Julio Le Parc, uno de los fundadores del colectivo de artistas Groupe de Recherche d’Art Visuel [Grupo de Investigación de Arte Visual (GRAV, por su sigla en francés)], es respetado como pionero en la utilización de tecnología desorientadora, con el fin de consolidar el papel del espectador, desde el punto de vista intelectual y físico, en obras de arte que hablan a favor del cambio político y social. Hoy, en esta extraordinaria y a menudo vertiginosa exposición en el Pérez Art Museum, uno se queda sorprendido al darse cuenta de cuán adelantado a su tiempo estaba él, y cuánto influyó en movimientos artísticos que fluctuaron entre el arte cinético, la estética racional, el op art y los proyectos de nueva tecnología que son parte tan importante del vocabulario visual actual. En 1958, Le Parc se trasladó de Argentina a París, donde su obra artística y teórica fue una decisiva fuente de inspiración para la vanguardia parisina por muchos años. Ahora está recibiendo el reconocimiento que debería haber recibido tiempo atrás en Estados Unidos, donde hay un creciente interés en la abstracción geométrica, unida a cautivadores efectos visuales. Esta primera visión de conjunto del arte de Le Parc presentada en Estados Unidos, con más de cien obras que incluyen instalaciones luminosas en las que el visitante puede participar, le sigue la pista a su carrera de sesenta años, desde sus tempranas obras sobre papel, que ya demostraban su interés en el diseño rítmico, la teoría del color y los efectos ópticos, hasta pinturas monumentales y objetos y experiencias cinéticos. La exposición, curada por Estrellita B. Brodsky, quien ha estudiado y escrito mucho sobre Le Parc, es una experiencia sensorial que incluye espejos, piezas traslúcidas de acrílico, instalaciones reflectivas de piso a techo, y demuestra el compromiso del artista con la experimentación y la activación a lo largo de muchas series y muchos años.

Siguiendo el tema del empoderamiento social, Form into Action está dividida en tres secciones temáticas que empiezan con obras tempranas sobre papel, y pinturas que muestran el compromiso del artista con el color como constructo teórico y como un medio de desestabilización de la superficie. En esta área se destaca en particular The Long March (La larga marcha), una serie de diez pinturas que fluyen alrededor de un espacio que se curva, diseñado especialmente, que invita al espectador a entrar y seguir su sensación de movimiento a través del color. La siguiente sección presenta las laberínticas y complejas instalaciones del artista en una secuencia de tres salas luminosas que son lo más desorientador de la exposición. La sección, llamada Displacement, Contortions, Reliefs (Desplazamiento, Contorsiones, Relieves), recrea instalaciones que se exhibieron primero como parte de la participación de GRAV en la Bienal de París de 1963. Para su primera exposición en Estados Unidos, las obras proporcionan la experiencia más estéticamente desorientadora para el espectador y ratifica con exactitud la intención del artista de crear nueva conciencia espacial y física a través de una diversidad de intervenciones ópticas. Para el visitante, la experiencia de inmersión continúa en la tercera sección, Play & Politics of Participation (Juego y política participativa), en la que los supuestos muros físicos e ideológicos construidos por el museo ya no separan al espectador de la obra de arte. Desde un encuentro con un divertido espectáculo casi carnavalesco hasta la tecnología más avanzada que existe en las herramientas contemporáneas de realidad virtual, este enfoque de la participación del espectador y los proyectos colectivos comenzó en los días de activismo político en Argentina, cuando Le Parc era estudiante, y él nunca perdió su compromiso de cambiar la forma de ver el arte y cómo este podría utilizarse con fines de análisis político y social que se enfocara en la participación de todos, no solo de la élite. Incluso cuando GRAV se disolvió como colectivo en 1968, Le Parc siguió abierto a trabajar en grupos y a forjar nuevas direcciones que pudieran cumplir un papel en los actuales constructos sociales. Durante los últimos cincuenta años, revisó, recreó y reparó obras con el fin de garantizar su efectividad y su sentido de inmediatez para el espectador. Cloison à lames réfléchissantes (Separación con Cintas reflectivas, 1966-2005) está compuesta de simples paneles de acero rojo dispuestos como diamantes dentro de un diamante que cambia ópticamente en forma constante para dominar una de las galerías oscurecidas, en contraposición a las instalaciones de paneles de espejos reflectivos que la rodean. Uno tras otro, las percepciones y el sentido de equilibrio, óptico y físico, del espectador se cuestionan.

No obstante la aparente complejidad de las instalaciones, Le Parc construye su obra con los elementos formales y básicos de la pintura: color, línea y forma, reorganizando de manera constante estos elementos en secuencias repetitivas y seriadas que dan como resultado sistemas progresivos y arreglos, cuyas estructuras se ajustan tanto a obras bidimensionales como a relieves cinéticos y a instalaciones a gran escala en las que la luz tiene un papel definitivo y agrega otro componente de inmersión a la experiencia para el espectador. Continuel-mobile (Continuo-móvil, 1963-2016) ubicada a la entrada de la exposición, sirve de preparación visual pues con sus paneles de acero en constante movimiento introduce de inmediato al visitante en lo que parece ser una extraordinaria experiencia artística que no decepciona.
Si la intención de Le Parc, dentro del contexto de su propio espíritu creativo y el Manifiesto GRAV de 1961, fue cuestionar las opiniones aceptadas de que el arte es algo que un público educado debe ver desde una distancia prudencial, esta exposición surte efecto. El espectador es constantemente bombardeado con lo sensual e innovador, a medida que la interacción reemplaza la normalidad del control exclusivo de los medios tradicionales por parte de un artista. La última obra, Sphere Rouge (Esfera roja, 2001-2012), es un dramático cierre; con sus cuadrados de acrílico reflectivo en constante movimiento y brillantemente iluminados (los mismos elementos básicos), crea el intrincado entorno sensorial. En todas las obras de Le Parc, las paredes institucionales son inexistentes en el sentido tradicional, y al final del recorrido por la exposición, los jóvenes y los mayores, los sofisticados y los novatos han compartido una sugestiva y lúdica incursión en el mundo del arte creado por uno de sus maestros más ingeniosos e innovadores.
* Cortesía del artista Julio Le Parc © 2016 Artists Rights Society (ARS), Nueva York / ADAGP, París. Fotografía: André Morin.
CAROL DAMIAN
Crítica de arte y curadora. Ph.D. en Historia Latinoamericana.

