Leda Catunda es un mito de las artes visuales brasileras. Esa distinción no se construyó de manera aleatoria. Con una trayectoria que se confunde con momentos importantes de la historia del arte, Leda Catunda se ha mostrado incansable en la búsqueda de una obra comprometida con interrogantes estéticos y humanistas. Sus trabajos, que figuran entre la pintura y el objeto, entre lo bi- y lo tridimensional, son singulares, marcados por la intensidad de colores, texturas y volúmenes.
Su nombre fue escogido para inaugurar el proyecto Nuestras artistas, creado por el Instituto Tomie Ohtake, en São Paulo, que propone una secuencia de muestras individuales dedicadas a las artistas que hicieron y hacen la historia del arte brasilero. Con la exposición I love you baby, bajo la curaduría de Paulo Miyada, el trabajo de Leda Catunda puede apreciarse a partir de la reunión de más de una centena de obras realizadas desde 2003 hasta 2016, entre pinturas, collages, grabados, dibujos y objetos, además de obras hechas especialmente para las paredes de las salas del instituto.
En ese conjunto, el dibujo como estructura pictórica establece una síntesis inédita del desbordamiento de imágenes y temas recurrentes en la obra de Catunda. Como una catalizadora de la cultura material, la artista construye reflexiones sobre asuntos tales como el consumo, los varios estridentes lenguajes de comportamiento, las efemérides y la “espectacularización”, a partir de la utilización de elementos cotidianos, como toallas, tapetes, lonas, plásticos, camisetas, ventanas, fórmicas, entre otros.

Paulista nacida en 1961, su talento se destacó inicialmente entre los varios artistas de la efervescente Generación 80. Hoy, suma décadas de dedicación a la construcción de una obra peculiar, marcada sobre todo por la profusión de materiales como tejidos y plásticos, y por técnicas diversas, como collage, costura y fotografía. También se puede decir que hay una “poética de la blandura” en el trabajo de Leda Catunda. La volumetría proporcionada por los materiales utilizados en las obras crea un territorio más allá de la pintura, son pinturas-objeto. Imágenes figurativas provenientes de fotografías y dibujos están envueltas en tejidos coloridos y establecen paisajes. Con características de blandura y formas orgánicas redondeadas, algunas parecen “derretirse”, especialmente cuando salen del muro y se desparraman por el piso.
Rever la trayectoria de la artista es la mejor manera de ubicar su relevancia. Catunda estudió en la Fundación Armando Álvares Penteado (FAAP), en una época en que el circuito brasilero de artes era medio indiferente a los artistas contemporáneos. Dado que muchos museos y galerías preferían exponer grandes nombres del modernismo, las escuelas de arte acabaron tornándose referentes fundamentales para el arte emergente. La FAAP, que al lado de la ECA-USP era una de las principales referencias en esta área, tenía profesores de la talla de Regina Silveira, Nelson Leirner y Júlio Plaza (1938-2003), artistas de la polémica generación de los años sesenta y setenta que procuró desbancar la institucionalización de la pintura como lenguaje privilegiado, proponiendo nuevos conceptos: la desconstrucción de la imagen, el uso de soportes diferentes, etcétera.
Todavía como alumna, Catunda creó trabajos osados, con técnicas mixtas y resultados interesantísimos. Entre sus primeras obras había composiciones hechas a partir de fotografías sacadas de imágenes de la televisión, que servían de base para litografías, pinturas y videotextos.

La exposición Cómo va Ud., generación 80? en la escuela de Artes Visuales (EAV-Parque Lage), en 1984, en Río de Janeiro, selló definitivamente el éxito de Leda Catunda. Con más de una centena de artistas (buena parte de la misma EAV y de la FAAP), la muestra proponía una reflexión sobre los nuevos caminos de la generación 80. Para la crítica y el mercado de arte en general quedaron asentadas características como el compromiso con el retorno a la pintura, las grandes dimensiones de los trabajos (muchas veces sin bastidor), la importancia de la gestualidad del pincel en la tela, el uso de colores tradicionalmente incompatibles, la búsqueda de nuevos materiales y el terminado brutalista. Entre las influencias estaban el neoexpresionismo, surgido en los años ochenta en Alemania, para proponer un arte gestual y vivaz, y la transvanguardia, una especie de versión italiana del movimiento alemán.
En las décadas siguientes, a pesar de que el fuerte trazo autoral de Leda Catunda estaba siempre presente en su obra, algunas preferencias formales se transformaron. En lugar del carácter descriptivo y caricaturesco de los años ochenta, la artista se dedicó a crear composiciones geométricas más “limpias” en términos del color, figuración y textura. En esta búsqueda de una mayor abstracción, le interesaban elementos estructurales, juegos de intensidad de colores y luces, modulaciones.
En la muestra actual, la artista volvió a despertar todavía más la curiosidad y las sensaciones táctiles del espectador. Son formas agradables y sensuales que, mediante materiales maleables y leves, se refieren muchas veces a elementos de la naturaleza. La artista se mantiene fiel en su búsqueda, investigando asuntos fundamentales para su obra: la apropiación de imágenes para criticar el consumismo de la sociedad capitalista; la ironía para hablar de los arquetipos cotidianos de esta sociedad; el uso valiente de materiales heterodoxos; la investigación de los límites entre la pintura y el objeto.
* Fotografía: Eduardo Ortega
ALESSANDRA SIMÕES
Asociación Nacional de Críticos de Arte (ABCA), Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

