Variaciones a partir de una rígida matriz constructivista. Esta es la esencia de la obra del artista plástico paulista Cassio Michalany, como reveló su primera individual en Río de Janeiro, en Mul.ti.plo Espaço Arte. La exposición El lugar del otro reunió pinturas-objeto –como las llamó el artista– que traen dentro de cajas de madera una evolución de sus pinturas, ampliando la percepción de profundidad a partir de la tridimensionalidad.

La muestra reunió nueve pinturas-objetos recientes y algunas inéditas, en las que el artista reorganiza el espacio de la obra, con la distribución interna de finas piezas de madera pintada. En su proceso, Michalany prepara un esquema inicial de estos relieves internos, bastante estudiado y extremadamente constructivo. Hay hasta cuatro posibilidades de visión del interior de una misma caja, que varían de acuerdo con el montaje de la exposición, lo que le permite al observador circular la obra, obteniendo una nueva composición.
Presentó además cuatro pinturas en madera de diversas fases de su carrera, todas sin título, incluso las pinturas-objeto. Las cajas parten de una organización bastante criteriosa y singular: el origen es siempre una pieza alineada en uno de los lados. A partir de allí se desarrolla toda la composición, siguiendo coordenadas imaginarias que se complementan. “La confrontación directa con la materia, madera y pintura, entrega categorías generales y conceptos anteriores que enmarcan el trabajo. El resultado son pinturas tridimensionales que construyen espacios indeterminados, pero que no tienen nada de aleatorio, y que no cesan de moverse y transformarse”, describe el curador de arte Cauê Alves en un texto sobre las pinturas-objeto de Cassio Michalany.
Eximio colorista, Michalany siempre trabajó con tonos más sobrios. Azules, verdes y rojos siempre muy oscuros, colores terrosos, ocres. “Pero jamás es un color simple, fácil. Principalmente porque quiero promover la permutación entre ellos, un color debe interactuar con otro”, dice el artista. En el caso de las pinturas-objeto, los tonos cerrados tienen además otra dinámica. No son colores que salten a los ojos, son más profundos. Esa sistematización revela un trabajo en consonancia con asuntos contemporáneos, especialmente la impersonalidad y serialidad que marcan las relaciones sociales.
ALESSANDRA SIMÕES
