitiendo al público sentir y reflexionar acerca de aspectos pertinentes a la composición musical como el tono, los registros, la duración, las dinámicas y el timbre, de forma intuitiva y aleatoria, desvaneciendo así la jerarquía de compositor/público y permitiendo que tanto la vivencia compositiva como la auditiva y visual sean colectivas, en lugar de individuales.
Musicalmente, Partitura sonora evoca los sonidos pregrabados de un Glockenspiel, y los dibujos que aparecen en las hojas del libro virtual crean una ambientación que asemeja la huella en el agua del caer de la lluvia. La imagen que se genera visualmente es una representación en tiempo real de cada acción detonada, que cruza la frontera de lo meramente auditivo con lo visual y táctil, respondiendo a una de sus áreas de investigación primordial: el estudio del comportamiento de las ondas musicales, de cómo estas viajan, y de cómo se pudieran visualizar hipotéticamente.
Partitura sonora funciona perfectamente bajo los preceptos de obra abierta, en la que el objeto de arte funge a la vez como partitura y como instrumento, pero también como espacio de arte, instalación que invita al público a vivir la experiencia de la música desde otro lugar, uno más participativo y visualmente atractivo. La persona que participa se convierte en artista, en performer también, pues está tocando, mostrándose ante el público que lo está viendo y oyendo, esperando en la consulta para ser atendido.
Las instalaciones de Alba Fernanda Triana se traducen en experiencias participativas, a la vez que meditativas, ambientales e interactivas, en las que el intercambio de roles entre escuchas y ejecutantes es fundamental para que la obra se complete; así, el rol del compositor se funde con el del espectador, lo cual no necesariamente significa la simplificación del proceso compositivo, pero sí permite que el espectador se entregue a una experiencia visual y auditiva ejecutada por el mismo, sin necesidad de saber tocar un instrumento o poseer estudios musicales. Partitura sonora encuentra sentido ante el espectador solo cuando es modificada por el espectador, y se reconstruye la pieza, como diría Umberto Eco en "Obra abierta", incitando al intérprete-público para que ejecute esos “actos de libertad consciente” que la completan.
Para escuchar y visualizar la obra de Triana, favor visitar http://www.albatriana.com/partitura-sonora.html
AMALIA CAPUTO
