El gesto pequeño como forma de resistencia es el núcleo de Algunas formas de amistad, la propuesta de Aimée Zito Lema (Ámsterdam, 1982) en la galería The Goma, curada por Violeta Janeiro.
La Historia con mayúsculas suprime mediante elipsis los afectos, la articulación emocional de los acontecimientos y los pequeños detalles de la biografía. A través de una sintaxis que escoge fragmentos y los amplía, Aimée Zito Lema sugiere una relectura de algunos hechos que tuvieron lugar en Holanda y Argentina (la artista nació en Ámsterdam y creció en Buenos Aires). De esta manera, el display expositivo acompaña perfectamente la reivindicación que late en todas las obras: los pequeños actos subversivos como el primer paso de un movimiento político más grande.

La exposición presenta tres grupos de trabajo que parten de este tipo de procesos colaborativos. De la serie de Gestos - El cuerpo subversivo es una de las piezas más impactantes de la muestra, y la primera con la que se encuentra el visitante al entrar en la galería. Se trata de una instalación con imágenes de archivo de manifestaciones que tuvieron lugar entre los años sesenta y setenta. La fotografía más grande está impresa a tamaño natural y reposa sobre un pedestal de madera de pino, tendida como si realmente estuviésemos delante de una persona. Vemos la imagen del cuerpo de una niña. Las referencias a un ataúd y la presencia física contrastan con el componente de archivo documental y conceptual de la propuesta.
Justo al lado, la pieza Sin título (Maximiliano Kosteki y Darío Santillan, asesinados por la Policía en la estación de trenes de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, 26 de junio de 2002) retrata los pies de Maximiliano Kosteki, víctima de la violencia policial al intentar sofocar una manifestación que reivindicaba mayor apoyo social a las clases más desfavorecidas. La obra constituye una interesante reflexión sobre el lugar que ocupa la cultura visual como instrumento de denuncia pero también como generador de una determinada iconosfera.
A medio camino entre la performance y la fotografía de archivo, la pieza Rond de Jambe incluye fotografías de los actos de protesta que tuvieron lugar en Ámsterdam entre 1979 y 1986, con motivo de la construcción del edificio Stopera, hoy destinado a artes escénicas. A este testimonio gráfico se añaden las fotografías de una bailarina acompañada de un grupo de participantes, que reproducen una coreografía basada en esas protestas. Se traza así una línea entre las manifestaciones como una danza colectiva y el baile como acto de resistencia físico.
Unas de las piezas que más llama la atención, precisamente por su delicadeza, es De la serie de gestos – Categorías. Son pequeñas fotografías en detalle: manos entrelazadas de manera maternal, pies en posición de descanso, pies en desplazamiento. Un repertorio iconográfico de los gestos que articulan cualquier movimiento, cualquier unión, y por tanto, cualquier revolución. Ahí es donde radica la propuesta de Zito Lema: la enorme potencia del cuerpo cotidiano en su interrelación con otros cuerpos como principio de un movimiento político que transforme la Historia.
Combinando piezas de cerámica y una proyección, Algunas formas de amistad da nombre a la exposición, y en ella volvemos a encontrar la idea que articula todo el discurso curatorial: el afecto como principio de la forma, la idea y el movimiento. Las piezas han sido moldeadas por familiares y amigos de la propia artista. Sobre las piezas se adhieren fragmentos de arcilla que la hija de la artista ha aplicado. De fondo, en la pared, observamos unos primeros planos de una escultura griega, que alude al canon clásico. Así, se oponen dos visiones que aluden a la historia del arte y a la historia de la belleza en Occidente. Los grandes relatos, la mímesis y el canon estético tradicional (construido a partir de una mirada externa, bifocal y anatómicamente idealizada), y una mirada más posmoderna, en la que se interrumpe el canon con la autobiografía, el pequeño gesto, lo anecdótico y lo contingente. La propia manera de exponer la pieza es muy elocuente al respecto: frente al aspecto “fantasmagórico” de la proyección en blanco y negro sobre la pared aséptica se contraponen los distintos objetos desordenados, revueltos, manchados por distintas manos, resultantes de la fuerza del trabajo y de la biografía íntima.
Escribir en tiempos actuales sobre una posmodernidad tardía (si es que podemos llamar así a nuestro momento histórico) no es fácil. No lo es porque a veces parece que la excesiva reflexión sobre los mecanismos narrativos, artísticos y metalingüísticos oculta la experiencia estética, el devenir del hecho artístico. Igualmente es difícil encontrar propuestas curatoriales que no sofoquen la potencia de las obras. Algunas formas de amistad consigue, con su sencillez y su energía, construir un relato claro y poderoso.
ANA FOLGUERA
