Bajo la curaduría de María José Herrera, Materia, forma y símbolo es el título de la muestra retrospectiva de Jorge Gamarra que se presentó en el Espacio de Arte de la Fundación OSDE, una institución surgida en 2006 que dio lugar a las muestras antológicas de importantes escultores argentinos como Juan Carlos Distéfano y Norberto Gómez, al mismo tiempo que abrió sus salas para la exposición de objetos tridimensionales más recientes como los de Débora Pierpaoli o Andrea Moccio. Asimismo, cabe mencionar la exposición El espacio en cuestión, pensada por el equipo de la Fundación, coordinado por María Teresa Constantin, que hizo frente al desafío de estudiar y proponer lecturas críticas sobre las producciones contemporáneas en torno al espacio.

A mediados de la década del sesenta, bajo un contexto de efervescencia de nuevas tendencias y expansión de las disciplinas en el campo del arte, Jorge Gamarra inició su producción centrando sus indagaciones artísticas en torno al espacio. Sin proponer un recorrido cronológico, la muestra en OSDE se inició con un conjunto de obras donde la monumentalidad de la forma da presencia a la materia y se pone a su servicio. En contraposición, el siguiente núcleo de imágenes se conformó con trabajos a partir de la línea en el espacio que inició en los años noventa y continúa hasta la actualidad. Tanto estos esbeltos tótems ascendentes en madera como sus formas geométricas monumentales de mármol o piedra presentan una delicada síntesis formal y notable habilidad del oficio de escultor.
La muestra incluyó los principales ejes de su producción desarrollados a lo largo de cincuenta años de trayectoria; y también recordó vínculos del escultor con destacados artistas del arte argentino como Manuel Espinosa y Víctor Grippo. En 1974 realizó una exposición junto a Espinosa, miembro fundador del grupo Arte Concreto-Invención y pionero del arte cinético en Argentina. Allí, Gamarra presentó sus esculturas geométricas talladas en acrílico, donde la luz y el espacio cobran enorme relevancia. En el catálogo de dicha muestra, el crítico argentino Basilio Uribe señaló: “Los acrílicos de Gamarra invadían el espacio de exposición y alteraban las pinturas de Espinosa”. Además de poder recorrer estas piezas, la exposición contó con imágenes proyectadas del registro fotográfico de dicha exposición, donde el público de OSDE pudo observar la interacción descrita por Uribe entre las obras de estos dos artistas.
Dos años antes de su muestra con Espinosa, Gamarra realizó junto a Víctor Grippo la paradigmática obra Construcción de un horno popular de barro para hacer pan, que consistió en la construcción un horno de barro en la Plaza Robert Arlt, en el marco de la exposición Arte e ideología. CAYC al aire libre. La acción se desarrolló en tres momentos: la construcción del horno, la fabricación del pan y el reparto entre los transeúntes. Sin alejarse de su oficio de arquitecto de formas en el espacio, la acción de construcción del horno en la plaza y su posterior repartición del pan introdujo la importancia del trabajo y su función social; nociones que atraviesan el universo de imágenes de este artista. En relación con esto, podemos mencionar Herramientas (2006), un trabajo donde Gamarra transformó, a partir de un proceso de reciclado, un conjunto de armas decomisadas en herramientas de trabajo, instrumentos para construir. Esta obra, compuesta por dos cinceles y un martillo, formó parte del proyecto Convivencia y desarme, impulsado por la escultora mendocina Eliana Molinelli, que entregó a distintos artistas argentinos armas confiscadas para ser reutilizadas en obras de arte.
Las herramientas, aquel elemento próximo a la tarea e invisible en su eficacia, se presentan en la obra de Gamarra como un vestigio del trabajo. Bajo el núcleo La Belleza de lo Útil. Herramientas, cinceles y hachas de bronce impactan sobre la madera replicando el momento justo de la acción del escultor sobre la materia. En otras ocasiones, el utensilio adquiere mayor relevancia y dimensiones impensadas, como en Equilibrio (1994), donde el gran tamaño del cincel queda desproporcionado respecto del soporte y en permanente equilibrio. Este artista expone la belleza de lo útil al mismo tiempo que construye una paradoja donde el útil ya no lo es. En Fósil II (1999), la herramienta de trabajo se exhibe como irónicos hallazgos arqueológicos. De alguna manera, el utensilio convertido en fósil se constituye en el símbolo de una problemática del mundo contemporáneo, donde la reducción de fuentes de trabajo, muchas veces producto del avance de la tecnología, se presenta como un desafío para la sociedad.
AYELÉN VÁZQUEZ
