Exposición Individualdic 2016 - feb 2017· Por Sylvia Werneck

Paulo Bruscky

Galeria Nara Roesler

Se convino en situar el nacimiento del arte conceptual a mediados de la década de 1960, aunque Leonardo da Vinci ya afirmaba, hace quinientos años, que “el arte es cosa mental”, y Marcel Duchamp, tal vez por otros motivos, pavimentó el camino, en los años diez del siglo XX, para un extenso linaje de artistas para los cuales el arte es idea, y la obra resultante, apenas el resultado (no siempre tangible ni siempre circunscrito ni delimitable en el tiempo y en el espacio) de un proceso extremadamente peculiar. El hecho es que, por más visionario que fuese, Leonardo no tenía cómo anticipar las dudas que moverían el impulso creativo de los artistas a partir del turbulento siglo XX. Tampoco los pioneros podían prever la longevidad del rumbo conceptual; no se trata de tendencia o modismo, sino de un elemento que fue amalgamado definitivamente con el pensamiento artístico, siendo imposible hoy concebir una obra de arte, por más formalista que parezca, que esté desprovista de carga conceptual.

Exposición Individual: Paulo Bruscky — imagen 1
Paulo Bruscky. Tiro al blanco (Propuesta para el I Salón de Electrobras), 1971 - 2016. Proyecto original (dactilografía sobre papel) / objeto en técnica mixta (MDF, radio de pila, célula fotoeléctrica, madera y espejo). 80 cm de diámetro (31 1/2 in.).

En el momento en que el arte asumía su contenido conceptual como el propio núcleo (y con frecuencia la única instancia) del gesto del artista, Paulo Bruscky surgía en Brasil como uno de los principales domadores de este paisaje. No solo en términos semánticos, o sea, de lo que el arte se proponía decir, sino también en el ámbito del propio sistema y de los materiales empleados. Bruscky fue un maestro en el arte de hacer arte al margen del régimen militar, encontrando caminos alternativos para que su producción circulara: arte postal, arte Xerox, arte fax, happenings, entre otras acciones, eran una manera subversiva que usaba las instituciones del propio régimen para que transitaran contenidos que, por las vías tradicionales, acabarían cayendo en las redes de la censura. Aun así, muchos de sus proyectos fueron “detectados” y no pudieron realizarse.

Es a partir de este casi, de obras que fueron concebidas y no pudieron ser concluidas, que se planteó la individual rec/rio, en la filial carioca de la Galería Nara Roesler. El título es acertado: relaciona la bocanada de aire que (re)crea las acciones del artista con las de la propia casa, que da los primeros pasos en la Ciudad Maravillosa, pero ocupa, desde São Paulo, un lugar de gran importancia en la escena brasilera desde 1989. Son cerca de cincuenta propuestas elaboradas específicamente para la ciudad de Río de Janeiro, durante los años en que Bruscky vivió allí, o durante permanencias o momentos de nostalgia en relación con la capital fluminense. Algunas fueron llevadas a cabo, mientras que otras no tuvieron la misma suerte hasta ahora, cuando se ofrecen con la oportunidad de concretarse finalmente. El conjunto, sin embargo, está compuesto integralmente por proyectos relacionados de un modo directo con Río.

Siempre sagaz e irónico, este brasilero desarrolló contactos fructíferos con artistas de varias partes del mundo, aproximándose al Grupo Fluxus, en Europa, y al Gutai, en Japón. Bruscky echó mano de diversas estrategias en sus trabajos: el humor, la palabra, los materiales cotidianos y la familiaridad, que permiten que hasta el espectador lego consiga establecer una relación con su producción. Su trabajo, así como toca asuntos profundos y complejos de la realidad y de los modos como nos situamos en el mundo, lo realiza con un vocabulario accesible, permitiendo que el espectador desprovisto del andamiaje teórico del arte contemporáneo sea capaz de comprender el mensaje. Así pasa, por ejemplo, con Atención, cuidado con el vano, de 2008, inscripción en vinilo aplicada en el piso a la entrada de la galería, que advierte a quien entra con la frase “Atención: cuidado con el vano entre el tren y la palabra”. Aunque para cada persona este tren pueda significar distintas cosas, la alerta sobre el vano tiene significado universal.

Tiro al blanco es una propuesta originalmente presentada en el I Salón de Arte de Electrobrás, en 1971. Recreada especialmente para esta exposición, se trata de un conjunto de espejos que reflejan una luz, que al ser proyectada acciona un radio. Interactiva, solo puede ser activada por el público al practicar la actividad que da nombre a la obra. En la época en que Tiro al blanco fue ideada, la participación activa del espectador no era una estrategia muy común. Simbólicamente, podemos ver en el gesto una manera de dar al público el poder de hacer que fueran oídas voces, aunque durante el régimen militar, las radios no tenían autonomía para divulgar informaciones con libertad. Aquí opera también una alianza entre arte, ciencia y tecnología, pero sin conexiones complejas, manteniendo el modus operandi de Bruscky de proponer reflexiones sin ser hermético. Otra de sus acciones emblemáticas, la de publicar anuncios en clasificados, también ocurrió durante la muestra, con un mensaje vehiculado en un diario.

Paulo Bruscky siempre fue inquieto, como dice él mismo: “Estoy siempre alerta, ando muy atento”. La muestra individual en Nara Roesler mostró apenas la punta del iceberg, una idea en cada paso.

SYLVIA WERNECK

Paulo Bruscky, por Sylvia Werneck | artnexus