Exposición Individualdic 2016 - feb 2017· Por Claudia Segura

Mateo López

Casas Riegner

“Improvisar. Podría ser lo que te gusta, hasta que oyes las palabras. Quieres escuchar de forma aguda. Difícil. Comienzas bien; entonces escuchas los acordes un poco apagados: te sientes un tanto perdido. Dentro y fuera del saco, sobre los barriles, a través de vallas de alambre, los obstáculos corren. En la ciudad el tiempo hace la melodía”. James Joyce, Ulises

Al enfrentarse a una exposición individual en una galería, uno anhela poder encontrar un discurso curatorial coherente que le ofrezca una visión de las líneas de investigación actuales del artista y muestre el momento de su trayectoria. Ciudad fantasma es la muestra más reciente de Mateo López que presenta Casas Riegner, y, sin duda, sobrepasa las expectativas mencionadas anteriormente. No solo la narración que trenza la exposición está muy bien lograda, abriendo campos críticos, hilando nuevas propuestas con trabajos pasados, generando una poética social y política local pero con un alcance más amplio, sino que, además, la misma hoja de sala y sus guiños demuestran un trabajo de investigación profundo en la manera de repensar cómo presentar una exposición de uno de los artistas colombianos más interesantes del momento.

Exposición Individual: Mateo López  — imagen 1
Mateo López. Time as activity (Tiempo como actividad), 2016. Vista de instalación: Proyección de tres canales, animación Stop Motion y video - audio grabado en 2007, reeditado en 2016. Dimensiones variables. Fotografía: @Santiago Diaz. Cortesía: Casas Riegner.

Ciudad fantasma, tal y como su nombre lo indica, explora las condiciones, los tiempos y los elementos simbólicos de una ciudad que podría ser Bogotá. La muestra combina obras en las que podemos identificar mechas del juego del tejo suspendidas en medio de la galería (Fucsia, 2016), un antiguo riel de tranvía de la calle 10 de Bogotá –que nos remite a cuestionar la modernidad del país y sus lobbies de presión (Perspectiva rota, 2016)–, y un totumo intervenido con pintura de mecánica retoma de nuevo el engorroso tema del transporte en el país.

Quizás más allá de las aproximaciones locales que hace el artista hacia la ciudad, lo que realmente cautiva de esta muestra es la superposición de temporalidades y movimientos que uno percibe. La obra Despacho (2016) combina estos dos conceptos: el de la ciudad y el tiempo. Se trata de un escritorio de madera repleto de láminas de piedra muñeca cortadas a tamaño carta. Estas se disponen por encima, por debajo y a los costados del mueble. La piedra muñeca es un material muy común en las canteras de Bogotá, y varios edificios antiguos y monumentos se irguieron gracias a ella. Es sabido que su extracción es extremadamente dañina para el medioambiente, por lo que se ha intentado regular su consumo sin poder combatir la clandestinidad. La pieza se convierte en símil de ese tiempo caótico de la ciudad pero también del tiempo burocrático gubernamental: pesado, lento y farragoso.

En la primera exposición que hizo Mateo López en Casas Riegner (2006), titulada Adentro y en medio, el artista decidió recrear su estudio dentro de la galería y trabajar, en una suerte de performance, durante las horas propias del lugar. Igual que hace diez años, en esta muestra sigue evidenciando el interés por el momento presente, la suspensión temporal y el movimiento. Ciudad fantasma muestra el origen de un Mateo López ávido por trabajar con el dibujo para ocupar su posibilidad tridimensional. Así como sus inicios denotaban una perfección en sus objetos finales, aquí el interés se focaliza en el proceso y su posibilidad incierta. Por ejemplo, en la pieza Old Ideas Stuck in Corners observamos cómo unos bastidores de altura considerable hechos en triplex albergan varios dibujos-bocetos que desvelan proyectos que el artista ha querido realizar o querrá llevar a cabo en algún momento de su vida. Todos ellos irán cambiando a lo largo de las semanas de la muestra, señalando el potencial que tiene el dibujo de volverse objeto, de volverse movimiento y temporalidad. La pieza, en su forma más poética, plantea futuros posibles, casi especulativos, que pueden realizarse o no en el tiempo que vendrá. Podríamos incluso pensar que esta pieza es metáfora de la memoria misma, entendida como efecto fenomenológico básico del paso del tiempo.

El movimiento en el estudio del artista que afirmábamos ya aparecía en una exposición anterior, que se retoma en la videoinstalación Time as activity. Hay tres pantallas en una sala oscura, y cada una de ellas remite al trabajo dentro del estudio, mostrando esas coreografías privadas que el artista hace con sus manos y su cuerpo, y las acciones repetitivas, a veces absurdas, propias del trabajo: doblar papel, manipular papel, deshacer, jugar con las manos, y así, de forma interminable. Un retrato del movimiento fragmentado a través del tiempo que se escenifica en la videoinstalación, que, además, incorpora sonidos del deambular errático por el estudio.

Ciudad fantasma se convierte en un ensayo filosófico sobre cuestiones que desde una aproximación estética hablan de la construcción social y política de la memoria de una ciudad, de la temporalidad del trabajo y de la potencialidad móvil del dibujo como categoría porosa que puede abrirse a interminables formas.

CLAUDIA SEGURA

Mateo López, por Claudia Segura | artnexus