Para su tercera exposición individual en Francia (Galerie Xippas, 1993, y Crestet Centre d’Art, 20001), Ricardo Brey (La Habana, 1955) presenta en la galería de Nathalie Obadia ocho collages y cuatro grandes dibujos (todos de 2016), dos instalaciones –Birdland (2001-2016) y Árbol cortado y escombros (2013-2014) –, así como su antigua Venus de 2004. El exilio, el tiempo, el desplazamiento y la cuestión de la identidad son temáticas recurrentes en la obra de Brey. Sus títulos en varios idiomas, o con el empleo de neologismos, indican las preocupaciones más importantes que esta obra de total fineza, subjetividad y misterio construye y deconstruye, crea y destruye, y en la que los restos y desechos, los residuos y cenizas no son más que fantasmas de la memoria, ecos del olvido, alegorías de la brevedad de la vida y su fin ineluctable.

Obra potente y frágil a la vez, sutil, terrena y material, obra abierta y cerrada que interroga tanto la fugacidad como la inmutabilidad de las situaciones y las cosas. Si bien el artista reivindica el azar y la improvisación, su obra se muestra como extremadamente pensada y construida. En la elección de los materiales existe una especie de “afectación” (las estrellas, los espejos, las cadenas con campanitas metálicas, etcétera) que choca con una “cotidianidad banal” (cajas de hierro oxidadas, cartones manchados de grasa, una cobija militar desgastada por el uso, platos rotos, neumáticos, etcétera), objetos que regresan con el paso del tiempo como un vocabulario formal y conceptual que, con su repetición, va tejiendo sin embargo la trama de nuevos discursos. Todo cambia y sin embargo todo permanece idéntico.
La elección de una policromía oscura para los collages –casi se podría hablar de monocromía, a tal punto sus colores se reducen a la tierra, el negro de la madera calcinada, el verde-gris del metal envejecido, el óxido, el negro y el blanco mates del papel fotográfico– es un desafío del artista al contraste luminoso de los magníficos dibujos que presenta en esta exposición. En efecto, aunque sentimos una forma de acumulación en sus trabajos (cajas de cartón apiladas que nos hacen recordar los “libros” de plomo presentados por Anselm Kieffer en la Bibliothèque Nationale de France en 2015), la depuración autoriza al espacio para que vuelva a ocupar su lugar en los dibujos, teniendo como contrapunto oscuro las diversas variaciones respecto al “círculo”, “el cercado” o “la elipse”, especie de cosmogonías metafóricas en las que se despliega una constelación de frases y letras dispersas en un grafismo lleno de sutileza.
Existe además la naturaleza amenazada o devastada, otra obsesión de la desaparición, donde Brey evoca la relación entre la permanencia y la inestabilidad de las cosas y los lugares. En varios de los últimos collages, el artista resalta la figura del árbol, o, más bien, la de un fragmento de tronco que subraya la organicidad de las formas. Exilio temporal asocia la fotografía de un tronco compuesto de múltiples retoños que pueden anunciar el renacimiento del árbol pero que Brey condena introduciendo pedazos de madera atacados por las termitas. En Keep your lamp trimmed (Mantén tu lámpara con la llama corta), la fotografía muestra un tronco ya cortado hasta la agonía, dividido en su centro por un objeto indefinible (¿piedra?), pero también condenado por el cuerno que lo atraviesa de lado a lado. Soyez vigilants (Tengan cuidado), nos advierte Brey, frente a la degradación de la naturaleza por el hombre, el azar o el destino –las cartas de juego–, como lo muestra claramente la instalación Árbol cortado y escombros. El arte de Brey podría ser asociado a aquel otro, más militante y directo, de Frans Krajcberg quien utiliza árboles calcinados para denunciar la destrucción de la selva amazónica.
Los cuatro grandes dibujos de 2016 abordan los orígenes, divididos entre la amenaza (Inferno), el nacimiento/el nido (Centro Terra) y el desplazamiento (Departure), pasando por el encierro (Inclosure). En Centro Terra, el centro de la Tierra es concebido, a través de un diseño arácneo, como un volcán literario que escupe palabras y frases ("camino", "selva", "angustia", "cueva", "Lucifer", "gigante"…) sobre el papel quemado. El juego de contrastes entre la parte superior del dibujo, donde pesa la masa compacta y negra sobre otra masa más ligera en la parte baja, hecha de círculos imbricados los unos en los otros, construye Departure (Partida), dibujo en el que las oposiciones se conectan mediante un eje vertical.
Birdland (obra que recuerda la presentada en 2000 en el Crestet Centre d’art e titulada Nest (Nido) reúne, en un recipiente que hace las veces de corola-nido, la naturaleza, el jazz, la presencia humana, lo religioso y el origen. El suelo alrededor del “nido” está cubierto de fragmentos de vajilla, cáscaras de huevo, botones, ganchos de pañal, etcétera. Toda una mezcolanza sentimental, referencial y sensible para interrogar a la vida y sus irrevocables contradicciones.
NOTA
1. ArtNexus, Christine Frérot, abril/junio, 2001.
CHRISTINE FRÉROT
