Artista multimedia, Carmela Gross inició su trabajo en un período agitado del arte brasilero: los años setenta; ha llegado a la actualidad con un lenguaje aún crítico y afilado. Fue lo que reveló la exposición Arte a mano armada, mostrada recientemente en la Chácara Lane, aglomeración de casas del siglo XIX, preservadas y pertenecientes al Museo de la Ciudad de São Paulo, en donde la artista presentó como principales recursos la apropiación visual de elementos de la cultura de masas, registros de intervenciones urbanas y obras espaciales.
La muestra reunió un panorama de cincuenta años de trabajo de la artista, con quince series de trabajos y cerca de cincuenta obras, entre históricas e inéditas, además de extensa documentación, nunca expuesta, sobre sus trabajos y proceso creativo. Entre las novedades estaban facsímiles de todos los archivos de proyectos de la artista. Centenas de documentos mostraban el proceso creativo de Carmela Gross, como en las obras La Negra (1997) y Carimbos e Carimabadas (Sellos y Selladas) (1977), con dibujos y estudios de ejecución. Hizo parte de la muestra una instalación en la Capilla de Morumbi, inmueble también perteneciente al Museo de la Ciudad de São Paulo.

Doctorada en Arte en la escuela de Comunicaciones y Artes de la Universidad de São Paulo (ECA - USP), Carmela Gross viene actuando con lenguajes diversificados, como dibujo, litografía, sellos, heliografía, xerox y videoarte, desarrollando experimentos de transposición entre medios. Para Douglas de Freiras, curador de la muestra, en estos cincuenta años, la artista “se ha dedicado a trabajos en los que la presencia de la ciudad y sus elementos de funcionamiento y construcción se hacen presentes, trayendo como principal característica la radicalidad con que el arte puede desafiar y cuestionar la normalidad de las cosas, las lógicas de la ciudad, y su propia lógica”.
En el primer piso, la obra Escalera fue el resultado de un vagabundeo de Gross y algunos colegas por la periferia de São Paulo, con espráis en mano, en 1968. “Un paredón de tierra parecía bueno para pintar”, recordó la artista en el catálogo, que en esa ocasión trató de componer las líneas de una “escalera imposible” con el color sobre la tierra.
En este período (en 1968 salió el decreto AI-5, instrumento de censura del gobierno dictatorial del Brasil), el arte latinoamericano adquirió escala urbana y acento político, pero Carmela Gross mostró cuánto estas opiniones todavía están presentes en su obra actual, como en los afiches expuestos en el segundo piso, con los que dan título a la muestra, Arte a mano armada (2009). Los llamados lambe-lambes fueron distribuidos gratuitamente al público durante el período expositivo.
El lenguaje urbano en la obra de Carmela Gross también estuvo representado por la legendaria pieza La Negra (1997), cuyo título rememora el cuadro homónimo pintado en 1923 por la pintora modernista Tarsila do Amaral (1886-1973). El inmenso volumen creado con tejido de tul y estructura de hierro sobre ruedas acabó siendo una enorme masa desfigurada. La sensación era la de que allí existía una mujer gigantesca desfilando cual un fantasma por las calles, un “objeto-imagen que se mezcla con el movimiento de la calle, de los carros, de los sonidos y ruidos, de las luces de los edificios, de los almacenes, de los anuncios”, explicó la artista.
En su diálogo con la tradición neoconstructivista brasilera, Carmela Gross creó obras como Cierre la puerta (1997), una serie de tubos de hierro sujetos a la pared mediante bisagras, para ser manipulada por el público, cuyo tacto y sonido recuerdan a los bichos de Lygia Clark (1920-1988). El legado de Athos Bulcão (1918-2008), creador de azulejos modernistas, también se puede constatar en la obra de Carmela Gross. Mientras él daba libertad a los albañiles para montar los paneles según sus escogencias, la artista utilizó un recurso semejante en la voluminosa serie de veinte monotipos Pensas, Achas, Pode, Gosto (Piensas, Te parece, Puede, Me gusta) (1996), cuyas palabras fueron reposicionadas cada lunes. Por orientación de la artista, la configuración en el espacio debía ser definida por el responsable del montaje. No había regla o configuración prestablecida.
En diversas obras, Carmela Gross utilizó la intervención a gran escala para aliar arte y espacio. La baranda de la casa fue ocupada por la instalación Himno a la bandera (2002), compuesta por aproximadamente 30 m2 de sábanas en diferentes tonalidades de rosado, mojados diariamente. La artista extrapoló los límites espaciales con la instalación Eu sou Dolores (Yo soy Dolores, 2002), cerca de cuatrocientos bombillos tubulares rojos sujetos a una estructura metálica de veinte metros de largo que traspasan el espacio interno de la casa y se proyectan al área externa.
Site-specific inédito, Escada Chácara Lane (Escalera Finca Lane) (2016) se convirtió en una “escultura-escalera” que proporcionó la unión del espacio del museo con el de una escuela vecina. Recomponer la actividad artística para pensar la educación como actividad libre y creadora fue la intención de la artista al crear “este dispositivo simbólico que pudiese significar el salto deseado, una escalera doble que hiciese la transposición sobre la reja, haciendo posible pasar de la escuela al museo y del museo a la escuela”, afirmó. Por lo tanto, además de confirmar su vocación política y libertaria en obras antológicas, Carmela Gross fundamentó su compromiso actual con una política que potencia el fin de las fronteras entre arte y vida.
ALESSANDRA SIMÕES
