Exposición Individualmar 2017 - may 2017· Por Susana Benko

Luis Romero

Sala TAC-Trasnocho Cultural

Recientemente se clausuró en la Sala TAC una importante exposición de carácter antológico del reconocido artista, editor y promotor cultural venezolano Luis Romero. En esta se mostraron series representativas de su trabajo a lo largo de casi tres décadas, seleccionadas bajo el criterio curatorial de Eliseo Sierra.

Varios ejes importantes se desprenden de esta exposición tanto en el tratamiento formal de las piezas como en sus sentidos. Uno de ellos es la relación profunda y a la vez generosa por parte de Romero con artistas referenciales del arte moderno y contemporáneo. Ciertamente, artistas como Marcel Duchamp, László Moholy-Nagy, Man Ray, el venezolano Roberto Obregón, entre otros, forman parte de su universo referencial, con los cuales él construye su obra personal. A esto se agrega otro aspecto constante en su proceso creativo: la captura de elementos circundantes que toma de sus recorridos urbanos, viajes, pensamientos, etcétera. Sierra lo define acertadamente como un artista recolector y señala que esta práctica se convierte en su método de trabajo volviéndose un sistema. Así, Romero construye imágenes.

Exposición Individual: Luis Romero  — imagen 1
Luis Romero. El libro negro de la noche, 2013. Monotipos, tinta litográfica sobre papel Guarro. 38 x 28.5 cm c/u (14 61/64 x 11 7/32 pulgadas). Fotografía: Ricardo Jiménez.

Este proceso se mantiene desde su obra inicial de finales de los ochenta e inicios de los noventa. Señaló Ruth Auerbach en el texto de presentación de la exposición de Luis Romero en Alejandra Von Hartz Gallery en Miami, 2015, que el discurso plástico de Romero se sustenta en el reciclado de imágenes, textos, tipografías y objetos, trabajados mediante técnicas y soportes diversos, tales como el dibujo, la pintura, el ensamblaje y el collage. Y agrega que mucha de esta iconografía proviene del ámbito doméstico, así como del entorno urbano.

El primero de ellos, el doméstico, se aprecia en la fotografía de 1988 donde aparece la sombra proyectada de una jaula con pájaros sobre la pared. Este registro adquiere significación formal en su obra posterior: la luz se convierte en elemento conformador de la imagen, como también los elementos existentes en la realidad. De allí la importancia del objeto cotidiano, como situaciones efímeras cargadas de sentido. Los collages realizados en 1995 en Ámsterdam, título asimismo de la serie, dan cuenta de ello: son papeles encolados de imágenes de paisajes y arquitecturas, anotaciones, emblemas, etcétera, que dejaron su impronta. Estos fragmentos de ideas y memorias son trabajados bajo diversos criterios de intervención en collages realizados inmediatamente después.

La luz y la sombra, por otra parte, devienen en elementos expresivos esenciales en los fotogramas realizados en Holanda a partir de 1995. Son piezas que recuerdan las experiencias de Moholy-Nagy y Man Ray. En ellos, el “aura” de los objetos queda fijada sobre el papel sensible por la incidencia de la luz. Con este recurso, Romero realiza su Autorretrato (1995), como homenaje a Roberto Obregón, cuyo autorretrato realizó aquel en Niágara (1994), una de sus obras emblemáticas.

La nocturnidad es otro de los ejes presentes en la exposición. En efecto, la referencia a la noche aparece en varias obras de Romero: Estudio para nocturno (1995), Eclipse (1995), Nocturno –Zonnebloem– (1995), y en Nocturnos, de reciente data. En El libro negro de la noche (2013), conjunto de monotipos que conforman una gran retícula presente en la exposición, no solo denota ambigüedad entre lo figurativo y lo abstracto, sino que traza otro aspecto relevante en el desarrollo de su obra: la importancia del desplazamiento de la figura en el espacio. Ello hace que, por momentos, su obra parezca devenir hacia una abstracción de las formas. No obstante, en esta muestra no hay una definición conclusiva hacia una u otra forma de representación. Ambos, lo referencial figurativo o lo abstracto, se manifiestan en diversas series teniéndolos como eje oscilar en medio de esta dicotomía. En 2010, por ejemplo, las alusiones a las rejas de la ciudad son representadas mediante un variado tramado lineal. Se trata de trazados geométricos realizados sobre madera tallada que conforman un gran panel en una de las paredes centrales de la sala de exhibición. Pese a su apariencia abstracta, los títulos de cada recuadro indican su procedencia en el ámbito urbano venezolano. Caso opuesto es la serie serigráfica Atardeceres (2013), en la que conjuga concepto, imagen y espacio, piezas que se convierten por su color en paisajes crepusculares y, simultáneamente, en espacios para el pensamiento. Los collages de 2010 y los fotogramas de 2014, por otra parte, registran figuras vegetales, otro tema de importancia en la obra de Romero. Es en los círculos de D.R.O. I, II, III (2015), piezas de caucho recortados, que el artista condensa, por un lado, un lazo comunicante con Obregón y, por el otro, una síntesis –abstracta– de la circularidad predominante en muchos de sus nocturnos.

Luis Romero ha tenido en los últimos años una actividad descollante dentro y fuera de Venezuela, en la que ha mostrado aspectos parciales de su creación. No obstante, esta es la primera exposición que resume una trayectoria de casi tres décadas de consistente producción.

SUSANA BENKO

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