Era una tarea pendiente. Hace tiempo que la obra polifacética y atrevida de la artista nicaragüense Patricia Belli merecía una exposición que ofreciera una visión de su trayectoria. Finalmente, de julio a octubre de 2016, TEOR/éTica presentó la muestra titulada Frágiles: Obras de Patricia Belli, 1986-2015. Organizada bajo la curaduría de Miguel López, se trataba de una retrospectiva resumida, una síntesis de tres décadas de trabajo dentro del pequeño gran espacio de TEOR/éTica.
A pesar de que la obra de Belli no es complaciente, que incluso incorpora cierta violencia, la exposición transmitía una sensación de tranquilidad, de encontrarse uno dentro de un espacio de silenciosos retos intelectuales y visuales. Las piezas seleccionadas revelaban formas y temas puntuales en la evolución de su carrera artística, desde sus primeros ensamblajes hasta instalaciones y videos recientes, desde composiciones íntimas hasta testamentos de carácter político. Mostraba que, ya desde los años ochenta, Belli representaba al ser humano a través de fragmentos anatómicos, o de vestimentas vacías. Por ejemplo, en Trampas (1997), una serie de medias de nailon que colgaban inertes de sus ligas hacían referencia a mujeres ausentes, a existencias vividas bajo los preceptos de un sistema impuesto.

Al emplear materiales sencillos, usados y gastados, Belli revela actitudes políticas hacia el arte y la poesía comprendidas como formas de expresión genuinas y personales. Igualmente, percibimos convicciones feministas en el acto de combinar, rasgar, coser y zurcir retazos de tela en composiciones abstractas y altamente expresivas. La columna rota (1996) transmite tanto placer como dolor, con sus recortes de sostenes o corsés montados uno sobre otro como vértebras torcidas, con sus filas de corchetes que parecen pequeñas dentaduras. Alude, además, al doloroso autorretrato del mismo título por Frida Kahlo. Así como reconstruye frágiles prendas interiores, en el video Pelo (2001) deconstruye la imagen del cabello como elemento necesario del discurso dominante con respecto a la belleza femenina, cuando una mujer a quien vemos de espalda pasa de manosear su melena rubia a mostrar su cabeza calva, al írsele cayendo lo que resulta ser una peluca. Y para quienes siguen creyendo que “hay que sufrir para ser bella”, Belli ofrece un oscuro y simbólico Zapato (1998) de tacón alto cuya plantilla está cubierta de púas.
Entre los objetos surreales de Belli también figuran muebles antropomorfos. El ensamblaje Plegaria (2001) está compuesto por una suerte de pequeña cómoda de madera, cuyos cajones asemejan bocas abiertas. Del otro lado del mueble, sobre el suelo, salen dos largos cojines inertes con pies tridimensionales, como las piernas de un sacerdote en humilde postración. En Confundida (2000) vemos una butaca de patas largas que emerge horizontalmente de lo alto en la pared. De su asiento tapizado caen brazos con manos abiertas que se extienden hacia el observador. Belli hace referencias a las personas, a los espacios domésticos, pero también a relaciones humanas disfuncionales.
En el video Sísifo (2015) figura un equilibrista representado por dos dedos de una mano que cruzan una cuerda floja. Además, la mano carga un número creciente de piedras que dificultan la posibilidad de lograr el balance en este acto circense, y, aparentemente, en la vida. El tema de la inestabilidad también constituye el trasfondo de collages como Terremoto o Huracán (2014), compuestos por una colección de dibujos y calcados sobre papel, montados de manera irregular sobre la pared. La artista pasa de la angustia personal a la inestabilidad de todo un pueblo y a los desequilibrios sísmicos repentinos con los que nos sorprende la naturaleza, cuyas severas consecuencias los nicaragüenses entienden mejor que la mayoría de sus vecinos en la región.
Como parte sus investigaciones recientes sobre el tema del equilibrio, Belli produjo una instalación sonora de una gran cabeza volcada que contaba historias de personas que lo han perdido, que presentó en la X Bienal Centroamericana de manera simultánea con su exposición en TEOR/éTica. En la muestra individual, la pieza Porfiadas (2015) incluía tres esculturas de cabezas humanas colocadas en el suelo alrededor de un bate de béisbol, que colgaba de tal manera que, de ser movido por algún espectador, golpearía las cabezas una y otra vez. Desencadena pensamientos con respecto a nuestros sistemas políticos fracasados y a los interminables ciclos de violencia en la región.
Belli es una mujer de armas tomar en su actitud hacia la vida, y también hacia transmitir sus conocimientos para promover el arte entre los jóvenes que buscan su camino. Más allá de su creación propia, como bien lo explica Miguel López en el folleto de la exposición, ella “ha sido probablemente la figura más importante en los procesos de renegociación crítica de la educación artística en Centroamérica, formando a cientos de jóvenes creadores de todos los países de la región en los programas alternativos que ha impulsado en Managua desde 2001”1.
Las obras de Patricia Belli presentadas en TEOR/éTica daban que pensar. La exposición deja al observador con deseos de ver, saber y entender más sobre su desarrollo artístico. Por suerte, está por publicarse un libro que le hará justicia a esta artista, cuya contribución al arte contemporáneo de la región ha sido tan significativa.
NOTA
1. http://teoretica.org/portfolio/fragiles-obras-patricia-belli-1986-2015/
MÓNICA E. KUPFER
