Exposición Individualdic 2016 - feb 2017· Por Dennys Matos

Manuel Felguérez

Durban Segnini Gallery

La exposición Manuel Felguérez (Zacatecas, México, 1928) recientemente inaugurada en Durban Segnini, se compone de dieciocho pinturas al óleo de medio formato, de 2016, y cinco esculturas realizadas un año antes. En conjunto, muestran a un artista afianzado en los territorios de la abstracción y el informalismo, corrientes adoptadas por Felguérez desde los inicios de su trayectoria, a finales de la década del cuarenta y principio de los cincuenta, como una de las figuras más visibles de lo que la crítica mexicana Teresa del Conde llamó Generación de la Ruptura, dentro del panorama de las artes visuales mexicanas de los años cincuenta.

 La Generación de la Ruptura se enfrentó abiertamente a los credos ideoestéticos de su antecesora, la llamada Escuela Mexicana de Pintura, caracterizada, desde el punto de vista poético, por su apego a los valores del realismo y a una figuración de tinte naturalista, mientras que en su orientación discursiva, la Escuela Mexicana de Pintura mantenía un enfático compromiso con la temática social e histórica con visión ideológica revolucionaria. No es casual que, entre otras, las obras de David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y Clemente Orozco sean emblemáticas de esta escuela.

Exposición Individual: Manuel Felguérez — imagen 1
Manuel Felguérez. Sin título 9 de 16, 2016. Óleo sobre lienzo. 115 x 190 cm (45 9/32 x 74 51/65 pulgadas). Cortesía: Durban Segnini Gallery.

La crítica ha observado la vocación en la obra de Felguérez por abordar, desde el terreno de la ciencia, como las matemáticas o la física, aquellos movimientos, aquellas dinámicas de los cambios que atraviesan tanto a la naturaleza como a la sociedad. Esta ha sido una preocupación sistemática de su trabajo, como podemos apreciar en las obras ahora exhibidas. Unas obras en las que, desde el punto de vista poético, conviven recursos expresivos del informalismo y, también, de la abstracción más escorada hacia lo geométrico. Un informalismo, según Álvaro Medina, “hecho de manchas y texturas concebidas y plasmadas por ser una expresión de la plasticidad de la materia y sus transformaciones”1. Con un énfasis geométrico, “basado en la medida y el rigor, que a título de hipótesis metafórica (por verificar) podemos relacionar con la exactitud matemática que se ha observado en el comportamiento de los átomos, la base invariable de la materia variable”. Y es esa combinación de informalismo y abstracción geométrica encuentra la obra de Felguérez su acento poético distintivo.

En esta muestra, las obras, sobre todo las pinturas, como Sin título 5/16, Sin título 9/16, parecen “asaltar” la mirada del espectador con un suspense entre lo racional y lo irracional, entre el espíritu y la material. Pero no solo en estas, la mayoría de las obras nos hablan con una mezcla que lleva, por una parte, gestos pictóricos de energía inmediata, arranques expresivos colmados por un cinetismo caótico, como el de una materia cuyo núcleo esta punto de estallar. Por la otra, el plano calculado, la medida equitativa que lleva implícita el concepto, la reflexión y el orden. De ahí que las obras proyecten esa apariencia convulsa, como magma que al brotar se desperdiga, fragmentado y ondulante, hacia todas partes. Pero a la vez, estas obras parecen poner cotos a esas fuerzas incontrolables. Porque acotan el espacio intempestivo del gesto telúrico natural, con ecuaciones sobre el equilibrio de una expresión racional, que buscan reconducir o encauzar a la marea deforme de la materia desconocida.

La visión del mundo en perspectiva científico-técnica de la obra de Felguérez está más enfatizada en las esculturas de esta exposición, como Al margen del tiempo, Observando a la Osa o Doble presencia, todas de 2015. Aquí, el autor se torna más reflexivo, aplicando al lenguaje una sintaxis de mayor contención expresiva, algo que evita en las pinturas. Es también una sintaxis con estructura más geométrica que aspira a un mayor grado de organización de las dimensiones espacio-temporales.

La obra de Manuel Felguérez, en su ruptura con la llamada Escuela Mexicana de Pintura, comporta dos consecuencias fundamentales para el panorama de las artes visuales mexicanas contemporáneas. La primera, y de orden poético, es la superación del realismo y la figuración como representación hegemónica de la realidad. La segunda, de orden discursivo, es el cambio de percepción, de sensibilidad, a la hora de seleccionar el contenido por representar. Si en la Escuela Mexicana de Pintura el naturalismo realista de índice sensualista y retiniano se torna dominante, en la obra de Felguérez, en cambio, se reivindica una pintura cuya comprensión apela más a lo conceptual que a lo sensual. Es una pintura hecha no tanto para el ojo, como sí para ser pensada. Por otra parte, mientras que el discurso de la Escuela Mexicana responde a una historia mexicana envuelta en problemáticas político-revolucionarias, económicas y sociales, el énfasis discursivo de Felguérez, como parte de la Generación de la Ruptura, se orienta al universo de la investigación, a la articulación de un lenguaje que le permita expresar temas relacionados con el mundo de las ciencias, de los avances tecnológicos y de la libertad individual. Es una obra que, en su conjunto, ha firmado un sujeto de fuerte individualidad y que ha dejado atrás la ideología de un México agrario y semifeudal, para adentrarse en visiones de un capitalismo desarrollista impulsado desde la consolidación del Estado democrático.

NOTA

1. Álvaro Medina, “El orden y el caos en la obra de Manuel Felguérez”. En: Catálogo con motivo de la muestra Manuel Felguérez, p. 66. Ed. Durban Segnini Gallery, Miami, 2016.

DENNYS MATOS

Manuel Felguérez, por Dennys Matos | artnexus