La obra de Luiz Sacilotto (1924-2003) representa la alianza entre el modernismo de posguerra y la modernización brasilera. Uno de los principales personajes del arte concretista de Brasil, este artista dejó como herencia un arte esencialmente visual, cuyas composiciones formales revelan un trabajo coherente y permanente. Su trabajo discute, sobre todo, la realidad de la percepción y su subjetividad. Pone en duda la naturaleza de lo objetivo pintado, así como la veracidad de la realidad.

Todo eso se puede constatar en la exposición Sacilotto – en resonancia, concebida como una manera de mostrar el valor artístico de dibujos, estudios de color, proyectos y esbozos sobre papel realizados por el artista a lo largo de su carrera. Expuesta en el Instituto de Arte Contemporáneo (IAC), la muestra reunió un conjunto recientemente incorporado a las colecciones de la institución.
Hijo de inmigrantes italianos, Sacilotto nació en Santo André, en la región del ABC paulista, cuna de toda una ideología obrera forjada en las luchas sindicales. Estudió en el Instituto Profesional Masculino de Brás e inició su carrera artística como pintor expresionista, en la década de 1940. Por esa época ganó el sobrenombre de “artista proletario”, adjudicado por el crítico Sérgio Milliet, quien lo aproximó por su ideología a otros colegas y a los pintores integrantes del grupo Santa Helena, del que hacían parte Volpi, Zanini y Rebolo.
Pese a crear imágenes de cuño expresionista en el inicio de su carrera, Sacilotto se consolidó en el mundo del arte después de pasar por el diseño, campo que le dio el puntal para la creación concretista. En 1944 comenzó a trabajar en la Hollerith como dibujante de letras de alta precisión, lo que lo puso en contacto con las discusiones relacionadas con la herencia de la Bauhaus, ya que en ese momento se articulaban la Escuela de Ulm, en Alemania, y la revolución tipográfica suiza. También proyectó ventanería de aluminio para la producción industrial, en serie, lo que despertó su interés por los materiales industrializados –madera, aluminio, esmalte, hierro, latón, etc. – como soporte y materia prima para futuras creaciones artísticas.
La marca principal de su obra fueron los ritmos numéricos simples, en orden progresivo o recesivo, que generaban admirables estructuras de carácter óptico-cinético, serialización y repetición programada. La creación de ambientes con fuerte ambigüedad espacial y coherencia interna permea todos sus trabajos, puntuados por llenos y vacíos, fondo y soporte, cóncavo y convexo, presencia y ausencia, positivo y negativo.
Sacilotto hizo parte del grupo Ruptura, cuyo manifiesto, en 1952, lanzó el arte geométrico en Brasil, casi medio siglo después de iniciado en Europa. Del grupo hacían parte Gerardo de Barros, Lothar Charroux, Leopoldo Haar, Kazimir Fejer, Anatol Wladyslaw y Waldemar Cordeiro, el líder intelectual, que vino de Italia trayendo información actualizada sobre el arte moderno en boga en Europa. Juntos firmaron un manifiesto en defensa del arte como “medio de conocimiento deducible de conceptos, colocándolo por encima de la opinión”.
El movimiento constructivista en Brasil se caracterizó por polémicas que expresaban el brillo intelectual del país en la década de los cincuenta e inicio de los sesenta. El período fue marcado, especialmente, por la división entre concretos y neoconcretos. La ruptura neoconcreta en el arte brasilero data de marzo de 1959, con la publicación del Manifiesto Neoconcreto por el grupo del mismo nombre, y debe entenderse a partir del movimiento concreto en el país, que se remonta al inicio de la década de 1950 y a los artistas del Grupo Frente en Río de Janeiro y del Grupo Ruptura en São Paulo.
De cualquier manera, el concretismo continuó ejerciendo su influencia sobre el arte brasilero. Hasta artistas que no integraron el movimiento acabaron absorbiendo en sus obras características como objetividad, claridad de ideas, reducción y simplificación de los medios plásticos para buscar lo esencial. Pasada la fase más dogmática y racionalista del movimiento, los concretos renovaron poco a poco su vocabulario formal. El movimiento fue mucho más allá del campo plástico y de la poesía. De la gráfica a la publicidad, del diseño a la arquitectura, del paisajismo al urbanismo, de la música popular a la danza, todos estos segmentos se beneficiaron del accionar concretista.
Cordeiro afirmó una vez que la obra de Sacilotto era “viga maestra” del Concretismo, porque el artista trabajaba con secuencias geométricas binarias, gestálticas, calculadas con precisión, sin campo para improvisaciones ni incertidumbres. Recurriendo siempre a cuadrados, rectángulos, triángulos, franjas verticales y horizontales, con diferentes anchos y colores, aisladas o agrupadas, el artista creó estructuras que sorprenden por su dinamismo visual. Como buen concretista, cuestionó los límites de la objetividad de la percepción y la ilusión de la mirada. Su importancia fue decisiva en el proceso de modernización y del giro internacional del arte brasilero.
ALESSANDRA SIMÕES
