Cuando la galería Durban Segnini fue fundada en Caracas, en 1970, comenzaba en Venezuela, con la primera presidencia de Rafael Caldera (1969-1974), un proceso de consolidación del Estado democrático, de la mano de un acelerado crecimiento económico basado en los altos precios del petróleo. Bajo este primer mandato, Caldera despliega su llamado “nacionalismo democrático”, que configura profundamente el orden económico, cultural y sociopolítico del país. En lo económico se llevan a cabo, entre otros, la estatización del gas, un amplio programa de construcción de vivienda de promoción popular, y comienza la llamada “conquista del sur”, punta de lanza para el desarrollo económico social del interior del país. Igualmente se realizan reformas educativas que fortalecen el crecimiento educacional y cultural. Antes, el gobierno había emprendido una serie de pactos con las fuerzas políticas. Estos pactos, al tiempo que consolidaban el orden democrático, pacificaban al país incorporando a las fuerzas opositoras en los marcos del respeto de las libertades y los derechos constitucionales.
En este contexto comenzaba una expansión del arte y la cultura impulsada por las élites intelectuales que percibían en estas nuevas condiciones el momento de afianzar un proyecto de país cultural. Articular un país cultural aprovechando el boom económico sustentado por inmensas riquezas que estaba generando la industria petrolera. De ahí que la galería Durban Segnini naciera con un perfil, con una vocación amplia de sus funciones, que relacionaban la exhibición de arte con una intensa agenda de actividad sociocultural. Por lo que en sus espacios no solo se inauguraban exposiciones, sino también lecturas de poesía, tertulias literarias, conciertos, presentaciones y ediciones de libros. Y estas actividades sirvieron para crear un programa que la galería Durban Segnini coordinaba y desarrollaba con los Ateneos del interior del país como, por ejemplo, el de Valencia y el de Trujillo. Un programa que posteriormente se articuló también con las sedes de Durban Segnini fundadas en Maracaibo y Barquisimeto, entre 1972 y 1973. Ambas sedes abrieron sus puertas con exposiciones de Julio Le Parc y Hugo Bastista, en un esfuerzo por dar a conocer las tendencias renovadoras del arte latinoamericano fuera del epicentro capitalino.

La galería Durban Segnini, según cuenta César Segnini, fundador y dueño de la galería, “estuvo en sus inicios abierta a todas las tendencias artísticas de su época”. Su especialización en la tradición abstracta del arte latinoamericano, tal y como ahora se conoce, vino después. De hecho, la exposición con la que se inaugura la galería es de Manuel Cabré, autor paradigmático del paisajismo venezolano. Trabajó después con artistas primitivos como Bárbaro Rivas. Su vínculo con la abstracción se gesta en la relación que establece la galería con el Taller Libre de Arte, fundado a finales de los años cuarenta; importante institución que aglutinaba a críticos de arte y artistas de las más diversas tendencias, dentro de las cuales, la abstracción ocupaba ya un lugar muy importante a principio de los años setenta. Entre los artistas abstractos se encontraban, por ejemplo, Omar Carreño, Carlos Cruz-Diez y Oswaldo Vigas. Este grupo de artistas después formó parte de la programación de exposiciones de Durban Segnini. Luego se sumaron a la galería miembros del grupo de Los Disidentes, entre ellos, Jesús Rafael Soto. De esta manera comienza un proceso en el que el proyecto de la galería, aunque mantenía artistas figurativos (aún los tiene), y su perfil se fueron escorando indefectiblemente hacia una especialización sobre las más diversas corrientes de la abstracción.
En 1975, el año en que muere el dictador Francisco Franco, Durban Segnini abrió sus puertas en Madrid con Ángel Rodríguez Valdez, escritor y periodista venezolano al frente de las actividades hasta su clausura, en 1983. Es un período en que está regresando a España el exilio artístico intelectual, y la galería acoge a destacados miembros del arte informalista español como Antoni Tàpies y Modest Cuixart, y también a miembros del grupo El Paso, como Antonio Saura, entre otros. Todos ellos estaban interpretando una auténtica renovación en las artes visuales españolas de posguerra. Y van a encontrar en Durban Segnini de Madrid un espacio donde, además de exhibir sus obras, poder polemizar no solo sobre la actualidad artística cultural, sino también sobre la problemática político-social de una España envuelta en la consolidación de la Transición hacia la democracia.
En 1992, el mismo año que Hugo Chávez protagoniza una intentona de golpe de Estado contra el presidente electo Carlos Andrés Pérez, la galería Durban Segnini se establece en Miami y comienza una nueva etapa en Estados Unidos. Un período donde la galería adopta un marcado perfil sobre la abstracción latinoamericana. A través de grandes exposiciones personales y colectivas, despliega una labor de promoción, conocimiento, visibilidad y comercialización del arte abstracto latinoamericano en sus diversas variantes dentro del vasto y rico escenario artístico norteamericano. La abstracción geométrica, el arte cinético, el arte óptico, la abstracción lírica, el concretismo, comienzan a tener caras y aspectos más reconocibles (y comprensibles) para profesionales y también para el gran público a través de una programación de exposiciones de altísimo nivel. Exposiciones en torno a figuras definitorias de la abstracción latinoamericana como Carmelo Arden Quin, César Paternosto, Fernando de Szyszlo, Gyula Kosice, Julio Le Parc, Mateo Manaure o Juvenal Ravelo, entre otras grandes figuras más, van trasladando a un público amplio la tradición del arte abstracto latinoamericano, discurriendo sobre su especificidad y su importancia para entender el desarrollo del proyecto de modernidad artística cultural en Latinoamérica.
En este interés por divulgar el fenómeno de la abstracción latinoamericana, Durban Segnini comienza a exhibir sistemáticamente en Estados Unidos, zonas menos conocidas de las expresiones de arte abstracto de Latinoamérica. El caso más importante, por su alcance histórico artístico, es el grupo de abstracto geométrico colombiano, compuesto por Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret, Germán Botero, Manuel Hernández, Omar Rayo, Carlos Rojas, Carlos Salas y Manolo Vellojín, de los que realizó exposiciones, primero colectivas y luego individuales de casi todos ellos. En ocasiones, estas muestras representan en el currículum de los artistas, las primeras y mayores exposiciones personales hechas en Estados Unidos. El caso más reciente ha sido la exposición personal de Manolo Vellojín The Spiritual Side of Geometry (2014), artista nunca antes expuesto individualmente en Norteamérica.
En los veinticuatro años de vida en Estados Unidos, Durban Segnini ha realizado más de un centenar de exposiciones de arte latinoamericano, entre colectivas e individuales, todas ellas documentadas por publicaciones bilingües español-inglés, muchas de ellas libros o grandes catálogos con ensayos y estudios escritos por reconocidos críticos y curadores sobre las distintas exposiciones. La historia se repite, y en los últimos años, Durban Segnini, en su vocación primaria de no ser solamente espacio para la exhibición, ha comenzado un programa de charlas, encuentros con artistas, presentaciones de catálogos y libros. En ellos se han dado citas destacados críticos de arte, curadores, pero también reconocidas figuras del mundo académico e instituciones museística latinoamericanas y norteamericanas para aportar nuevas visiones sobre la tradición del arte abstracto latinoamericano, por lo que sus actividades, ya sea en forma de exposiciones, o bien en formato de mesas redonda y presentación, se han convertido en un agente dinamizador del circuito artístico cultural de la ciudad.
* Cortesía: Durban Segnini Gallery
DENNYS MATOS
Crítico de arte y curador independiente.

