Exposición Individualdic 2016 - feb 2017· Por Raphael Fonseca

Ivens Machado

Pivô

Ivens Machado, artista brasilero nacido en la ciudad de Florianópolis en 1942, falleció en mayo del 2015. Vivió en Río de Janeiro desde 1964 y comenzó a exponer con regularidad; durante la década de los setenta ganó la atención de la crítica. No realizó exposiciones individuales después del 2011, momento en que desarrolló el gran proyecto de la Casa Francia-Brasil, en Río. El artista falleció sin alcanzar el reconocimiento internacional de compañeros de generación como, por ejemplo, Cildo Meireles. Conforme lo percibió de manera perspicaz la galerista Marcia Fortes en un texto del 20151, él y el artista estadounidense Chris Burden fallecieron en la misma semana y adelantaron investigaciones claramente dialógicas. Triste constatar los diferentes espacios ocupados por sus obras, ciertamente relacionados con las diferencias estructurales del sistema de las artes visuales en Estados Unidos y Brasil. De todos modos, felizmente, poco a poco la obra de Ivens Machado ha sido revisada por diferentes curadores en espacios que invitan a experimentar con fuerza su obra matérica.

Exposición Individual: Ivens Machado  — imagen 1
Ivens Machado. Sin título. Concreto armado, cascote de vidrios y hierro. 150 x 100 x 100 cm (59 1/16 x 39 3/8 x 39 3/8 pulgadas). Obra reconstruida para la exposición. Cortesía: Colección Ivens Machado y Galería Fortes Vilaça.

Una primera oportunidad de rever su obra se dio en la ciudad en la que vivió por décadas y en uno de los espacios responsables por su reconocimiento institucional, el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. Abierta en abril de ese año, la exposición titulada Ivens Machado, bajo la curaduría de su amigo Fernando Cocchiarale, reunió obras de la colección del museo y de la recién formada organización Acervo (Colección) Ivens Machado, que está en proceso de catalogación y búsqueda de sus obras. Recientemente, el público de São Paulo tuvo la posibilidad de visitar una parte de la producción del artista en la exposición Lo crudo del mundo, con curaduría de Kiki Mazzucchelli, en el Pivô, importante espacio independiente para las artes visuales en la ciudad. Como bien lo recordaba el texto de la curadora, la última gran exposición del artista en la ciudad se había dado en el 2002 (en la Pinacoteca de São Paulo), y, por tanto, esta exposición fue importante para dialogar con generaciones más jóvenes que no conocían su trayectoria.

Un dato que llamaba la atención rápidamente era el diálogo entre los materiales utilizados por Ivens y la arquitectura de Pivô, espacio integrado al Edificio Copan, proyectado por Niemeyer entre 1952 y 1961. Hay una clara relación entre los materiales de construcción civil manipulados por el artista y el concreto que domina la expografía. El carácter icónico de sus obras se veía aún más claro, debido a la opción curatorial de dejar grandes espacios de respiración entre estas. Muchas veces, la mirada iba al encuentro de esas imágenes, que parecían haber nacido de una voluntad de site specific, más que objetos que habían sido transportados y organizados espacialmente. Era inevitable preguntarse cómo hubiera reaccionado el artista a la exposición y, en segundo término, qué obras no podría haber creado especialmente para el encuentro con esa solemne arquitectura.

Las obras seleccionadas correspondían a un amplio período, entre 1973 y 2010, y provenían sobre todo de colecciones particulares y también de la Colección Ivens Machado. Desde la entrada, lo físico de esas obras iba al encuentro del cuerpo del espectador. Después de subir las escaleras que llevan al espacio, teníamos al frente una obra de 1982 que fue reconstruida para la exposición. Sin título (como buena parte de su producción), una especie de huevo en concreto se levantaba sobre cuatro estructuras de hierro, sustentadas por pilares también de concreto. La superficie de esa forma que se presentaba suspendida y de modo casi religioso poseía un dato que llamaba la atención en la muestra: cubierta por cascotes de vidrio verdes y trasparentes, dejaba ver el interés del artista por el contraste cromático en el uso de diversos materiales.

Incluso, habiendo ya visto la obra de Ivens, la reunión de varios de sus trabajos en un mismo espacio potenció ese dato presentado como novedoso durante la exposición. Más adelante, una obra del 2007 era buen ejemplo del interés por la relación materia-color: el artista recolectó diferentes tipos de piedras calcáreas y las agrupó en muestras que se prolongaban en una misma línea. La escultura salía de la pared y de la relación frontal con el cuerpo del público hacia el piso, extendiéndose como una línea sinuosa. Nuestro cuerpo, por lo tanto, era incapaz de circundar la pieza (como se hacía con buena parte de las esculturas en la exposición), y la mirada recorría el carácter gráfico de ese objeto.

La capacidad del artista de crear cuerpos extraños mediante materiales esenciales para el soporte de edificios también llamaba la atención. Existe, sin embargo, así como en la orientación elegida para mostrar los objetos, una tensión entre elegancia y brutalismo inherente a las imágenes creadas por Ivens Machado. Si, por un lado, los materiales son pesados y con el atractivo parecido al de una casa en reforma, por otro, hay una innegable belleza en los contrastes cromáticos de tipos de concreto, en su articulación con el hierro y en sus contornos formales, que poseen algo de animalesco e instintivo.

Este equilibrio único se percibe tanto en su investigación tridimensional como en obras más escasas, como sus experimentos con cuadernos y con video. Si el concreto es la base de la arquitectura modernista, las hojas de papel son la superficie de los proyectos, y, según lo mostrado en sus videos, el cuerpo humano es la célula de los verbos de acción, como también lo demostró Richard Serra. En ninguno de los tres hay posibilidad de armonía. El concreto se vertió en criaturas puntiagudas, los cuadernos tienen pautas irregulares y los videos demuestran la imposibilidad de que dos se hagan uno. Al mismo tiempo, en ninguna de esas esferas hay espacio para el desorden generalizado, el rasgo expresionista y la liberación total de los demonios que ocupan la mente humana.

Hay mucho de carnal en esa exposición y su recorrido, pero también hay mucho de inteligencia de un estudioso de la anatomía. Salimos de esa reunión de imágenes con la consciencia de que la falencia de la condición humana está latente, pero que todavía intentamos atribuirle algún sentido. También queda la esperanza de que la obra de Ivens Machado sea cada vez más conocida y estudiada, haciendo posibles futuros cruces con otras anatomías de la historia del arte.

NOTA

1. Marcia Fortes, “Chris Burden e Ivens Machado se fueron en la misma nube”, Folha de São Paulo, 14 de junio de 2015.

RAPHAEL FONSECA

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