Exposición Individualmar 2017 - may 2017· Por Agustina Struengmann

Ernesto Ballesteros

Ruth Benzacar Galería de Arte

Si usted hubiera entrado a Conjetura, en la Galería Ruth Benzacar, se habría sorprendido. El nuevo conjunto de obras de Ernesto Ballesteros (Buenos Aires, 1963), consistente en fotografías, monotipos, aguadas, collages y muebles, representó un giro en relación con su obra expuesta anteriormente. La muestra, como lo expresaba el título, era una constante exploración de la intuición, una invitación a desaferrar percepciones, a experimentar, a adivinar, a detenerse y mirarse en los ojos de los demás.

La exposición empezaba con una serie de seis fotografías de colores vivos que deslumbraban al espectador. Al examinarlas más de cerca, había algo ambiguo en ellas; planteaban interrogantes: ¿Cómo llegó Ballesteros a esas composiciones abstractas? ¿Cuál es el proceso de producción? Las respuestas no eran evidentes de inmediato.

Exposición Individual: Ernesto Ballesteros — imagen 1
Ernesto Ballesteros. Conjetura, 2016. Instalación. Dimensiones variables. Fotografía: Violeta Mollo. Cortesía del artista.

Cubierta de manchas redondeadas o puntos de colores violeta, negro y rojizo, la forma circular de Untitled (Sin título, 2016) sugería un paisaje abstracto del cielo. Si estaba familiarizado con la obra anterior del artista titulada 18448 covered stars (18448 estrellas cubiertas, 2001), el espectador podría sospechar que había una semejanza con esta. De hecho, Ballesteros decidió acercar la cámara sobre la sección del cielo de la fotografía original 18448 covered stars, a tal punto que todo se volvió abstracto y ya no se podía visualizar el paisaje real.

Otra fotografía, Untitled (Sin título, 2016), representaba un diseño borroso en el que algunos puntos grandes, oscuros e irregulares emergían de manchas difusas de colores verde, anaranjado, violeta, rosado, azul y, en cierto modo, blancas. La falta de nitidez de las imágenes y el hecho de que estaban agrupadas en un salón podían llevar a que los visitantes se sintieran mareados. Las obras tenían algunos elementos del Op Art, ya que insinuaban movimiento y producían un efecto seductor, presentando figuras irregulares, más no geométricas, que nos recordaban formas naturales como las de amebas bajo un microscopio.

En realidad, el artista tomó 18448 covered stars como fuente para todas las fotografías expuestas. Después, recortó, suavizó y amplió cada imagen hasta que de la química de la diapositiva surgieron formas y colores nuevos. El tratamiento que él les dio a sus fotografías difiere de la serie Stars (Estrellas, 1989-1992), de Thomas Ruff, que son secciones ampliadas, sin cambios, de imágenes telescópicas del cielo, o de la anterior serie de Ballesteros titulada Mosaics (Mosaicos, 2007 hasta hoy), en la que diversas imágenes tomadas desde diferentes ángulos se agruparon para generar más información. En las imágenes presentadas en Conjetura, la fotografía original fue completamente alterada por la cámara del artista, lo que produjo una nueva imagen, que era una mezcla de información predeterminada real e irreal que transformó la fotografía original.

Las fotografías de Ballesteros ofrecían primeros planos de imágenes distantes, “lo que está lejos, no está lejos en absoluto”, llevando a los ojos de los espectadores espacios, colores y formas recién revelados que, por otra parte, desafiaban a simple vista1.

En la segunda sala podía verse una serie de monotipos más calmados hechos con acuarela, inspirados en la técnica de impresión japonesa. Todos tenían formas circulares, aunque irregulares. La cantidad (17) y su diversidad resaltaban la continua exploración del artista, como si algo estuviera a punto de surgir, pero no quedaba claro qué. Los monotipos estaban dentro de marcos pero eran muy sutiles, un poco difusos, de cortes irregulares y descentrados, todo lo cual acentuaba la idea de conjetura. Estos y las aguadas, a diferencia de las fotografías, nos recordaban la sutileza, el color y la /acción/el movimiento de los dibujos a lápiz de Ballesteros.

En el salón principal había una serie de aguadas, collages, y un mueble en el centro. Este consistía en un tubo hueco, rectangular, de madera, de 2,5 metros, sostenido por cuatro patas, con una pequeña banca en cada extremo, que invitaba a los visitantes a sentarse y mirarse entre sí. Estaba colocado sobre un tapete anaranjado que tenía la misma forma de ameba presente en las fotografías y los collages.

Con esto, el artista estaba interesado en generar intimidad en medio de un espacio público, una idea que provino de su experiencia cuando representó Indoor flights (Vuelos en el interior) en la Bienal de Venecia de 2015, donde, en medio del caos del Arsenal, él, en silencio, se dedicó a echar a volar pequeños aeroplanos hechos a mano. De este modo, el mueble alentaba a los visitantes a pararse en el espacio alfombrado, sentarse y mirar a través del tubo. Esta acción creaba un espacio para que la mirada penetrara, se concentrara o meditara. El artefacto también alteraba nuestra percepción del espacio; los visitantes sentados en cada extremo se sentían más cerca unos de otros, aunque estaban a 2,5 metros de distancia. A diferencia de las disfuncionales carretas de Ballesteros que no llevan a ninguna parte, este mueble, por el contrario, tenía un propósito: brindar la oportunidad de hacer una pausa o de disfrutar una intimidad inesperada.

En Conjetura, lo real daba pie a lo irreal. La sutileza de los monotipos y las aguadas se oponía a los atrevidos colores de las fotografías o las texturas sintéticas de los collages. En medio de todo esto, un implemento de madera empeoraba la desconexión o fomentaba una conexión con otra persona. En resumen, la exposición desestabilizaba, planteaba interrogantes sobre procesos artísticos y trastocaba percepciones de distancia. Tal como para el espectador, el prepararse para la exposición fue para Ballesteros una conjetura, un proceso, ya que una obra llevaba a la otra, y formas similares surgían sin estar planeadas. En sentido estricto, Conjetura representó una búsqueda continua para el artista y para el público.

NOTA

1. Extracto del texto “Conjetura” de Ernesto Ballesteros, que los visitantes podían encontrar cuando entraban en la galería.

AGUSTINA STRUENGMANN

Ernesto Ballesteros, por Agustina Struengmann | artnexus