Exposición Individualmar 2017 - may 2017· Por Claudia Fazzolari

Ana María Tavares

Pinacoteca do Estado de São Paulo

El proyecto de la artista Ana María Tavares puede ser pensado como parte de un debate crítico vinculado a los ecos de la arquitectura moderna brasilera. En su obra –esculturas, equipamientos e instalaciones– cuestiona el sentido de estructuras corrientes y del equipamiento urbano.

El debate asociado a nuestra convivencia en las ciudades, a los proyectos de equipamiento urbano que nos rodean, a las escalas destinadas a la vida, se presenta en su obra como un plano singular, especialmente cuando la creadora acciona al espectador como cómplice en el gran silencio visual del entorno, remitiéndolo al pensamiento de Clarice Lispector, cuando describió vicisitudes de Brasilia, “lugar en donde el espacio se asemeja al tiempo”.

Sus creaciones casi se asemejan a trucos o artificios para confundir al espectador, o mejor, para alertarlo sobre las innúmeras trampas de la vida contemporánea. Hay acero inox, aluminio compuesto, acrílico, madera y vidrio en los proyectos de Ana María Tavares, que establecen, con espejos convexos de tránsito, estructuras tubulares, mallas metalizadas, los experimentos más densos sobre el lugar específico accionado en las obras.

Exposición Individual: Ana María Tavares — imagen 1
Ana Maria Tavares. Bico de Diamante (Puntas de Diamante), 1990. Poliuretano sobre aluminio compuesto, acero carbono y columnas de albañilería. Fotografía: Rômulo Fialdini. Colección: Pinacoteca do Estado de São Paulo.

Recientemente, el público brasilero y extranjero que circulaba por la ciudad de São Paulo tuvo una nueva oportunidad de seguir las últimas propuestas de la artista en su gran exposición.

Para la exposición titulada En el lugar mismo: una antología de Ana María Tavares, realizada en la Pinacoteca del Estado de São Paulo, un conjunto vivo de 160 –creadas en los últimos treinta años– celebraba la vitalidad de las más diversas formas de desvíos conceptuales propuestos por la artista para objetar el uso corriente de estructuras en los comportamientos cotidianos, ante los modelos de una sociedad tan homogénea.

Artista brasilera vinculada a la generación que en las últimas décadas encontró rumbos de investigación bastante autorales, su creación abarca la expresión de un desencuentro de expectativas, o sea, un desvío de rumbos en un diálogo concertado entre la creadora y el espectador. Diálogo constituido por las caras de una polifonía de gestos y acciones en el espacio.

Como desencuentro de expectativas puede entenderse, como clave central de sus propuestas, las expectativas generadas por la obra de arte, en su permanente formulación crítica, en cuanto a la esfera pública, al espacio urbano, a los lugares de paso que recomponen los sentidos de cada experiencia, de cada impedimento en el tiempo y en el espacio.

En la muestra, se destaca un conjunto de obras en el espacio de la Pinacoteca: Mesa curva, de 1989; Puntas de diamante, de 1990; Pergamino, de 1991; Columna con retrovisor, de 1997; Jardín para Burle Marx, de 2013, y Exit III con pared Niemeyer (Estación Luz), de 2016.

Como podemos ver, algunos de los títulos de las obras hacen referencia directa a exponentes de la arquitectura moderna brasilera –Niemeyer, Burle-Marx– problematizando el imaginario de sus proyectos y la repercusión de sus usos en el espacio colectivo.

En su creación, desde el comienzo, nos encontramos con obras pensadas para incomodar, superficies pulidas, en metal luminoso de brillo estridente, que incorporan los silencios de las maneras habituales de uso de los objetos –de un torniquete de paso, de una columna, de un retrovisor espejado–, para entonces crear una nueva relación con tales artefactos e inventos.

Nuestros sentidos, reelaborados por una especie de vocación formal inventada por la artista para accionar los usos de la “experiencia de paso” –contexto elaborado en la confrontación de los lugares de articulación de sus creaciones–, se han relacionado con la intimidad de la arquitectura de cada edificio que acoge sus obras.

Como referencias visuales, establecidas por una trayectoria que cuenta con tres décadas de intervenciones en los lugares sociales de nuestra vivencia, sus zonas de reflexión ampliada reúnen indagación, muchas barreras y una agenda de investigación incesante.

En Bico de Diamante (Puntas de diamante), obra perteneciente a la colección de la Pinacoteca del Estado de São Paulo, Ana María Tavares exploraba la noción de impedimento como protagonista y establecía un derrotero para el enfrentamiento con una estructura en poliuretano sobre aluminio compuesto.

Obra que activa la noción de impedimento -embarazo que crea una situación prácticamente prohibida-, la propuesta exploraba la relación del espectador con su propio lugar como observador, como partícipe, o como ya se dijo, cómplice del trabajo del artista.

En una sala discreta, el espectador descubría una gran superficie vertical cubierta por chapas de metal recortadas y revestidas de un compuesto pigmentado de verde metálico. Luminosa y llamativa, el área de color resultaba vedada al libre tránsito del visitante. Su acceso estaba cerrado por una baranda de estructura tubular y por dos columnas de material espaciadas, situación que vedaba parcialmente la obra.

Desde el inicio de su trayectoria, Ana María Tavares se interesa por la condición inaugural de la creación artística, entendida como espacio de activación de persistente investigación de procesos de construcción y desconstrucción de posibilidades de inversión de los sentidos usuales, de circulación y desplazamiento por los caminos de la arquitectura de sus obras.

Creadora comprometida con las líneas de un pensamiento inquieto, organizado por las más diversas zonas de tránsito entre la escultura, el objeto, la pintura, el video, su obra comporta una problemática que reaviva muchas intencionalidades en cada propuesta.

De hecho, la exposición más reciente, al proponer una mirada retrospectiva, establecía un amplio marco de asuntos fundamentales para la artista, aún vigentes en su panorama de intereses. Las obras seleccionadas por la curadora Fernanda Pitta, desde creaciones de los últimos ochenta hasta las más recientes instalaciones, trataban de hacer más densa una forma de convivencia instaurada para la confrontación con las lecturas particulares de un público que, desconociendo las investigaciones de la artista, se ve muchas veces desorientado, especialmente con las trabas tramadas por sus creaciones.

Para la artista, no basta advertir a su interlocutor sobre algún desvío de sentido; será siempre necesario que se establezca, entre creadora y espectador, un contrato firmado entre las partes, que, desafiando el lugar común de la recepción estética usual, se adentre en otros usos y sentidos de las acciones banales y en campos antes ignorados.

La obra de Ana María Tavares trata de una modalidad de consciencia crítica viva en la escena contemporánea, que activa la construcción de la experiencia por parte del espectador –cómplice de sus trabajos– mediante una solicitud desconfiada que lo emancipa como autor.

Reunidas para la muestra, sus esculturas, objetos, instalaciones, se iniciaron en un universo decididamente regido por la duda ante los lugares destinados al sujeto, por las incertezas de uso y aplicación de estructuras fijas o móviles –corredores, pasamanos, columnas, barandas, puertas rotatorias, espejos– pensadas por la artista, para así poner en acción el cuerpo crítico del visitante y restablecer otros desplazamientos por el espacio de sus intervenciones.

CLAUDIA FAZZOLARI

Ana María Tavares, por Claudia Fazzolari | artnexus