Exposición Individualdic 2016 - feb 2017· Por Elvia Rosa Castro

Inti Hernández

Galería La Acacia

Inti Hernández no es Platón ni Kanye West pero la noche en que inauguró su muestra Cotidiana sirvió una cena escandalosamente perfecta, como la de Runaway. Todo el lujo de la mesa se fue desmantelando a medida que el público comía y bebía, reía y se saludaba sin percatarse de que una proyección de video mostraba decenas de personas pasando por la acera sin poder entrar a la comilona “real”. En este nivel de indiferencia y enajenación se cerraba el ciclo de la pieza A la cabeza de la mesa se sienta la gente, el menú principal de esa noche habanera, una propuesta que apuntó al mismísimo corazón del mundo del arte, destapando el cinismo, la irresponsabilidad e hipocresía con que ofician las élites, esos montículos indiferentes que siguen alegres coronados de mirtos, sus caminos1. Para Inti Hernández la fortuna no es reprochable per se, sino su empleo.

Exposición Individual: Inti Hernández — imagen 1
Inti Hernández. Balance Cubano (comunidades de dos, imposible), 2015. Madera, fibra vegetal, tornillos y barniz. 155 x 65 x 118 cm (61 1/32 x 25 19/32 x 46 29/64 pulgadas). Fotografía: Erick Sacramento.

Expuesta bajo un excelente diseño de luces que acentúan cierta opresión o mal vivir y estrujan el alma, Cotidiana posee varios ejes confluyentes: el elitismo y la experiencia de la colectividad; la condición metafísica del tiempo; la relación entre responsabilidad social y libre arbitrio; y por último, la ilusión. Estos ríos conceptuales se deslizan por la muestra en una suerte inventario recreado de un hogar insular en un día cualquiera, y puede ser la escenografía ideal de Aire frío, el clásico de Virgilio Piñera. O un tratado sobre la nueva empresa y el pragmatismo del cubano, descreído de la épica y olvidadizo de la historia, tanto que no duda en ir Tras la pista del dinero, un cerdito-alcancía por cuya ranura pueden contemplarse secuencias cortas de video que exploran la realidad cubana actual.

Cotidiana es una exposición sobre lo cubano como actitud, más allá de una mera colección de Objetos inútiles2 esculpidos en madera. Ellos no serían más que una simple presencia vacía y formalista si no hablaran –desde la pérdida de su valor de uso– de ese pantano con “fondo de indiferencia, de intrascendencia, de nada vital”3 que invade nuestras vidas. El cubano vive el tiempo en una dimensión no medible y sí más cercana a lo absurdo de la inoperancia y la cínica paciencia o, filosóficamente hablando, en el saeculum, “una unidad de tiempo esencialmente imprecisa […], de límite flotante”4. El tiempo del cubano es un tiempo que pertenece, acaso, a la estética, como el de Balance cubano (dos mecedoras unidas que por eso mismo no se balancean), donde el individuo se traspapela en la experiencia colectiva, rígida, estática, pasiva y oxidada y habla de una supervivencia “que no es ya vivida vivencia, sino sólo su despojo, residuo”5.

Tal vez la estancia holandesa de Hernández y su experiencia en DUPP6 (tanto el trabajo performático y grupal como la soltura para intervenir espacios alejados del circuito galerístico) lo predispusieron para que, mucho antes que Chanel, hiciera del Paseo del Prado la escena idónea para “lanzar” su Propia iniciativa, todo un statement sobre la nueva empresa y el papel del sujeto individual en las nuevas corrientes socioculturales. Inti Hernández pasó de artista a nuevo emprendedor, aleccionando sobre la utilidad de la virtud. Hablando de un nuevo liderazgo y las maneras estéticas y económicas de limpiar. Un servidor público, como en la mejor tradición de pensamiento cubano.

En 1968 Borges dictó una conferencia en Austin sobre El Quijote. Entre tantas ideas rotundamente brillantes dijo que “después de todo hay una cosa que no queremos olvidar, una cosa que da vida de tanto en tanto”. Sólo le faltó decir que esa era la cualidad de lo entrañable, muchas veces asociada también con lo íntimo, lo familiar y lo hogareño en un sentido más filial. La obra de Inti Hernández, al menos toda la que conozco desde 1994 hasta hoy, está atravesada por esa condición afectiva que nos deja un sentimiento de terneza. Y tal vez la causa de ello resida en el nuevo humanismo que ha venido fundando, asentado en una relación poética y noble con la cotidianidad.

NOTAS

1. Paráfrasis de Amor de ciudad grande, José Martí.

2. Título de una pieza. En estos y en Balance cubano, Inti Hernández retoma el trabajo con madera, uno de los rasgos distintivos de su obra en los noventa, cuando el trabajo de la marquetería convertía sus pinturas en piezas objetuales y esculturales. La madera le permite trabajar con el diseño desde una condición cálida, ligada a la manufactura y el handmade.

3. Cintio Vitier, Ese sol del mundo moral.

4. José Ortega y Gasset, El hombre y la gente.

5. Ibídem.

6. DUPP: Desde una Pragmática Pedagógica. Con un mirar abstraído puede considerarse el prólogo de Propia iniciativa. Hernández sabe bien cómo la experiencia del ego puede supeditarse a la experiencia del nosotros, y viceversa. En el Prado superpone diseño de losas limpias de las casas republicanas a las losas mugrientas del espacio público.

ELVIA ROSA CASTRO

Inti Hernández, por Elvia Rosa Castro | artnexus