Exposición Individualdic 2016 - feb 2017· Por Katherine Chacón

Víctor Julio González

Centro Cultural BOD

En los últimos años, el trabajo plástico de Víctor Julio González (Valencia, Venezuela, 1961) ha estado volcado a una revisión de la pintura de paisaje, en proposiciones que revisitan los elementos más tradicionales de esta tendencia, que el artista replantea a través de una mirada contemporánea.

En la exposición Bandera lejana, esta dicotomía de su acercamiento al paisaje se reforzó y se enriqueció. Las obras que conformaron la exposición surgieron de una experiencia anterior del artista, que solía mirar desde su taller de los años noventa una bandera que ondeaba en un cerro distante. Su fascinación por este motivo lo hizo grabar un video –que fue incluido en la muestra– de esta visión un tanto teñida de poesía. Un día, González decidió acercarse a la bandera ondeante, y entonces notó, con sorpresa, que no era una bandera, sino un atajo de trapos vetustos que se mecían al viento, colgados de una viga.

Esta experiencia lo llevó a reflexionar sobre la naturaleza de lo ilusorio, y sobre todo, aquello que elaboramos bellamente en nuestras mentes, pero que no tiene una correspondencia en la realidad. En el contexto actual de crisis que vive nuestra nación, marco de tantas desilusiones, González retomó esta experiencia, dado que la ilusión de aquella mirada lejana era, justamente, la de un símbolo –la bandera– ligado a la idea de nación.

Exposición Individual: Víctor Julio González — imagen 1
Víctor Julio González. De la serie: Bandera lejana #2, 2016. Óleo sobre tela. 67.5 x 87 cm (26 37/64 x 34 1/4 pulgadas). Fotografía: Víctor Julio González.

La exposición estuvo conformada por cuatro series de obras de pequeño y mediano formato. La primera de ellas, titulada Bandera lejana, reunió once piezas en las que se retrata esa “bandera-harapo” que hemos comentado. Es una serie importante por la riqueza de sus connotaciones. Llena de subjetivismo y memoria personal, actualiza, también, un hondo sentimiento de la historia nacional. La bandera, que se planta sobre el terreno con una vara diagonal y ondea frente a cielos anubarrados y dramáticos, parece una lanza y hace ineludible el establecimiento de relaciones visuales con algunos íconos de nuestra pintura patriótica, en los que se ensalza la forja de la República. González despliega en estas piezas sus mejores recursos expresivos, haciendo gala de un fino uso del color que fluye, con contenida expresividad, entre los grises, azules y ocres. La bandera es entonces presentada como un símbolo que se ha hecho espejismo; el dramatismo que esto implica encuentra alusiones actuales, en un país desdibujado por una crisis moral sin precedentes.

La serie Horizontes estuvo formada por veintiuna obras, donde el paisaje es determinado por el horizonte, y donde la separación del cielo y el terreno se manifiesta como un canon compositivo. Como en toda la pintura actual de González –e incluso en sus fotografías–, es relevante en estas piezas el acercamiento apasionado al paisaje, a través de una técnica que se regodea en la creación de planos ricos en color y materia. En esta serie, sobre todo, esto se verifica en la representación de los suelos. Es un homenaje al país como tierra en la que se nace y se vive. Son paisajes venezolanos, no identificados, que pueden ser de cualquiera de nuestras regiones, y que reconocemos, no tanto porque tengan un referente en la realidad, sino porque dialogan con las imágenes de nuestra gran tradición paisajística, a la cual, por cierto, continúan y actualizan.

La serie Carne, única que escapa de lo propiamente paisajístico, está inspirada en El buey desollado de Rembrandt. Su inclusión en la muestra reitera el tema de la muerte como última desilusión, representada crudamente por el desgarramiento visceral. El dolor humano y el sacrificio están aquí referidos como elementos que necesariamente se hallan imbricados con la historia. La apropiación también nos hace recordar las fuentes de las que el artista se nutre, como estudioso de la pintura clásica y de sus grandes maestros.

La exposición culmina con la serie Quema, en la que se simboliza hermosamente la devastación. Las obras surgieron de los procesos de quema vistos por el artista en su niñez, y en ellas, la belleza plástica que implica esta destrucción es transvasada al lienzo con gran expresividad. Los contrastes cromáticos y el sabio uso del trazo y la veladura son elementos importantes que le permiten a González recrear lo atmosférico de un paisaje en violenta desaparición.

La exposición Bandera lejana es quizás una de las más importantes en la trayectoria de Víctor Julio González, ya que en las obras mostradas se verificó su madurez como artista que ha logrado que el dominio técnico se acople a sus intereses expresivos.

En González, el paisaje deja entonces de ser un entorno hermoso por retratar, para convertirse en un ámbito en el que se trasunta, también, un modo subjetivo de ser nación, hecho de recuerdos y de imágenes, de símbolos, de historia y de dolor.

KATHERINE CHACÓN

Víctor Julio González, por Katherine Chacón | artnexus