Exposición Individualmar 2017 - may 2017· Por Isaura Ruiz

Luis Felipe Ortega

MARSO

La galería MARSO, activa en la Colonia Juárez desde 2013, representa a doce artistas de diferentes nacionalidades y generaciones. Tiene un activo programa de actividades que incluyen exposiciones y una constante participación en el circuito internacional de ferias y bienales, además de publicar libros de artista y de promover residencias.

Esta galería exhibió la obra más reciente del multidisciplinario artista Luis Felipe Ortega (Ciudad de México, 1966), uno de sus representados y quien ha sido parte de un grupo de artistas vanguardistas desde 1990.

Desde sus inicios en el proyecto alternativo Temístocles 44 hasta la actualidad, la práctica artística de Luis Felipe siempre ha abarcado diversos medios, como el dibujo, el video, la fotografía, la escultura y la instalación. La exposición Noche larga en el presente reúne varias técnicas, además de sus intereses literarios y académicos, en un lenguaje personal, pero al mismo tiempo trasciende a la esfera de lo social y lo político.

Exposición Individual: Luis Felipe Ortega — imagen 1
Luis Felipe Ortega. Esquina expandida (líneas, cantos, reflejo y peso), 2016. Madera, espejo, hilo y plomada. 65 x 65 x 500 cm (25 19/32 x 25 19/32 x 196 27/32 pulgadas) (aprox.).

Después de su participación en la 56ª Bienal de Venecia, Luis Felipe Ortega exhibe diez obras, en las que arma un discurso personal en donde utiliza el equilibrio, la geometría, las texturas de materiales disímiles como el vidrio, la madera y la piedra, el grafito. A partir de sus investigaciones se realiza preguntas con las que pretende ir desentrañando un proceso en donde reúne la poesía con el proceso creativo y se va nutriendo de diversos autores, jugando con la investigación y la creación, incluyendo referencias a William S. Burroughs, Louis-Ferdinand Céline, Samuel Beckett, Jean Genet y Truman Capote.

También destaca de manera especial, la alusión al escritor y cineasta Pier Paolo Pasolini en las dos obras tituladas Sobre la desaparición de las luciérnagas, metáfora que utiliza para mencionar en el presente la añoranza de otros tiempos y la ausencia de algo muy valioso y apreciado.

De igual forma, otra de las obras es un políptico de cuatro óleos sobre madera, que podría considerarse como un homenaje abstracto a Marcel Broodthaers, el poeta, cineasta y artista belga perteneciente al conceptualismo y que aportó una nueva forma de pensar la relación artista-obra-museo.

La aproximación a distintos medios y las referencias literarias y filosóficas siempre han estado presentes en la obra del artista, ya que él mismo ha mencionado la necesidad de explorar diversos medios y lenguajes. Le parece que limitarse a uno solo es limitar la capacidad discursiva de las obras. El sustento de su obra, en parte, se basa en el bagaje de diversas corrientes y de distintos medios que confluyen en un nuevo relato.

La pieza central de la exposición aborda la ausencia, y, por medio de un sentido filosófico, busca construir un discurso político en torno a un hecho deplorable en la historia reciente de México: la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero.

A partir de abstracciones gráficas, logra hacer una metáfora de la invisibilización y realiza 43 ensayos/dibujos de 70 x 40 cm, que corresponden a cada estudiante y que son un retrato indefinido e incierto de un episodio lleno de interrogantes con pocas o confusas respuestas. Estas ausencias, desdibujadas, representan un hueco ominoso para el Estado y para las familias de los desaparecidos, que no han podido tener un duelo al no contar con los cuerpos o alguna evidencia que pudiera sugerir que siguen estando con vida.

Para la historia de América Latina, estas ausencias han sido recurrentes y han tratado de ser abordadas por numerosos artistas. Para Ortega, la función específica de esta obra que da título a toda la exposición, y que de manera poética habla sobre la fatídica noche de Iguala, es propiciar un espacio de reflexión sobre el tema, buscando que el espectador tome una posición, generando conciencia sobre la necesidad de aclarar el presente para, como sociedad, poder fijar una postura hacia el futuro.

De manera paradójica, la obra genera una fuerte presencia silenciosa que invita a la construcción de un discurso crítico a partir de tres elementos simples: grafito y pastel sobre papel. El grafito cubre poco a poco, capa por capa, el papel hasta hacer desaparecer unos primeros trazos en pastel, imposibilitando ver qué hay debajo de las gruesas líneas sobrepuestas y acumuladas del grafito. Así, el silencio y el vacío convergen de forma que solo desde ellos se pueden entender el vértigo y la oscuridad del presente.

ISAURA RUIZ

Luis Felipe Ortega, por Isaura Ruiz | artnexus