Exposición Individualmar 2017 - may 2017· Por Breyner Huertas

Gustavo Toro

Museo La Tertulia

Las esculturas de Gustavo Toro (Pereira, 1982) son objetos que se alejan cada vez más de la imagen, la fotografía o la experiencia que los suscitan. La distancia entre la referencia inicial y la obra final aumenta bajo un proceso de abstracción consecuente, que además logra que aquella circunstancia original maximice su sentido al ser reformulada. Por ejemplo, durante ArtBo 2013, en la sección de Arte Cámara, presentó una serie de obras (Ensayos de evasión) que aludían específicamente a situaciones en las que la población de un lugar se enfrenta a problemas de desbordamientos de agua; a partir de esta referencia, desarrolló unos objetos que poseían en sí mismos micronarrativas que rechazaban lo documental. Las obras consistían en deformaciones y ensamblajes que dejaban en suspensión la información sobre sus orígenes y detonaban nuevas hipótesis.

Exposición Individual: Gustavo Toro — imagen 1
Gustavo Toro. Son las aguas las que hacen la ciudad, 2016. Instalación: tierra fértil, muro de concreto y pintura. Dimensiones variables. Cortesía del artista.

A propósito del lugar es la exposición de Gustavo Toro en el Museo La Tertulia, producida bajo el Programa C, concebido por el Museo de Arte Moderno de Medellín, y curada por Juan Sebastián Ramírez. Como su nombre lo indica, la exposición tiene como punto de partida un lugar no específico que aborda la noción de territorio como categoría y concepto, sin precisar una localidad ni población. Las condiciones arquitectónicas y naturales dan cuerpo a las esculturas, sin estas corresponder directamente a una realidad. Las fotografías expuestas no pertenecen a un lugar existente porque su referencia se omite para neutralizar el documento, y las imágenes son paisajes provisionales que sirven como fundamento o mito originario de las obras.

Esta muestra presenta Superficie interrumpida (2014), Inflexión (2015) y Son las aguas las que hacen la ciudad (2016), además de dos fotografías de paisaje que asocian todo como si fuera una sola instalación. A pesar de haber sido creadas en años diferentes, hay intereses que se mantienen y otros que se desarrollan, incluso si tenemos en cuenta las obras referidas al inicio de esta crónica, exhibidas en ArtBo 2013. Gustavo Toro extiende la idea de observar y trabajar las dinámicas naturales y artificiales del territorio, sus transformaciones y accidentes. Superficie interrumpida está conformada por una mesa de hierro sobre la cual hay unas piezas pequeñas hechas con láminas de concreto, que hacen las veces de apuntes en miniatura acerca de procesos de construcción observados por el artista, por ejemplo, una lámina delgada y recta que rodea una piedra y que alude a la adaptación de lo arquitectónico al paisaje, y viceversa. La instalación se complementa con un tendido de finas baldosas, también en hormigón, que en ciertos puntos se levantan como si las raíces de un árbol pasaran por debajo de ellas deformando sutilmente la retícula.

Inflexión es una imagen impresa sobre seda delgada y traslúcida apoyada en la pared y que por detrás tiene una gruesa lámina de concreto que da textura a la imagen y se vuelve un fondo dinámico para el paisaje. La fotografía muestra una playa con una construcción de cemento que podría ser un pedazo de muelle que se mantiene en pie o un templo ilógico en medio de la arena. Con esta obra, el artista le otorga a la imagen características de la escultura, tales como una posición problemática en el espacio (en el suelo y apoyada en la pared), traslucidez y peso, además de resaltar la referencia al paisaje como imagen y como objeto.

En el 44 Salón Nacional en Pereira habíamos visto una versión de la obra Son las aguas las que hacen la ciudad, que ahora se muestra en Cali instalada sobre una base de tierra que la expande y que da la sensación de fusionarse mucho más con el espacio. Los visos azules de color sobre la tierra parecen vanos de luz o agua cristalina que no fluye ni transita, como si la fuente se hubiera quedado estática, como si fuera artificial. La tierra fértil de la escultura produce retoños de plantas, se desmorona, se desbarata y se mueve. Los rectángulos de tierra, tan planos y tan rectos, contienen diversas contradicciones como objeto, que hacen de la obra un antiparadigma o una ocasión para desbaratar las estructuras que damos como un hecho.

Vale la pena finalizar con una anotación sobre el emplazamiento del Museo La Tertulia, en relación con la propuesta de Gustavo Toro (a propósito del lugar). El terreno sobre el que se construyó el museo fue durante mucho tiempo un balneario popular del río Cali conocido como “El Charco del Burro”. En algún momento de los años sesenta, el río Cali fue desviado con el fin de extender el tramo de la Avenida Colombia, que llegaba solo hasta el Obelisco; en dicha maniobra, el Charco del Burro desapareció y tuvo que ser rellenado con escombros. La exposición adquiere una pertinencia particular, si pensamos en las circunstancias arquitectónicas de un museo inspirado en el Palazzo della Civiltà Italiana de Roma, que se erige sobre el fantasma de un río. Quizá la abstracción y la proyección racional de las formas toman una distancia respecto a sus condiciones originales, que pueden en algún momento fortalecer el sentido de lo que está en juego en ellas.

BREYNER HUERTAS

Gustavo Toro, por Breyner Huertas | artnexus