Exposición Individualdic 2016 - feb 2017· Por Susana Benko

Costanza De Rogatis

Tres y 3

Puente fue la primera exposición individual de Costanza De Rogatis. Hacerla significó muchas cosas: en primer término, una revisión de imágenes cuya lectura tuviera coherencia con un discurso determinado; en segundo lugar, que este discurso fuera lo más cercano y auténtico posible respecto a las percepciones que esta fotógrafa tiene de la realidad, acordes, a su vez, con determinadas situaciones personales que motivaron la toma fotográfica. De allí que haga un puente entre lo circundante y su percepción íntima y sensible.

Exposición Individual: Costanza De Rogatis  — imagen 1
Costanza De Rogatis. Sin título (Ven), de la serie Puente, 2016. Impresión inkjet sobre papel. 50 x 60 cm (19 11/16 x 23 5/8 pulgadas). Cortesía de la artista.

Erik del Bufalo, autor del texto de presentación, señala que Puente no es “una simple recolección” de imágenes, sino que se “trata, en realidad, de un pasaje, de una travesía, pues los objetos fotografiados están solo de tránsito, haciendo escala hacia otra dimensión. Fotografiar en su trabajo significa cruzar, no capturar”. En efecto, la secuencia de imágenes que Costanza presenta son lecturas visuales sobre determinados “recorridos” introspectivos que ella expresa a través de imágenes. Más que capturar el motivo, lo que hace es establecer –mediante ese motivo– una correspondencia entre este y su forma de exteriorizar visiblemente sus afectos o sensaciones. De allí que la fotografía como técnica o como “medio de comunicación” no sea para ella realmente lo más importante. Lo es, sí, la expresión de contenidos muy personales, la presentación de parajes específicos tomados de la naturaleza, o bien de imágenes corporales que resultan de situaciones afectivas consigo misma o familiares. Todo ello bajo el tamiz de las sensaciones y de su manera particular de relacionarse con el mundo exterior.

De este modo, el término puente, como designación utilizada para esta muestra, da a entender este pase entre lo percibido y lo sentido. Uno y otro se implican directamente. Bajo esta premisa dual, entre el ver (percibir) y sentir, se dan diversas asociaciones conceptuales contenidas tanto en las imágenes como en la manera como estas son relacionadas en el montaje de la exposición. Ciertamente, las imágenes parecen agruparse en “series” o “ejes temáticos”, en un montaje en las que ellas se superponen en formatos variados y a diferentes alturas, conformándose de tal manera que presentimos una sintaxis. Hay en estas secuencias una narrativa visual en la que Costanza De Rogatis logra sublimar aquello que permanece oculto, en su mundo interno, en esa otra orilla, y es a través de la fotografía que logra hacerlo emerger. Y lo que vemos son imágenes sumamente táctiles a la vista, en donde pre-sentimos cómo cada elemento natural u orgánico (agua, vegetación, roca, fuego), por asociación o vista en secuencias, toca la piel (su piel, nuestra piel). Pre-sentimos también el palpitar de un corazón, que no es humano, es animal, que posa voluminoso, grotesco, sobre un plato. Vemos, y sentimos, cómo la piel se lacera, duele, quemada por el sol o por la presión de unas pinzas que la sujetan. Vemos el cuerpo como masa, pero a la vez, este se contornea en su hermosa femineidad. Las imágenes se develan como un habla desde la profundidad del ser, pero del ser en femenino, en la que esta condición se muestra, se vulnera, se expresa en medio de su complejidad emotiva. El cuerpo, aquí, parece ser un contenedor de sensaciones, en el que se incluyen, asimismo, los afectos, como el del toque con el otro, la hermana, su par.

No obstante, los cuerpos no se identifican. Los rostros y las figuras se ocultan o se muestran solo en parte, posiblemente, por decisiones formales de carácter compositivo o por el interés en destacar o acentuar algún aspecto significativo –y personal– de la imagen. La composición es previamente establecida por el ojo fotográfico en cada toma, pero también ella es determinante en cada construcción sintáctica que De Rogatis establece entre imágenes. Esta condición discursiva también establece un puente: asociamos imágenes y sensaciones. La luz, por otra parte, condiciona la temperatura que predomina en todas ellas. Por ella percibimos “episodios templados” como ambientes contrastantes de luz y sombra. Así, la luz enmascara y también devela.

Podría decirse que esta muestra es el resultado de un profundo ejercicio introspectivo a través de la imagen. Da lugar a un conjunto de sensaciones que se interconectan –traspasan el puente–, en el que se involucran diversos sentidos: el sonido del agua, la humedad del bosque, la fricción por la textura de la roca, el ardor del sol o del fuego, la suavidad de la sábana, etcétera. Todo ello expresado por medio de diversas “temperaturas anímicas” que vemos en los contrastes de luz, en la intimidad de lo cotidiano y, por supuesto, en el cuerpo en posicionamiento de diversos lugares y situaciones sensoriales. La fotografía como puente, entonces, es, para Costanza De Rogatis, el medio con el que logra sublimar todos estos contenidos para “dar cuerpo visible a lo imaginado y a lo vivido”.

SUSANA BENKO

Costanza De Rogatis, por Susana Benko | artnexus