Exposición Individualmar 2017 - may 2017· Por Richard Leslie

Luis Molina-Pantin

Henrique Faría

Luis Molina-Pantin apareció por primera vez en la pantalla artística neoyorquina entre 2013 y 2014, con sus fotografías de las extravagantes y frívolas viviendas de los ricos capos de la droga en Cali (Colombia), y las algo estériles oficinas administrativas de destacadas galerías de arte de Nueva York. Un año antes, fue uno de los catorce fotógrafos jóvenes seleccionados por Martin Paar para incluirlo en el C Photo Book New Latin Look (Fotolibro C Nuevo estilo latino) de 2012. Ahora regresó con su segunda exposición individual, pero esta vez con libros y libros y más libros, que debería haber sido el nombre de la exposición, y no el popular y genérico Works on Paper (Obras sobre papel). Sin embargo, el título, sin proponérselo, planteaba una pregunta muy interesante: ¿las obras de quién están sobre papel y por qué? Infortunadamente, las respuestas más interesantes solo estaban a la vista o disponibles en muy pocas oportunidades.

Exposición Individual: Luis Molina-Pantin  — imagen 1
Luis Molina-Pantin. Contemporary Painting (Pintura contemporánea), 2013 - 2016. 80 libros. Dimensiones variables. Serie de 3. Fotografía: Arturo Sánchez. Cortesía del artista y Henrique Faria.

Había libros encontrados, libros creados, fotografías de libros, libros llamados “cinéticos” y “coloreados”, e incluso un fotolibro que simulaba una Microsoft Surface Pro. En alguna parte aparecía la frase “obsesivo-compulsivo”, ignorando el hecho de que lo que muchos consideran un trastorno mental es en realidad una herramienta importante y una cualidad para los artistas. El filósofo Jacques Derrida lo llamó “mal de archivo”.

Al no haber leído los libros que Molina encuentra tan fascinantes, no me quedó más remedio que adivinar el contenido y especular sobre el significado de las obras y los puntos de vista personales del artista con base en lo que se ha coleccionado, y en una interesante aunque contradictoria entrevista publicada por el sitio web de la galería.

Algunos parecían obvios, como en los siete libros coleccionados por Marta Harnecker y Gabriela Uribe publicados por Cuadernos de Educación Popular en una serie numerada, con títulos que no necesitan traducción: Socialismo y Comunismo, Monopolios y Miseria, Imperialismo y Dependencia, Explotación Capitalista.

El artista decidió titular el conjunto, exhibido en una vitrina, como muchos de los libros coleccionados o encontrados, Lectura abstracta, lo que suena raro para lo que parece ser una orientación política muy concreta y específica y de gran importancia en Estados Unidos en este momento de su historia política, en especial si uno sabía lo que había detrás de estos libros pero no se publicó.

La serie fue publicada en Chile durante el gobierno de Unidad Popular, bajo el régimen de Allende, y planteaba la misma pregunta que nos hacemos hoy en todo el mundo: ¿Por qué tan pocos tienen gran parte de la riqueza? Por supuesto, la respuesta, entonces y ahora, se remonta a las caracterizaciones del capitalismo hechas por Karl Marx en el siglo XIX. (Para los que estén interesados, una traducción al inglés del Segundo cuaderno, Los orígenes de la explotación capitalista, puede bajarse gratis en línea en http://links.org.au/files/HarneckerCapitalist%20Exploitation.pdf. Esto parece adecuado para una serie de folletos que se reimprimió en muchos países, junto con preguntas de estudio.

Similares a Lectura abstracta eran las ocho ediciones del mismo libro de 1976, Del buen salvaje al buen revolucionario, del autor, diplomático y personaje televisivo venezolano Carlos Rangel (1929-1988). Pero allí, la importancia social y política del texto de Rangel se anulaba a propósito mediante lo que parecía ser el interés primordial de Molina por el formalismo. Cada edición tenía una portada de diferente color, y ese era el tema del título que les dio el artista: Colour Bars (Barras de colores).

Qué interesante habría sido si se hubiese incluido el subtítulo, Mitos y realidades de América Latina, o si se hubiera hecho referencia a la traducción al inglés de este último, The Latin Americans: Their Love-Hate Relationship with the United States (Los latinoamericanos: su relación de amor-odio con Estados Unidos).

Asimismo, de la obra más grande de la galería, ochenta libros colocados uno al lado del otro en la pared, bajo el título Contemporary Painting (Pintura contemporánea), fueron seleccionados por los diseños a color de sus cubiertas. Todos eran productos de la empresa editorial más famosa de España en la década de los setenta, la compañía familiar multinacional Salvat España (1869-1988, cuando la compró el grupo francés Hachette). La casa editorial es importante para Molina, y también el tema de su fotolibro Monocromo naranja, de 2016. En la entrevista al artista, él se refiere al efecto del editor y su democratización de la alfabetización; el título se tomó de la impresión que hizo Salvat en 1971 del libro de Julián Gállego sobre historia del arte.

Por lo general, estas cuestiones simplemente se aceptan o se ignoran como decisiones del artista, pero las afirmaciones de Molina en la entrevista demuestran que él no puede decidir cuál dirección puede ser mejor, y a menudo confunde su propia “holgazanería” con el término “arqueólogo urbano”, como prefiere llamarse a sí mismo. El crítico Holland Carter, del New York Times, al comentar sobre el anterior y más conocido trabajo fotográfico de Molina, dijo que el artista tiene la capacidad de presentar obra en la que “proyecta y a la vez socava ilusiones de dominio”. Eso no se vio mucho en esta exposición, pero podría haberse visto. Confío en que su visión se estabilice y se esclarezca a medida que él explora el potencial de este nuevo medio, los libros.

RICHARD LESLIE

Luis Molina-Pantin, por Richard Leslie | artnexus