“La simetría es el fundamento de mi lenguaje constructivo; busco el mismo peso de ambos lados”. Rubem Valentim
La obra pictórica-escultórica de Rubem Valentim continúa presente en el contexto del arte brasilero como sinónimo de una geometría auténtica, de razón constructiva, muy singular en el panorama latinoamericano. Obstinado por la investigación visual, Valentim fue un investigador que ordenó sus referencias visuales en el proyecto de un verdadero trazo brasilero.
Las formas creadas por el artista representan un ideario compositivo en el cual el ordenamiento materializa su pensamiento plástico mediante un vocabulario ordenado por la simetría.

En toda la producción de Valentim, la simetría se reconoce como necesidad constante, fruto de una vocación constructiva que orientó sus intereses desde la década de los cincuenta. El orden y el equilibrio geométrico son datos importantes en su trayectoria, siendo tales registros decisión meditada en la definición de la poética visual del artista bahiano.
Para la reciente exposición Rubem Valentim A Pintura Pulsa (Rubem Valentim, La pintura late), realizada por la Galería Berenice Arvani, en São Paulo, el itinerario de la producción del creador –con obras desde la década de los sesenta hasta su última producción del inicio de los años noventa– organizaba un diálogo entre pintura, dibujo, relieve, escultura y emblemas de relieves en madera.
Iniciativa cuidadosa de la galería –paralela al circuito de visitas a la Bienal de São Paulo, que animaba la programación en la ciudad–, dado el interés formativo que la producción del artista mantiene, incluso por la presencia de sus obras en colecciones brasileras como las de la Pinacoteca del Estado São Paulo, del Museo de Arte Moderno de Bahía y del Museo Afro Brasil, entre otras instituciones culturales.
Como sabemos, últimamente la mirada renovada hacia la creación de Valentim ha despertado gran interés de museos internacionales, de colecciones de diversos continentes.
En Valentim, la geometría, de una considerable presencia en la pintura latinoamericana, es producto de su vivencia del arte popular y de la liturgia afrobrasilera, de las matrices africanas, reelaboradas como elementos de sedimentación de su memoria visual.
Desde su primera muestra individual en 1954 –en la Galería Oxumaré, en Salvador, ciudad en donde nació y formó su mirada–, el artista buscó una sintaxis particular, construyendo un itinerario coherente con sus inquietudes estéticas, un idioma geometrizante que tradujese sus fuentes.
La potencia creadora de la obra de Rubem Valentim, que ha recibido el reconocimiento de la crítica de arte desde la década de los sesenta, se manifiesta en sus composiciones formales, tantas veces reiteradas por la linealidad casi xilográfica de las zonas de color, en una mezcla de patrones visuales que son registros de su experiencia cultural.
Merece destacarse, en la trayectoria del artista, el análisis de Giulio Carlo Argan –quien conoció de cerca la obra en Roma, en la Galería de Arte de la Casa de Brasil, en1965–, que acrecentó la mirada de la crítica de arte sobre su producción: “La escogencia que está en la raíz de la pintura de Rubem Valentim resulta de las mismas declaraciones del artista: sus signos se deducen de la simbología mágica que se transmite con tradiciones populares de los negros de Brasil”1.
Obra importante del período en que el crítico italiano estableció contacto con la creación de Valentim, la tela Pintura VI, de 1964-65, obra principal en la muestra La pintura late, incorpora muchos de los elementos de su poética visual: un fondo de color vibrante y gran variedad de formas geométricas distribuidas en el espacio del cuadro en convivencia siempre prevista por la simetría.
Cada elemento asentado en la tela, circular, rectangular y/o triangular, confiere al todo una sensación de orden pensada para matizar los verdes, los amarillos, los azules, los ocres, que, limitados por los contornos definidos por finas líneas claras, estructuran la síntesis del cuadro.
Habiendo participado en el país y en el exterior en diversas muestras colectivas e individuales, Valentim recibió en la Bienal Internacional de São Paulo, en 1976, el Premio Fundación Bienal, por la “madurez de su contribución al arte del país; por su invencible coherencia; por la importancia de su propuesta pictórica como posible caracterización de una identidad cultural brasilera; por su capacidad de trasponer al plano universal bases iconográficas y simbólicas auténticamente regionales, a través de un lenguaje abstracto de comprensión internacional”2.
En las creaciones del artista se reconoce, en cada paso del proceso constructivo, el carácter decisivo de la abstracción. Es natural que la decisión deliberada del uso de señales o de símbolos refuerce esta idea central en su obra. El registro visual es así un elemento geométrico o angular, especialmente cuando se coloca su intención posteriormente al año 1965.
Como pudimos ver en la selección organizada por el curador Celso Fioravanti para la muestra La pintura late, el conjunto priorizaba la composición pictórica elaborada entre los años sesenta y noventa e incluía algunos ejemplares de las incursiones del maestro en la tridimensionalidad, en escultura y en emblemas en relieve.
Cuidadosamente situado en el contexto de la muestra, el Modelo en madera para la Escultura Marco Sincrético de la cultura Afro-Brasilera, pieza de estudio para el monumento de la Plaza da Sé (de la Catedral), en São Paulo, realizado en los años setenta, acentuaba la marca ordenada de los ejes verticales en su obra.
Cuando el crítico de arte Theon Spanudis comentaba su geometría y su rigurosa disposición formal, señalaba la situación de una investigación plástica singular en la escena brasilera, “[…] Las formas geométricas de Rubem Valentim son antes símbolos que formas geométricas propiamente dichas. Un triángulo, por ejemplo, no es un simple superficie triangular, que desdoblándose racionalmente podría realizar una composición racional y (eventualmente) estética. En el caso de Rubem Valentim, un triángulo nunca es solamente la superficie geométrica triangular, sino siempre algo vivo, denso, tenso y expresivo […]”3.
Evidente en la producción del artista, la decisión geométrica y la actitud investigativa de las fuentes que emancipan al creador en el hombre fueron fundamentales para el asentamiento de una poética que estableció como recurso la simetría articulada como un componente esencial.
Así, se reconoce en la creación de Valentim la referencia a una liturgia reelaborada por la vía de un trazo brasilero, de la matriz mitológica africana del candomblé, que en sus relieves y composiciones pictóricas demostró toda la vitalidad de una auténtica invención.
NOTAS
1. Giulio Carlo Argan, 31 objetos emblemáticos y relieves emblema, Brasilia: Fundación Cultural del Distrito Federal, 1970.
2. “Rubem Valentim se lleva el Gran Premio de la Bienal”. Diario del Paraná, Curitiba, 10 de noviembre, 1976.
3. Theon Spanudis, “La pintura de Ruben Valentim”. Diario de Noticias, Río de Janeiro, 2 de julio de 1961.
CLAUDIA FAZZOLARI
