Exposición Individualmar 2017 - may 2017· Por Halim Badawi

Andrés Orjuela

Espacio El Dorado

No existe un solo Andrés Orjuela. En cada exposición suya constatamos la existencia de uno diferente. Y, lejos de ser una contradicción o una traición a sí mismo, esta parece ser la carta de principios del artista: el ensayo, el error, el acierto, la lucidez, la desmesura, el contraestilo, la experimentación, el anacronismo, el futuro, la búsqueda permanente. Orjuela convierte las interrupciones y las derivas libres en las señas distintivas de su trayectoria como artista visual, siempre lejos de la intención de “buscar un estilo”, tan propia de los artistas modernos y de un mercado del arte contemporáneo necesitado de artistas-marca: exóticos, singulares y coherentes.

La exposición de Andrés Orjuela en el Espacio El Dorado de Bogotá nos permitió conocer tres de sus rostros, cada uno correspondiente a diferentes momentos de su producción, uno por piso. El primer nivel estuvo dedicado a una serie de fotografías, de gran formato, que representan flores del Día de Muertos, en México. La belleza de las flores, que el artista presenta de forma aséptica sobre un fondo negro absoluto, no deja entrever el manto de dolor y tragedia que esconden. La imagen visible de las flores se nos presenta como un espejismo que interrumpe nuestra comunicación directa con los hechos, con las circunstancias, como ocurre con gran parte de las imágenes que vemos en la prensa. El segundo piso estuvo dedicado a una serie de pinturas realizadas a partir de titulares de la revista Alarma de México: por primera vez en mucho tiempo, Orjuela pasó de la experimentación gráfica al soporte pictórico. Esta serie hace parte de un proyecto realizado específicamente para el espacio de la galería.

Exposición Individual: Andrés Orjuela — imagen 1
Andrés Orjuela. Vitela: La Prensa//Tlatelolco, 2017. Transfer sobre papeles de época. 108 x 150 cm (42 33/64 x 59 1/16 pulgadas).

En el tercer piso, Orjuela nos mostró dos de sus series más potentes: Muestrarios y Constelaciones. En Muestrarios, Orjuela se dedicó durante un año a recortar las imágenes de sangre que aparecían impresas en la prensa mexicana, recortando en pequeños círculos la tinta roja de la sangre de cada muerto reseñado, para luego disponer estos recortes sobre plaquitas de vidrio, imitando las muestras de sangre de los laboratorios clínicos. Al instalar las placas en el espacio de la galería, Orjuela concede a cada muerto un espacio de dignidad: límpido, diáfano, perenne, casi minimalista, que dista de las imágenes de los cuerpos heridos, los decapitados y los órganos descompuestos que vemos habitualmente en la prensa mexicana de nota roja, con su habitual naturalización de la violencia. En esta serie, la fotografía sanguinolenta de la prensa pasa del rumor amarillista, de la leyenda urbana escabrosa que invita al escándalo del lector, a un registro metódico, clínico, histórico y poético realizado por el artista, reinstaurando socialmente la dimensión humana del muerto, extraviada entre el escándalo y la sucesión ininterrumpida de imágenes de cuerpos desmembrados.

En Constelaciones, Orjuela reconstruyó la posición de las estrellas en el cielo en distintos días del año, a modo de carta astral, jugando al profeta de un futuro incierto. Las estrellas fueron elaboradas a partir de gotas de tinta color sangre recortadas de la prensa mexicana, cada día del año. Cada muerto, cada gota de su sangre, quedó convertido en una estrella del firmamento el día de su muerte, y cada estrella es un muerto diferente, que confluye en una sola constelación trágica, sórdida, gris, que al mismo tiempo no es sangre real, sino un cúmulo de representaciones simbólicas: es aire, es éter. Estas distintas constelaciones de muertos parecen configurar el único horizonte de sentido posible de una nación.

En los pasillos de la galería, Orjuela dispuso varios ensayos para sus obras más recientes, hechas con una técnica conocida como transfer. El artista empleó portadas de revistas mexicanas de nota roja, de las décadas de 1960 y 1970, en las que aparecen mujeres semidesnudas en poses eróticas. Recordemos que la prensa amarillista juega simultáneamente con lo grotesco y con lo erótico, con la sangre y con los cuerpos sensuales de las mujeres, dispuestas para satisfacer el deseo masculino. En esta nueva serie, Orjuela abandona la dimensión grotesca de la nota roja (propia de sus series fotográficas anteriores como Archivo muerto o A través del espejo) para explorar la dimensión erótica de la prensa sensacionalista, con sus capas históricas ocultas.

Sobre los senos, las nalgas y los rostros sonrientes y rubios de las portadas, Orjuela fijó (mediante transfer) imágenes de mujeres procesadas judicialmente por su participación en protestas sociales, tomadas de archivos fotográficos o de la misma prensa. Orjuela juega con la idea, sobre una misma superficie, de que la mujer que escapa de la norma solo es tolerable socialmente cuando satisface el deseo masculino. Las mujeres judicializadas, esposadas, aparecen como fantasmas sobre las portadas eróticas, como una suerte de palimpsesto que se nos revela luego de raspar la superficie de las revistas. Orjuela nos ayuda a develar los roles históricos y sociales que se esconden detrás de las poses sensuales, y cómo la prensa sensacionalista es un instrumento de producción y consumo típicamente masculino, que construye un imaginario específico de la masculinidad y juega convenientemente con los roles femeninos socialmente permitidos.

A pesar de las diferencias presentes en las diversas series de obras expuestas por Andrés Orjuela (me refiero a la disimilitud de soportes y técnicas manejadas por el artista, que podrían distraer al visitante poco familiarizado con su trayectoria o alejar al ojo comercialista que busca “un estilo” identificable y rentable), lo cierto es que, más allá de las reiteradas referencias a la violencia latinoamericana, la obra de Orjuela constituye un gran manifiesto alrededor de la idea de archivo, un manifiesto obsesivamente elaborado sobre cómo los archivos de imágenes tienen capas de lectura ocultas que escapan a la inmediatez propia de los medios masivos de comunicación.

Cada imagen, que vemos durante segundos en prensa o televisión, esconde historias de represión, silenciamiento, ocultamiento, trucaje o transposición, implícitas a la realidad representada o a la imagen fotográfica misma; me refiero al soporte mismo, que a veces puede contarnos historias tan trágicas como la violencia representada. Orjuela persigue, a través de diferentes técnicas de grabado o ilustración (empleando críticamente técnicas gráficas del pasado o creando nuevas producto de su experimentación), develar los fantasmas que subyacen en las imágenes de archivo; hacer emerger los espectros del pasado que puedan ayudarnos a deconstruir y reconstruir críticamente la historia oficial; ayudar a recuperar las historias veladas, comúnmente abyectas, repotenciándolas, reinstalándolas en el imaginario colectivo, trastocando sus sentidos y lecturas normalizadas, sustrayéndolas del círculo frenético de producción, circulación y consumo masivo de las representaciones de la violencia en nuestro continente.

Este es el hilo conductor de la obra de Andrés Orjuela, desde su tesis de grado, titulada Republicanos (2004-2006), cuando usó el yeso y el cemento líquido para grabar imágenes del cóndor andino como aparece en los escudos de los portones de los edificios públicos (y en los membretes de los papeles oficiales del siglo XIX), hasta en su serie Archivo muerto, realizada a partir de las fotografías originales de episodios violentos registrados por el tabloide bogotano El Espacio, cuyo archivo fue dado de baja, luego de la liquidación del periódico en 2013, y recuperado por un librero-anticuario bogotano, quien entregó algunas imágenes a Orjuela, que las amplió de forma desmesurada, antinatural, y las coloreó como viejas fotografías de familia, magnificándolas, concediéndoles un nuevo soplo de vida, volviéndolas un álbum de familia colectivo, evidenciando las formas como una sociedad pierde la memoria, cómo la vida y los archivos fotográficos fenecen. Este interés continuaría en su serie A través del espejo (2015), realizada a partir de un archivo de negativos obtenido en el Mercado de las Pulgas de Bogotá. Este amplio, disímil, bello y trágico repertorio que nos ha regalado Andrés Orjuela durante la última década, seguramente impulsará, como siempre, un disímil, bello y trágico Andrés Orjuela nuevo. Ya lo veremos.

HALIM BADAWI

Andrés Orjuela, por Halim Badawi | artnexus