Exposición Individualmar 2017 - may 2017· Por Jorge Lopera

Erika Diettes

Museo de Antioquia

“Lo insepulto es una deforme figura que aparece de múltiples maneras en los escenarios pasados y presentes de América Latina. A veces el arte va tras ella en una siniestra fascinación por lo deforme, lo improbable, lo inasible, pero como acto desesperado por imaginar formas posibles para tan desgarrador pathos”. Ileana Diéguez

 Desde hace no poco tiempo, al arte se le ha reclamado de manera incisiva comprometerse con la realidad social a fin de impactarla y, quizás, transformarla. Aunque esta tarea titánica ha sido puesta en tela de juicio numerosas veces, hay artistas que han logrado enlazar los hilos de la estética y lo social de manera evidente. En un contexto como el nuestro, en el que la violencia ha sido inmanente a la historia reciente, el arte, podríamos decir, aún tiene un campo semántico para afirmar, cuestionar e interpelar las condiciones de la vida misma ante nuestra realidad. En esta perspectiva se inscribe el trabajo de la artista Erika Diettes, expuesto en el Museo de Antioquia desde el pasado 9 de noviembre bajo el título Relicarios.

Exposición Individual: Erika Diettes  — imagen 1
Erika Diettes. Vista y detalle de la exposición: Relicarios, 2011-2015. Técnica Mixta (tripolimero de caucho y objetos). Dimensiones variables. Cortesía de la artista y del Museo de Antioquia.

Relicarios es una obra que presenta, a través de un montaje impecable, los objetos pertenecientes a quienes partieron, como recuerda el mito de Caronte, en el navío que lleva al mundo de los muertos. Cada objeto, o en ocasiones grupos de objetos, confiados por las víctimas que Diettes visitó en varios recorridos realizados por el territorio colombiano, son puestos en pequeños cubos de tripolímero de caucho color ambarino; cada uno mide 12 x 30 x 30 cm. Así, con una disposición milimétrica en la sala temporal norte del Museo de Antioquia, quien entra al espacio se topa con una suerte de lugar sagrado, solemne, acaso porque la muerte de los otros recuerda nuestra propia finitud, o más aún porque se sabe que la ausencia del otro es producto de la violencia y el conflicto armado que ha vivido el país durante ya varias décadas. La ubicación de las piezas a ras de piso semeja un santuario en el que yacen los recuerdos de 165 familias que participaron en el proceso realizado por Diettes, no solo entregando los objetos, sino, también, en principio, participando en la elaboración de las pequeñas cajas ambarinas.

En la propuesta de Diettes, la desaparición, la muerte y el duelo encuentran un modo de representación. Los objetos se convierten en testimonio del desasosiego de quienes enfrentan el dolor que inevitablemente trae la ausencia. Son, también, testimonios de una realidad llevados a un pequeño habitáculo de lo inasible, del recuerdo. Para Ileana Diéguez, curadora de la muestra y profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana de Cuajimalpa, cada cubo es una morada alegórica en la que habita el vestigio de una vida.

Ante la propuesta de Diettes, podría pensarse que la violencia exige nuevos paradigmas de comunicación, en los que el arte tiene claramente una responsabilidad imperante. Y no necesariamente porque sea la única vía que los artistas deban tomar, pues esto negaría también la pluralidad que nos ofrece el arte desde las aperturas que tuvieron los modos de representación a lo largo del siglo XX, pero sí porque resulta inevitable eludir el contexto en el que se produce el arte, a veces emparentado con realidades sociohistóricas de territorios marcados por una amalgama de situaciones siniestras.

El dolor, ese sentimiento inefable, toma lugar en las piezas que conforman Relicarios, recordándonos que se trata de un proceso colectivo. Los objetos y prendas dispuestos dentro de las pequeñas cajas ambarinas ponen de presente el afecto que tienen quienes quedan en este mundo por aquellos que ya partieron. Y es que probablemente los afectos y la memoria sean los únicos lazos invisibles que intentan atarnos a esa presencia ausente. El gesto poético de traer esas presencias de lo ausente a los terrenos de la plástica tiene, entre otras cosas, una apuesta de mayor envergadura que trasciende la contemplación del objeto estético; se trata de aquella que repara y otorga paz a quienes fueron tocados por la violencia. De este modo, aunque la obra de Diettes tenga como lugar de escenificación el museo, los orígenes de las piezas son la vida misma, y en muchos casos, la vida periférica, rural, de esos otros invisibilizados.

Relicarios es sin duda una reconfiguración del presente. La manera en la que son instalados los objetos, dispuestos en el piso, en un espacio oscuro, hace que la experiencia estética de la obra pase por ser la de adentrarse en una atmósfera luctuosa, en donde los recuerdos de lo ausente nos proponen situarnos en un vaivén que a veces tiende a la memoria, pasa por el instante inmediato y se extiende hacia un futuro apacible.

JORGE LOPERA

Erika Diettes, por Jorge Lopera | artnexus