Exposición Individualmar 2017 - may 2017· Por Mónica Kupfer

David Solis

Museo de Arte Contemporáneo de Panamá

David Solís lleva casi cuatro décadas viviendo en Francia, donde por años se ha dedicado a pintar los paisajes de su país natal, recreados a través del fecundo filtro de su imaginación y la melancolía de sus recuerdos. En su más reciente exposición individual, en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá, volvió a impresionar con una serie de veinte óleos y quince obras sobre papel, bajo el título Riberas.

Las riberas representan bordes entre un lugar y otro, el encuentro entre el agua y la tierra, un tema que no sorprende en un artista que nació en un país entre dos mares, y que hoy en día vive cerca del Mediterráneo. Aunque en sus composiciones nos parece que podemos reconocer algunos lugares específicos, y que en sus títulos alude a lugares como la bahía de Panamá, hoy en día las siluetas de ciudades al borde del mar que Solís pinta podrían ser tanto europeas como americanas. En su obra actual se une el pasado con el presente, el recuerdo con la realidad.

Exposición Individual: David Solis — imagen 1
David Solís. Selva lluviosa, 2015 - 2016. Óleo sobre tela. 97 x 130 cm (38 3/16 x 51 3/16 pulgadas).

Como en gran parte de su obra anterior, el artista muestra una preferencia por los horizontes altos. En la mayoría de sus paisajes urbanos frente al mar, la superficie pictórica representa el agua, un área en la que él da rienda libre a su imaginación. En algunas composiciones, llena ese espacio con un bosque, o con formas simbólicas o reales, como en Marina con mercado flotante (2012-2014). Sin embargo, en otras, el mar se convierte en un espacio para explorar la abstracción con texturas y diversos materiales, como en Marina con parapeto negro (2012-2014), donde en vez de lugares específicos, Solís transmite sensaciones. Me recuerda la frase del poeta simbolista Stéphane Mallarmé: “No pintes el objeto en sí, sino el efecto que produce”.

Algo similar, pero de manera aún más dramática, ocurre en el caso de las selvas de David Solís. Son bosques de altísimos troncos, patrones de líneas verticales que cubren todo el lienzo o papel. En el borde superior de la composición, en un espacio angosto, vemos las copas de esos árboles, y a menudo un cielo claro que ofrece una salida visual, un escape de la oscuridad del bosque. Se trata de densas selvas tropicales, pues aquí no parece figurar la experiencia europea, sino el puro recuerdo. Impactan por sus formas verticales, pero también por su calidad atmosférica, por la manera en que uno siente la pesada humedad.

Nosotros, los observadores, constituimos el único elemento humano en ese espacio denso y profundo que invita a la meditación. Este es el caso especialmente en obras como Nocturno (2014), donde la gama de verdes selváticos desaparece dejando una obra de fondos negros y árboles casi blancos, con ramas enmarañadas. De toda la exposición, encontramos las junglas más densas y pictóricas en la serie de tres obras, tituladas Noche tropical I, II y III (2015-2016), donde el artista emplea pequeños brochazos en rojo o naranja para crear toques de luz y contraste con las múltiples tonalidades de verde oscuro.

En Últimas luces de la selva (2014-2016), Solís parece celebrar el bosque tropical con colores más luminosos y un fondo más profundo que incluye un cielo azul. En general, sus obras despiertan una sensación de amor por la naturaleza, una reacción contra la urbanización y el materialismo, como una bandera que nos recuerda la importancia de proteger el balance ecológico. Es particularmente apropiado que estos cuadros los veamos en Panamá, donde se está dando la tala indiscriminada de nuestros bosques en áreas como Darién.

En algunas de sus nuevas pinturas, descubrimos otro aspecto en la exploración de la naturaleza que ocupa a Solís. Se trata de una visión en macro, donde patrones aparentemente aleatorios llenan la composición. En Entrelacs (2014-2016) se entrecruzan ramas y lianas en un dinámico patrón, enriquecido por un fondo celeste y el follaje en tonos de verde y amarillo. En Marea baja (2014-2016), la cuadrícula botánica alcanza su máxima expresión, activando la superficie pictórica con formas horizontales y verticales que parecen estar en pleno crecimiento. Esta nueva y más dinámica manera de entender el mundo natural también se refleja en Selva reluciente (2016), con su jungla enmarañada, confusa y vital, pero en ninguna de las obras tanto como en Pesca nocturna (2010-2016), donde un oscuro revoltijo de peces se acerca dramáticamente al expresionismo abstracto.

La técnica de Solís es impecable, un hecho que se nota especialmente en esta colección de obras, donde combinó el uso de óleos, crayones, pasteles, carboncillo y grafito. Tiene un poderoso sentido de composición. Pinta con transparencias y capas de pintura, logrando también crear ricas texturas. De la mano de un artista en plena madurez, la exposición ofrece exploración estética por el mundo natural, pero también por los espacios de la mente, desde la más profunda maraña hasta la lejana claridad.

MÓNICA E. KUPFER

David Solis, por Mónica Kupfer | artnexus